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Una madre de Alejandro Palomas
Empezamos el año en “Café con Libros”, con una de las novela más deliciosas que hemos leído en los clubs de lectura de la Biblioteca Os Rosales .
Una madre, de Alejandro Palomas es una gran novela que derrocha una ternura infinita para describir de manera exquisita los lazos que unen a una familia. Amalia , la madre, es un personaje entrañable, valiente, adorable, fuerte, con un gran sentido del humor, que tiene algo de todas nuestras madres. Es capaz de sorprendernos y desarmarnos con su inocencia, pero sobre todo con el amor que siente por los que la rodean. Nos ha robado a todos el corazón.
La obra
¿Por qué será que en esta familia nunca nos decimos las cosas que realmente importan?
El retrato de una ciudad acogedora y esquiva a partes iguales, de una familia unida por los frágiles lazos de la necesidad y del amor y la mirada única de una mujer maravillosa en un momento extraordinario.
Faltan unas horas para la medianoche. Por fin, después de varias tentativas, Amalia ha logrado a sus 65 años ver cumplido su sueño: reunir a toda la familia para cenar en Nochevieja. Una madre cuenta la historia de cómo Amalia entreteje con su humor y su entrega particular una red de hilos invisibles con la que une y protege a los suyos, zurciendo los silencios de unos y encauzando el futuro de los otros. Sabe que va a ser una noche intensa, llena de secretos y mentiras, de mucha risa y de confesiones largo tiempo contenidas que por fin estallan para descubrir lo que queda por vivir. Sabe que es el momento de actuar y no está dispuesta a que nada la aparte de su cometido.
Un cartel luminoso que emite mensajes desde una azotea junto al puerto, una silla en la que desde hace años jamás se sienta nadie, una Barcelona de cielos añiles que conspira para que vuelva una luz que parecía apagada, unos ojos como bosques alemanes y una libreta que aclara los porqués de una vida entera… Una madre no es solo el retrato de una mujer valiente y entrañable, y de los miembros de su familia que dependen de ella y de su peculiar energía para afrontar sus vidas, sino también un atisbo de lo que la condición humana es capaz de demostrarse y mostrar cuando ahonda en su mejor versión.
Tal vez el secreto de Una madre es que todos los personajes son débiles con “algunas luces y muchas sombras” y poseen como todos nosotros una cara A y una cara B como los antiguos vinilos y es Amalia la que entreteje con los hilos invisible de su amor, lo mejor de cada uno de sus hijos.
“Creíamos cosas que se creen porque alguien, en un rincón de nuestras historias, nos dibuja mapas del tesoro con pistas falsas. Luego, cuando esos mapas nos llevan al cofre prometido, saltan los candados y con ellos la sorpresa. Con el tiempo aprendemos que los mapas son de quien los dibuja, no de quien los persigue, y que en la vida sonríe más quien mejor dibuja, no quien más empeño pone en la búsqueda.”
El autor
Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y Master in Poetics por el New College de San Francisco. Ha compaginado sus incursiones en el mundo del periodismo con la traducción de importantes autores, como Willa Cather, Oscar Wilde o Gertrude Stein.
Entre otras, ha publicado las novelas El tiempo del corazón (publicada en Siruela y por la que fue nombrado Nuevo Talento Fnac), Tanta vida, El secreto de los Hoffman (finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja 2008 y adaptada al teatro en 2009), El alma del mundo (finalista del Premio Primavera 2011) , El tiempo que nos une y Agua cerrada, además de los poemarios Tanto tiempo, Entre el ruido y la vida y Aunque no haya nadie . Su obra ha sido traducida a ocho lenguas.
En marzo aparecerá su última novela “Un hijo” con el que Alejandro Palomas ha obtenido el 41 Premio Joaquim Ruyra.
Otros libros del autor en las Bibliotecas Municipales:
Rosa candida
” He aquí que os he dado toda la hierba que da simiente, que está sobre la haz de toda la tierra; y todo árbol en que hay fruto de árbol que da simiente” (Génesis 1, 2)
Toda planta necesita para desarrollarse, nacer y crecer. La novela de Audur Ava Ólafsdóttir relata como los humanos, la mejor semilla sobre este mundo nuestro, necesitamos también esos simbólicos tres momentos, nacer, crecer y desarrollarse como personas. Y no siempre es fácil. En ocasiones, como es el caso, es necesario antes que otra cosa saber a donde se quiere llegar, como y que se quiere ser, dejando de lado consejos bien intencionados, tradiciones seculares e incluso opiniones ajenas que, con la mejor voluntad, pueden no ver bien ese objetivo final que nos proponemos.
El libro narra el viaje que va a realizar el protagonista principal Arnljótur, un joven de 22 años, miembro de una familia que ha vivido una reciente tragedia, la muerte de la madre. Ahora son tres personas las que componen el núcleo familiar, el citado Arnljótur, su hermano gemelo Jósef, algo retrasado mental, y su padre, electricista de profesión, de avanzada edad, preocupado por el porvenir de su hijo con el que mantiene al respecto diferencias notables, pero que aun así no se opone a que este decida hacer lo que más le gusta, cultivar plantas y flores y de manera especial rosas.
