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Una habitación propia

El libro es un ensayo sobre la condición femenina. Virginia Woolf expone  sus reflexiones sobre el papel de la mujer en la sociedad y en especial en la literatura como escritora.

Todo surge de una conferencia que ella dio sobre este tema. La preparación de la misma le lleva a reflexionar sobre el papel de la mujer en el mundo que le rodea. Estamos en 1929 y poco antes las mujeres han conseguido el derecho al voto. Aún así siguen siendo seres no considerados por sus congéneres masculinos.

Lo que nos  cuenta no deja de sorprendernos. No obstante no hace tanto tiempo en que esto era lo normal. Era normal que no se les diera educación superior limitándose su formación a lo básico, aún en las capas pudientes de la sociedad. No por eso dejaron de surgir mujeres que rompieron los estrictos moldes en los que las encajaban y sobresalieron en diferentes campos del saber humano, pero no era lo habitual y el esfuerzo a que se vieron obligadas duplicaba y triplicaba el del hombre para conseguir iguales fines. Ella repasa la importancia que para la mujer tiene el contar con autonomía financiera y un lugar en el que pueda ser ella misma y tener su privacidad. Su habitación, ese espacio que la permita despojarse de todo perjuicio y ser ella  sin más interferencias que las que se autorice.

Escrito en los albores del siglo XX su exposición sigue vigente. Aún hoy perduran las discriminaciones pese a los logros alcanzados en cuanto a igualdad de oportunidades. Las mujeres siguen obligadas a demostrar su valía mucho más allá del parámetro exigido a sus congéneres masculinos. Los perjuicios sobre sus capacidades y esfuerzos  están en muchos aspectos vigentes. El trabajo de Virginia Woolf sigue estando de actualidad y continuará así hasta que de verdad la sociedad admita que no existen diferencias entre sus miembros por razón de sexo y sí por razones de competencia, conocimientos, responsabilidad y dedicación.

Virginia Woolf nació en Londres en 1882 y falleció en Sussex en 1941. Fue una novelista, ensayista, escritora de cartas, editora, feminista y escritora de cuentos británica. Está considerada una de las más destacadas figuras del movimiento literario del siglo XX.

Hija de un erudito eminente, a su formación contribuyó en gran medida el ambiente familiar, frecuentado por personalidades artísticas, literarias y políticas.  Ella no fue a la escuela pero recibió clases de profesores particulares y de su propio padre, Sir Leisle Stephen. Su madre fue Julia Prinsep Stephen, persona de gran belleza, musa de fotógrafos y pintores prerrafaelistas. Ambos  eran viudos y aportaron al hogar hijos de sus primeros matrimonios.  Leisle y Julia tuvieron cuatro hijos más, Virginia, Thoby, Vanessa y Adrián.

Virginia comenzó a padecer depresiones tras la repentina muerte de su madre en 1895, cuando tenía 13 años de edad. Tras la muerte de su padre en 1904 se agravaron estos síntomas y fue brevemente ingresada. Sus crisis nerviosas y recurrentes periodos de depresión parecen que estuvieron provocados por el acoso sexual que tanto ella como su hermana Vanessa parecieron a manos de sus medio hermanos George y Gerald Duckworth, hijos del primer matrimonio de su madre. Estas circunstancias parecen ser el motivo de sus frecuentes crisis definidas como un trastorno bipolar.

Tras la muerte de su padre, Virginia, Vanessa y Adrián se trasladan a vivir a Bloomsburyconvirtiendo su residencia en un centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que se encontraban el escritor E. M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwing Wittgenstein y que sería conocido como el grupo o círculo de Bloomsbury.

En 1912 se casó con el economista Leonard S. Woolf y juntos fundaron con escasos medios la editorial Hogarth Press, que presentó a autores entonces desconocidos como Katherine Mansfield y T. S. Eliot, desempeñando un importante papel en la literatura inglesa de entreguerras.

Su enfermedad la llevó al suicidio en 1941. Después de escribir una maravillosa carta de despedida a su marido en la que le reafirmaba su amor por él y agradecía los maravillosos años vividos a su lado, se puso su abrigo, llenó los bolsillos de piedras y se arrojó a las aguas del rio Ouse, cerca de su casa, y se ahogó. Su cuerpo fue encontrado 18 días después,  sus restos incinerados y enterrados bajo un árbol en Rodmell, Sussex.

Su obra literaria de de una gran extensión. Sin querer hacer de menos ninguna de sus obras citaremos aquí su primera novela, Fin de viaje (1915), La señora Dolloway (1925), Orlando (1928) y la última Entre actos (1941).

Fue además una escritora de cuentos, biografías, ensayos y teatro. El cine se ocupo de su persona en diferentes ocasiones.

El grupo. Mary Mccarthy

El grupoPor unha banda o “american way of life” (a casiña unifamiliar sempre ben pintada, o coche diante, a bandeira ondeando, o can, os nenos -todos sorriso profidén-, a muller ben vestida, mesmo na cociña, forneando apple pie, woopie pie, red velvet, todo decoración, todo atrezzo…), por outra banda o antital: a vida en progresión natural e na busca do desenvolvemento integral do individuo (e da individua).

Anos 30 e 40, Boston e Nova Iork como escenarios e as mulleres novas debatíndose entre o que se debe e o que se quere.

Por unha banda o matrimonio, o laissez faire da vida doméstica e por outra os estudios, a universidade Vassar como alma mater, a busca de emprego.

O grupo son oito que parten do mesmo punto, o de ser muller que decide estudar e facer do seu futuro algo máis completo e equilibrado; oito que van chegando irregularmente ás súas metas vitais.

Kay, Dottie, Polly, Helena, Pokey, Lakey, Priss, Libby, oito procedencias ben diferentes e que se queren diferenciar do que era a vida estándar das mulleres dos anos 30, na grande depresión americana.

Recén licenciadas e na procura dos soños que prantexaron, o grupo de universitarias verase escindido en oito pólas diferentes que xermolan, ou florecen ou mesmo rompen no seu afán de medrar.

A historia, narrada desde o punto de vista feminino por unha autora, Mary Mccarthy (Seattle 1912-Nova Iork 1989) que sempre negou ser feminista, non procura máis que ser un retrato de caracteres, das mulleres da clase media-alta na Norteamérica de entre guerras.

Mccarthy completou a novela tras once anos de esforzo e chegou a ser unha celebridade no seu tempo polas súas ideas libertarias sobre as mulleres, a maternidade, a liberación sexual…ideas todas tratadas a través das diversas facianas das protagonistas deste libro.

Trala voda de Kay, historia coa que se abre a novela, vanse trazando as semblanzas das oito rapazas que aparecen xuntas ao mesmo tempo xusto no principio e no final, como o grupo que son, pero que no transcorrer dos sete anos que van do punto inicial ao final da obra, constitúen un corpus interesante de ideas desafiantes do patriarcado establecido. O mundiño feminino universitario (revestido por unha boa codia de autobiografía