Nos va contando como esa afición la adquirió al ayudar a su madre en el invernadero que existe en la casa. Dada las extremas condiciones climatológicas del malpaís donde viven (Islandia) así como la escasez de tierra fértil, parece ser el citado invernadero el lugar apropiado para cultivar todo tipo de flores, verduras y hortalizas diversas. Es lo que hacía su madre, 16 años más joven que su marido, muerta en un accidente de tráfico. El relato de este fallecimiento es uno de los pasajes más emotivos de la narración y nos vienen a decir como era el carácter de esa persona.
Después de varios intentos por ejercer alguna de las profesiones normales del país, como la de tripulante de barcos de pesca y oficios que requieren habilidades manuales, entre ellos el de su padre y pensar en otras que pasan por ir a la universidad, Arnljótur se reafirma en la voluntad de ser jardinero. Plantar y cuidar rosales, en especial un tipo de rosa, la Rosa candida, que su madre cultivaba y cuya principal característica es tener ocho pétalos, que envuelven otros ocho y no tiene espinas. Llevando consigo unos esquejes de dicha planta parte hacía un lugar que no se especifica, en el que existe un monasterio que tiene en su interior un jardín del que cuentan fue antaño memorable por albergar una grande y magnífica colección de rosales. Hoy está prácticamente abandonado y los monjes de dicho cenobio han aceptado su oferta de trabajo. Tal como describe el entorno de este lugar, tipos humanos y ambiente, todo hace pensar que el monasterio está ubicado en un país de clima más benigno que el que deja atrás.
Imagen del malpaís como una y otra vez es llamada Islandia en el texto
Un dato trascendente en el devenir del relato es que en el citado invernadero, – que dada su importancia en la vida del protagonista podemos considerarlo como un personaje más de la novela-; en él, repito, el joven Arnljótur ha tenido relaciones sexuales una sola vez con Anna, una amiga de un amigo, dejándola embarazada. Tienen una hija, Flora Sol, de pocos meses de edad en el momento de partir. Aunque no está enamorado de su madre sí se siente padre de su hija y asume esa responsabilidad desde el primer día.
El narrador de la odisea es el propio protagonista. Toda la narración tiene un aire intimista. No solo cuenta hechos, también emociones y pensamientos. Sus inquietudes, miedos, dudas sobre su personalidad, etc. , todo lo va desgranando en cortos capítulos. Su llegada a ese mítico destino que está representado por el monasterio y el misterioso jardín. El encuentro con el prior del centro, el Padre Thómas, un monje aficionado a las películas de las que saca las conclusiones que le hacen entender la vida tal como es. El pueblo donde se ubica el convento, sus gentes, tan diferentes a él.
Una muestra de como tiene asumido su papel de padre, su responsabilidad, se pone de manifiesto cuando Anna le pide que se haga cargo de su hija mientras ella escribe su tesis doctoral. Arnljótur no lo duda, ni dudará tampoco cuando también le pide quedarse con él durante unos meses mientras hace el trabajo comentado. Toda la vida que hasta entonces ha llevado allí se ve alterada, pero él aceptará, verá desarrollarse el amor por su hija y en ese tiempo encontrará el verdadero sentido de su vida . Verá florecer su Rosa candida.
Tanto el Anna como el personaje del padre de Arnljótar están muy bien descritos y encajados en la narración. Igual que la forma de ser del bebe que está detallado con toda dulzura. Son personajes muy creíbles, lo que enriquece la historia.
El final es abierto y no quiero extenderme más en contar el desarrollo de la trama, ya que perjudicaría la lectura. La novela me parece interesante aunque no es sencillo entrar en ella. Algunos capítulos parecen superfluos, no lo son; nos sirven para comprender la evolución personal del protagonista, su adaptación a una nueva forma de vida y a un trato con gentes diferentes. En conjunto es un libro que engancha, escrito de forma concisa, y que da para pensar. Arnljótur lo hace y mucho. Piensa en la jardinería, pero también en la muerte y el cuerpo. Y en ocasiones se agobia. No comprende como aquellos monjes con los que de alguna manera convive, están alegres y ríen por cualquier motivo pese a encontrarse tan alejados de las pasiones corporales. Al final lo entenderá.
Audur Ava Ólafsdottir es una escritora islandesa, nacida en Reikiavik en 1958. No
cabe duda que es una escritora de éxito, a juzgar por los premios que le han concedido desde la primera novela que editó, Tierra levantada en 1998. En 2004 con Lluvia de noviembre obtuvo el Premio de Literatura de la ciudad de Reikiavik, entre otros.
Rosa candida su tercera novela recibió en 2008 el Premio Menningarverdlaun DV de literatura; el Premio Fjöruverdlaun especializado en literatura femenina, por “el atractivo de sus múltiples capas de significado y su creación de un nuevo paradigma masculino“, el Prix des Amis du Scribe 2011, el Premio Page des Libraires 2010 y el Premio de los Libreros de Quebec 2011 a la mejor novela extranjera. También fue finalista del Premio Fémina Étranger, del Premio de Literatura del Consejo Nórdico, del Gran Premio de las Lectoras de Elle, del Premio de la revista Lire y del Premio FNAC de Francia. Ocupó los primeros puestos en las listas de más vendidos en su país, en Francia y en Canadá, y está siendo traducida a varios idiomas.
Nada se opone a la noche
Mi madre llevaba varios días muerta.
Ese hecho, el encuentro de su madre, Lucile, muerta, es el motivo que lleva a la autora Delphine de Vigan a indagar en su pasado y por extensión en el pasado de la familia Poirier. Es el deseo de conocer como fue la vida de sus abuelos, George y Liane y la de sus numerosos hijos Lisbeth, Barthélémy, Lucile, Antonin, Jean-Marc, Milo, Justine, Violette y Tom. Narrada en primera persona, es una novela intimista y dura, que fácilmente llega al corazón. Y es que los sentimientos están ahí y aunque contenidos, no dejan de impresionar y emocionar; tanto por su crudeza como por el amor filial que destilan por encima de cualquier otra consideración.
A lo largo de la narración nos va también hablando de su propia niñez y de la de su hermana Manon. Nos esboza como fue la infancia y pubertad de ambas, sus miedos, alegrías, indecisiones y extrañezas sobre los sucesos que a su alrededor se producían, el divorcio de sus padres, Lucile y Gabriel y la relación que ellas tuvieron con él después de aquel hecho.
Divide la historia en tres partes. En la primera nos narra la infancia y juventud de Lucile y sus hermanos, los sucesos que alegraron aquellos momentos y los que los entristecieron, en especial la muerte de Antonin. Como eran sus padres, aparentemente una pareja feliz y emprendedora, acogedora y entregada a sus hijos. Por destacar algo diremos que Lucile era una exitosa modelo de ropa infantil. De la lectura de esta parte podemos sacar las primeras impresiones de como será su futuro.
En la segunda parte nos detalla su vida juvenil, un tanto bohemia. También como fue la infancia de Delphine, sus recuerdos, la relación con su hermana Manon y sobre todo la sensación que la autora tiene de que su madre se ha apartado de ella al cumplir más o menos diez años. Relata también los primeros síntomas de la enfermedad de su madre, Lucile.
La tercera nos describe la madurez de Delphine, el nacimiento de sus hijos y la lucha de su madre contra la enfermedad que la consume.
A lo largo de toda la narración nos va detallando las dificultades que encuentra para desarrollar la historia. Los esfuerzos para que las personas que conocieron y vivieron los hechos relaten los mismos y le entreguen aquello que pueda servir para evocarlos, fotos, diarios, grabaciones. La lucha contra sus miedos a rememorar lo pasado, a enfrentarse con sus actitudes de entonces, a preguntarse el grado de responsabilidad que tuvieron en dichos sucesos. Es una terapia de todos, de la familia entera. Es el sillón del psicoanálisis al que les convoca la llamada de Delphine y al que acuden, pese a saber que volver sobre aquellos días no va a ser siempre agradable y puede abrir heridas que se creían muy cicatrizadas.
En la descripción la autora pone distancia entre ella y los diferentes personajes que aparecen. Son familia, pero al describirlos evita todo juicio de valor que sobre ellos pueda tener. Los detalla por lo que cuentan, por las aportaciones que hacen al común. Y sinceramente creo que acierta. Esa postura hace más creíble el relato que nos brinda.
Este esfuerzo colectivo de evocación tiene un efecto colateral que la autora comenta. Nos dice que alguno de sus familiares le confesó que el ejercicio de memoria llevado a cabo ha tenido el sorprendente efecto de conseguir que volvieran a hablar. La vida los había distanciado, emocional y físicamente. Lo hecho ha logrado que vuelvan a comunicarse y estar más unidos. Se han reencontrado
Animo a leer el libro con calma y con la mente muy abierta. Sin juicios de valor. El lector puede implicarse en lo que sucedió y juzgar, pero siempre le faltará conocer todos los matices. Lo que se narra de memoria por muchas pruebas físicas en que se base viene filtrado por el paso del tiempo y las distintas maneras de entender un mismo hecho influenciado por el paso del tiempo.
Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) . Novelista francesa. Actualmente vive en París.
Creció en una familia “difícil” lo que hizo que se refugiara en la lectura. Tras varios pequeños empleos, ocupó en Alfortville un puesto de ejecutivo en un instituto de encuestas. Más tarde retomó sus estudios; una licenciatura y un máster en recursos humanos y comunicación interna. En la actualidad, madre de dos hijos, vive de su pluma desde 2007.
Su primera novela, Jours sans faim, en la que contaba su lucha contra la anorexia, apareció en 2001 bajo el seudónimo de Lou Delvig. Siguió escribiendo bajo su verdadero nombre y su novela No y yo (2007), se convirtió en un best seller que recibió el Premio de los libreros y fue llevado a la pantalla por Zabou Breitman en 2010.
Las horas subterráneas (2009), con un gran éxito de crítica y muchos lectores figuró en la lista de obras seleccionadas para el Premio Goncourt y obtuvo el Premio de los lectores de Córcega. Nada se opone a la noche (2011) ha obtenido el Premio de novela FNAC, el Premio de novela de las Televisiones Francesas, el Premio Renaudot de los Institutos de Francia, el Gran Premio de la heroína Madame Figaro y el Gran Premio de los lectores de Elle. Ha tenido un éxito arrollador en Francia donde ha superado el medio millón de ejemplares y ha estado durante muchos meses en el raaking de las novelas más vendidas. Además ha sido o está siendo publicada por varías editoriales extranjeras.
“Al mal tiempo, mejor cara” de Barbara Constantine
El próximo lunes 12 de enero, tras el paréntesis de la Navidad, comenzaremos en el Club de la Biblioteca Sagrada Familia, la lectura de la novela de Barbara Constantine “Al mal tiempo, mejor cara” publicado por Seix Barral en el año 2013, en Francia fue novela revelación 2012, con el título original “Et puis, Paulette“
Tengo que reconocer que hay algo en lo que son especialistas los franceses: crear historias inolvidables. Ya sea en el cine o en la literatura, cuentan las historias con una sensibilidad especial y con un sentido del humor muy sutil (una mezcla con el humor negro inglés), que llegan al espectador/lector dejando una huella duradera. Ejemplos de ello: películas como Intocable; Tres solteros y un biberón; Adiós, muchachos; De óxido y hueso; Los cuatrocientos golpes; Tres colores: Azul, Rojo, Blanco; Amelie….
Novelas como: El principito; El amante; Las flores del mal; La filosofía en el tocador; Buenos días, tristeza; Rojo y negro; El extanjero…
En esta ocasión se trata de una novela sencilla, ambientada en la campiña francesa, pero con un abanico de personajes muy bien dibujados. Personajes todos ellos que arrastran un pequeño drama en su vida particular, pero que a diferencia de otros libros de profundidad más dramática, Barbara Constantine apuesta por transformar sus bagajes emocionales con ternura y sentido del humor.
Es una historia sin grandes dotes literarias pero cargada de la simplicidad de las historias cotidianas que, sin misterios por resolver ni intrigas que desentrañar, se adentra en el complejo mundo de las relaciones humanas entre diferentes generaciones.
Acostumbrados como estamos a estar rodeados de noticias inquietantes y desalentadoras es un soplo de aire fresco encontrarse con una lectura esperanzadora que retoma los valores esenciales de la familia, la amistad, la solidaridad y la ayuda mutua.
La soledad es un sentimiento existencial que nos acompaña a lo largo de la vida y que todos hemos experimentado en algun momento. A veces se manifiesta como un estado indeseable, pero también puede ser un experiencia vivida como elección, con plenitud y complaciencia.
Ferdinand y Marceline son vecinos, viven solos y muchas veces se sienten solos (experimentando una soledad impuesta y no elegida) porque apenas reciben visitas. Ferdinand las pocas veces que se acercan sus nietos y Marceline… prefiero no adelantar acontecimientos.
Ferdinand, que se había encerrado en su mundo y no quería tener relación alguna para evitar sufrimientos, de pronto siente punzadas de remordimiento al ver que su vecina está sola y necesita ayuda: un día el techo de la casa de Marceline se viene abajo y él la acoge en su granja. Una vez ha dado el primer paso ya no puede parar, va ofreciendo su hogar y su amistad a todas aquellas personas que están en situaciones de soledad y desamparo, y así la granja se va transformando en una gran casa llena de ternura y jovialidad.
Poco a poco la casa se va llenando de gente: un amigo que ha quedado viudo, dos hermanas a quien su sobrino ha echado de casa y una joven estudiante de enfermería, Muriel, que con su frescura, vitalidad y juventud dará un nuevo soplo de vida a este grupo de ancianos que vuelven a sentirse más necesarios, más alegres y vitales, en definitiva, más felices.
Novela revelación de 2012 en Francia, Al mal tiempo, mejor cara nos hace ver cómo nos necesitamos mutuamente y más con la edad. Es un canto a la solidaridad y a la filosofía del compartir, a lo gratificantes y ricas que son las relaciones intergeneracionales en cualquier etapa de nuestras vidas por su importancia en el desarrollo personal, social y afectivo no sólo de los ancianos sino de los jóvenes, adolescentes y niños que participan en ellas.
Niños, jóvenes, ancianos, relaciones intergeneracionales y vida en el campo son los ingredientes que Constantine mezcla en sus novelas para elaborar historias que hablan de problemas graves, pero siempre con una buena dosis de humor.
Las relaciones entre generaciones son solidarias, proporcionan ayuda en ciertos momentos vitales. Si se reconoce la necesidad de compensación entre generaciones y se educa a los jóvenes para practicarlas se fomenta la integración entre las diferentes edades y la reducción del conflicto social. La solidaridad, el optimismo, la necesidad de compañía, etc. Estos son los verdaderos protagonistas de este precioso libro.
La autora
Barbara Constantine (Niza, 1955) es hija del mítico cantante y actor estadounidense, pero que desarrolló su carrera en Francia, Eddy Constantine . Hija también de Helene Mussel, bailarina estrella del Ballet de Montecarlo. Con raíces familiares en Biarritz, donde pasa largas temporadas, ha trabajado en el mundo del cine como script en diversos rodajes y ha publicado cuatro novelas. Vive entre Le Berry, por amor al campo; Biarritz, por motivos familiares, y París.
Escritora tardía debuta en la literatura en 2007, siendo ya abuela, con Allumer le chat (2007) después de haber construido su carrera profesional en la danza, primero, y luego en el cine, donde ejerció durante “casi cuarenta años” como ayudante de dirección de realizadores tan conocidos como Robert Altman, Cédric Klapish, Olivier Assayas, Raúl Ruiz o Michel Piccoli, entre otros.
Otro libro que me gustaría destacar de esta escritora es “Tom, pequeño Tom, hombrecito Tom” (2009; Seix Barral, 2011), libro catalogado para un público juvenil pero no por ello carente de interés para el adulto: narra la historia de un niño que parece un adulto y una madre que parece una adolescente.
Con este libro ganó el Premio Charles Exbrayat en 2010.
Comprende y le interesa el movimiento ya global de ‘Los indignados‘ “horrorizada” se dice Constantine por el maltrato de la sociedad actual hacia las personas mayores, los niños y los jóvenes, por eso comprende y le interesa el movimiento de los indignados.
Recordad que en las Bibliotecas Municipales de A Coruña podéis encontrar estas dos obras de Barbara Constantine hasta ahora traducidas al castellano.
Consulta su disponibilidad en nuestro catálogo y feliz lectura!!!
Si os apetece podéis dejar algun comentario sobre lo que vamos leyendo!!!
Corazon tan blanco
“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, ……”
Así comienza la novela que sin duda es una de las más leídas de su autor, Javier Marías. Y en esa frase va incluida una que es fundamental para comprender lo que nos cuenta “No he querido saber, pero he sabido”. Y aún no queriendo saber, el protagonista Juan Ranz, irá conociendo todas las circunstancias que le precedieron, que de alguna manera fueron necesarias para que él esté en este momento en un hotel de La Habana, en compañía de Luisa, su mujer; en su viaje de novios y viviendo una extraña circunstancia, el que una mulata lo confunda con quien está citada y le recrimine por haberla hecho esperar. Cuando las cosas se aclaran, Juan, aún sin querer, tendrá y querrá saber que ocurre en la habitación contigua donde la mulata en cuestión se encuentra al fin con la persona con la que había quedado.
Y lo que sabrá hará que la sensación de fatalidad sobre la que cavilaba cuando se dio la confusión contada se verá reforzada. Esa fatalidad está orientada hacia el porvenir de su matrimonio. Lo escuchado en la habitación contigua parece definitivo y con esa sensación se quedará.
Juan Ranz es traductor e intérprete. Es él quien nos narra su propia vida, una vida vinculada a la muerte narrada, ya que su padre, esposo de Teresa, la suicida, se casó con la hermana de esta y de esa unión nació él.
Es una personas inteligente. Por su profesión vive en un continúo viaje, Bruselas, Ginebra, New York. En esta ciudad se hospeda en casa de una amiga, Berta, a quien le gusta concertar citas con extraños de la sección de contactos del periódico, con el objeto de encontrar así al hombre de su vida.
Lo sucedido en Cuba va a ser el eje sobre el que gire todo el contenido de la obra. Existe un pasado por desvelar, algo sucedido cuando Juan aún no existía. Existen unos hechos que llevaron al suicidio a Teresa, existe todo un mundo por descubrir y solo contando los detalles será posible conocerlo. Y sucede; sucede que Juan se enterará de todo lo acaecido, del por que de la trágica decisión de Teresa, de como se fraguo la fortuna de su progenitor, todo será desvelado y conocido por nuestro protagonista de forma análoga a como conoce lo que unos y otros se dicen durante sus sesiones de intérprete, sin ser el receptor de la confidencia, es más, sin estar siquiera presente, ya que lo escucha oculto. Escucha como su padre confiesa a su esposa Luisa todo lo referido a aquel hecho. Sabrá igualmente de que se valió su padre para amasar la fortuna que ahora tiene y que él espera heredar algún día. Y todo eso no le supondrá problema alguno. Razones hubo para actuar de la manera que se actuó y en consecuencia los resultados están justificados.
Saber significa de alguna manera involucrarse en lo que se conoce y en consecuencia adquirir alguna responsabilidad sobre ello. Todo lo por él conocido tiene esa particularidad, la de que debe tomar una decisión, aceptar las cosas como han sucedido y beneficiarse de sus consecuencia o renunciar a dichos beneficios en virtud de principios morales. Juan no duda en tomar el primero de los caminos expuestos y de ahí la frase que prologa el libro, frase de Shakaspeare:
“Mis manos son de tu color; pero me avergüenzo de llevar un Corazón tan blanco”
Que no es más que un fingimiento. Se lo que ha sucedido y de alguna forma lo siento pero no puedo hacer nada, ya está hecho y es inamovible.
Solo en el pecho de un niño es albino el Corazón. Conforme la vida va avanzando el color se va diluyendo y transformándose en toda una tonalidad de grises, cuando no en negrura cerrada.
La buena prosa del autor hace que las situaciones nos parezcan pausibles, al igual que los personajes, cuya descripción y forma de actuar nos resultan creíbles.
Javier Marías es el cuarto de los cinco hijos del filósofo Julián Marías y la escritora Dolores Franco Manera, y hermano
del historiador del arte Fernando Marías Franco y del economista y crítico de cine Miguel Marías. Además es sobrino del cineasta Jesús Franco.
Pasó parte de su infancia junto con su familia en Estados Unidos, ya que a su padre, encarcelado y represaliado por ser republicano, se le prohibió, tras quedar en libertad, impartir clases en la universidad española, por lo que entre 1948 y 1950 colaboró con José Ortega y Gasset en la creación del Instituto de Humanidades. Desde 1951 Julián Marías dio clases en universidades norteamericanas y en 1964, una vez rehabilitado su prestigio público, ingresó en la Real Academia Española.
Javier Marías recibió una sólida educación liberal en el Colegio Estudio, heredero de la Institución Libre de Enseñanza. Se licenció en Filosofía y Letras (rama de Filología inglesa) por la Universidad Complutense de Madrid.
Su parentesco con los cineastas Jesús Franco y Ricardo Franco, le valió para colaborar con ellos en su juventud, traduciendo o escribiendo guiones, e incluso apareciendo como extra en algún largometraje.
En 1970 escribió su primera novela, Los dominios del lobo, que saldría al año siguiente. En ese tiempo conoció a Juan Benet, al que le uniría a partir de entonces una gran amistad y que fue una figura clave en su vida personal y literaria.
En 1978 apareció su traducción de la novela de Laurence Sterne La vida y opiniones del caballero Tristam Shandy, por la que le fue concedido al año siguiente el Premio de traducción Fray Luis de León.
Entre 1983 y 1985 impartió clases de Literatura Española y Teoría de la Traducción en la Universidad de Oxford. En 1984 lo haría en el Wellesley College y entre 1987 y 1992 en la Complutense de Madrid.
En 1988 publica Todas las almas, obra que narra la historia de un profesor español que imparte clases en Oxford, lo que dio lugar a que el narrador fuera identificado como Marías. Los protagonistas de sus novelas escritas desde 1986 son intérpretes o traductores, “personas que han renunciado a sus propias voces”, en palabras de Marías.
Corazón tan blanco sale en 1992, en la que se mezclan novela y ensayo. Tuvo un gran éxito tanto de público como de crítica convirtiéndose en uno de los puntos de referencia del denominado Hibridismo Genérico, y supuso su consagración como escritor. Fue traducida a decenas de lenguas, y el crítico alemán Marcel Reich-Ranicki mencionó a Marías como uno de los más importantes autores vivos de todo el mundo.
Su siguiente novela, publicada en 1994, Mañana en la batalla piensa en mí, recibió importantes premios en Europa y América, como el Rómulo Gallegos ( fue la primera vez que este galardón fue otorgado a un español) o el Fastenrath de la Real Academia de la Lengua, y otros.
Creo el “legendario, real y ficticio” Reino de Redonda, que que Marías se acababa de convertir en soberano, con el nombre de Xavier I, tras la abdicación de Jon Winne-Tyson. Pese a su republicanismo confeso aceptó el título. Nombró una corte formada por personajes de la cultura nacional e internacional y convocó un premio anual. En 2000 creo la editorial Reino de Redonda.
Los enamoramientos. Esta novela está relatada en primera persona por María, la protagonista que trabaja en una editorial. Es la primera vez en que Marías utiliza una narradora. Salida en abril de 2011, a octubre la novela había sido traducida ya a 18 idiomas y la edición de Alfaguara había vendido mas de 100.000 ejemplares. La novela no solo tuvo un gran éxito de público, también de crítica: fue elegida libro del año 2011 por el suplemento cultural Babelia de El País.
En 2012 fue galardonado con el Premio Nacional de Narrativa. Este galardón lo concede el Ministerio de Cultura de este país. Marías rechazo el premio y aseguró que agradecía “la gentileza del jurado” y que esperaba que no se tomara su postura “como un feo”. Baso su renuncia en lo que siempre ha dicho, “que nunca recibiría un premio institucional. Que en no pocas ocasiones había expresado que en el caso de que se le concediera alguno de estos premios no podría aceptarlo”.
Su obra es muy extensa y ha sido traducida a 40 idiomas y publicada en 50 países. El prestigioso sello inglés Penguin ha decidido incorporar siete libros de Marías -cinco novelas, un libro de relatos y otro de ensayos- a su colección de Modern Classics, con lo que este novelista pasa a ser el sexto escritor en lengua española incluido en ese selecto club, después de Jorge Luis Borges, Federico García Lorca, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda y Octavio Paz.
El 29 de junio de 2006 fue elegido miembro de la Real Academia Española -tomó posesión el 27 de abril de 2008-, en la que ocupa el sillón R, que quedó vacante tras la muerte de Fernando Lázaro Carreter. Anteriormente, en 1994, había declinado pertenecer a la institución porque su padre ya ocupaba una plaza.
Es relevante su labor de articulista y como rey ficticio del ya citado Reino de Redonda ha otorgado títulos nobiliarios (ficticios) a una gran cantidad de personajes de las artes y de las letras.
Su vida no está exenta de polémicas. Las ha tenido con diversas personas. Desde editores a productores cinematográficos. También con asociaciones civiles.
Tiene una extensa obra publicada, que abarca novelas, ensayos, relatos, traducciones, etc.. También está en posesión de numerosos premios literarios, tanto nacionales como internacionales.
El Castillo de Cristal
La oscuridad es un camino y la luz es un lugar; el Cielo que nunca existió ni existirá jamás, es siempre el verdadero (Dylan Thomas, poema en su cumpleaños).
Esta frase está en el libro antes de dar comienzo a la historia que relata, y es cierto que de eso va esta, de un Cielo que nunca existió pero que era verdadero. El cielo que la protagonista y sus hermanos vivieron y de la que salió la biografía que la autora, Jaenette Walls, nos relata de una manera admirable, minuciosa y con gran cariño y sensibilidad.
“Estaba sentada en un taxi, preguntándome si no me habría emperifollado en exceso para la velada, cuando miré por la ventanilla y vi a mamá hurgando en un contenedor de basura”. Así comienza ese Cielo que antes se describe y que no es más que la historia de “cuatro hermanos que han conseguido sobrevivir a pesar de sus padres”.
Janenette, Lori, Brian y Maureen son hermanos. Viven con unos padres excéntricos y rebeldes. Están en su infancia y por eso encuentran divertida el tipo de vida que llevan, huyendo continuamente de un lugar a otro acuciados por sus progenitores debido a múltiples causas, pero fundamentalmente a los acreedores y al alcoholismo del pater familias, así como a su complicado carácter. Rex Wallis, así se llama el pater, no por lo dicho es una persona ignorante, al contrario, es un brillante matemático, cosmólogo, ingeniero y manitas, pero todo esto no quita que su mayor logro sea el perder cuanto trabajo inicia. La madre no le va a la zaga. Es profesora pero prefiere no ejercer porque desea dedicarse a ser una artista de la pintura y a la escritura, además le horroriza madrugar y poner reglas a los niños. Esto hace que la familia se dedique al nomadismo, con la consiguiente alegría de los niños que con sus pocos años encuentran la situación divertida; la aventura diaria, el dormir al raso en el desierto abrigados por las mantas que consiguen de los deshechos de las fuerzas armadas, el constante viajar y ver nuevos horizontes. No hay reglas, solo la imaginación, como cuando en una Navidad, en la que por cierto el padre no cree, sin poder recibir regalo alguno por falta de dinero, hace a sus hijos el mejor regalo posible, el planeta Venus.
Poco están en cada lugar, casi no van a la escuela. Aún así sus padres se las arreglan para que sepan leer, conozcan las matemáticas, geografía e historia. Cuando por un tiempo van a una verdadera clase, lo que les enseñan es corregido por sus progenitores según sus propias teorías. En definitiva, parece que sus vidas están condenadas al fracaso y a un negro futuro. Pero no será así.
Y no lo será porque ellos, los cuatro hermanos, según van creciendo van comprendiendo que esa manera de vivir no es la normal. Se fijan que los demás niños con los que tienen esporádicas relaciones tienen padres que cuidan de su bienestar, que les dan un techo estable, unas comidas diarias y constantes. Que les visten y calzan, en definitiva, que los protegen contra toda inclemencia. Además están viviendo en el país de las oportunidades, en unos años, los 60, en los no debería haber dificultades para que dos personas con los conocimientos de sus padres pudiesen tener trabajo digno y bien pagado. Eso sin contar con la increíble herencia de su abuela materna. La quimera en que viven se rompe y apoyándose entre ellos se plantean salir de la espiral en la que se encuentran y realizarse en aquello que sueñan y para lo que se consideran capaces.
La novela no es más que la historia de ese desarrollo. Jeanette nos va contando con un impecable estilo sus recuerdos de niñez. Y lo hace al tiempo que evoluciona; desde su primera infancia, -es emotiva la manera de narrar su accidente al cocinar unas salchichas-, hasta el cenit de su adolescencia. Va entendiendo que no es verdad que la bohemia de sus progenitores sea la forma de vida ideal que ellos preconizan y como sus valores no son los que hacen que las personas puedan alcanzar sus ambiciones. Que el no trabajar o hacerlo para sobrevivir no es suficiente para integrarse en la verdadera sociedad. Si sus padres no quieren trabajar ellos no tienen por que seguir esa senda, al contrario, ellos son inteligentes, voluntariosos y consecuentes. Esto les ayuda a romper el vínculo con sus padres y comenzar una vida de esfuerzo y compromiso en un New York que nada regala pero en el que con esfuerzo y dedicación pueden conseguirse metas que aparten a las personas de la pobreza y aporten beneficios al colectivo social.
Todo esto narra la novela. Pero hay que destacar algo que la hace más valiosa. Lo que cuenta de su vida lo hace con gran honradez y realismo y con gran cariño a sus progenitores. No les juzga ni les condena nunca. Ellos supieron despertar en la voluntad de sus hijos algo impagable, el espíritu de superación. El saber defenderse por si mismos, el buscar siempre la mejor salida a los problemas que diariamente se les presentaban. No podemos aconsejar un escuela juvenil como la que aquí se describe pero también debemos respetar la manera de comportarse y pensar del matrimonio Walls, que pese al bienestar que sus hijos consiguen, no buscan en su vejez el que sean su refugio y siguen prefiriendo su nómada manera de vivir a las comodidades burguesas que siguen considerando decadentes y nefastas.
De verdad que la lectura del libro nos hace repensar muchas cosas. Sobre todo nos hace ver que en ocasiones somos nosotros individualmente los que nos ponemos muros en nuestro desarrollo humano, culpando de ello a una educación mal encaminada, sin pensar que los ejemplos del camino a seguir están a nuestro alrededor y podemos cogerlos, nos cueste mucho o poco esfuerzo. Quizás en esto, el esfuerzo necesario, está la explicación a tantos fracasos.
Jeanette Walls nació el 1 de Enero de 1960. Es una periodista y escritora
estadounidense. Es agregada el Barnard College. Está casada con el escritor John Taylor, con quien vive en Virginia. Ha trabajado como periodista para el New York Magazine y para el USA Today. Ha sido colaboradora de The Today Show y de PrimeTime live. Tras el éxito de su novela El Castillo de Cristal, no solo en Estados Unidos sino en más de veinte países donde se publicó, ha decidido dedicarse a tiempo completo a su trabajo como escritora. Recibió el Premio de los lectores de la revista Elle en 2005 y el American Library Association en 2006.
Tiene publicado además de esta novela, otra titulada Caballos salvajes, en la que cuenta la historia de su abuela Smith, la madre de su mamá.
Los platos más picantes de la cocina tártara
“Yo solo quiero lo mejor para todo el mundo”
Lo primero que de valor tiene el libro es su título. No es un libro de cocina y lo que para mi encierra es el deseo de la autora, Alina Bronsky, de reafirmar sus raíces tártaras. A través de la protagonista principal, Rosalinda, nos recordará sus orígenes y los hará valer en todo aquello que le de motivo. Se vale de su heroína para contarnos la historia, en primera persona y con gran maestría y acierto. Son las vivencias de tres mujeres con un fuerte nexo de unión, madre, hija y nieta. Rosalinda es una persona de fuerte carácter, dominadora, manipuladora y decidida al máximo. Se retrata como una mujer con cierto atractivo, capaz de interesar a los hombres, inteligente y sabedora de como hacer frente a cualquier situación. Está casada, pero su matrimonio no parece ser el mundo idílico que ella desearía. A Sulfia, su hija, la describe todo lo contrario a ella. No agraciada, apocada, temerosa, poco eficiente y menos decidida. Según su madre, sin su protección la chica no llegaría a ninguna parte. La verdad es que Sulfia nos parece tal como ella dice, toda vez que la influencia que sobre ella ejerce, anula por completo su voluntad y esto condiciona su modo de vida. Aún así concibe una hija, Aminat, que nace por encima de todo lo que Rosalinda intenta para impedirlo. Una vez nacida será el ojo derecho de su tozuda abuela y el principal motivo de su desvelos. Entre las tres condimentan el perfecto aliño agridulce del plato que la autora nos ofrece. Todo transcurre en los últimos años de la Unión Soviética. Nos describe los esfuerzos, triquiñuelas, sobornos, etc., que tienen que imaginar y hacer, para sobrevivir a la escasez imperante. Es en esos pasajes donde la autora nos deleita con su prosa y su humor. Pese al dramatismo que las situaciones narran el humor y la forma de contarlo desdibujan éste y hacen la lectura amena y muy divertida. En todo destaca la fuerza de las protagonistas, tres mujeres en un mundo difícil guiadas por Rosalinda que siempre encontrará maneras para sobrellevarlo y conseguir que ellas puedan seguir juntas y superar todo lo que a su alrededor pasa. Al final la situación se hace insostenible. Como muchos otros emigran hacia el milagro de Occidente, hacia Alemania, la meta soñada. Una vez allí sus sentidos de luchadoras y supervivientes serán sometidos a prueba. El mundo capitalista no regala nada y todo para ellas es nuevo. Volverán momentos de angustia que una vez más obligará a Rosalinda a tomar decisiones que no siempre son del agrado de su compañeras. Ella que siempre ha tenido como bandera el valerse por sí misma y no precisar demasiado cariño para vivir, empezará a notar la necesidad de este afecto y dará gracias por tenerlo en los años postreros. En definitiva una novela muy bien escrita, divertida y que reconforta leer.
Alina Bronsky nació en Ekaterimburgo, Rusia, en 1978. Pasó su infancia en la parte asiática de
los Urales y su juventud en el Estado de Hesse, (Alemania). Después de sus estudios de medicina, que no concluyó, trabajó como periodista. Actualmente vive cerca de Frankfurt. Su primera novela Scherbenpark (El parque de los cristales rotos) recibió el aplauso de la crítica, se convirtió en un best seller y pronto se tradujo a otras lenguas. Der Spiegel declaró que Alina Bronsky era “el debut literario más interesante de la temporada”.
Los insultos no han probado jamás una verdad ni desvanecido un error.
Taha Hussein (14 de noviembre de 1889 – 28 de octubre de 1973) fue un escritor egipcio, comúnmente llamado el «decano de las letras árabes» o «Qahir al-Zalam» (en español: el conquistador de la oscuridad). Nacido en Magaga, Menia, (
“Es muy pobre la memoria que solo funciona hacia atrás”
Juan Gabriel Vásquez, nació en 





Yo no podría ser feliz a costa de una injusticia cometida contra otra persona. ¿Que clase de vida cabría edificar sobre tales cimientos?. (Edith Wharton).







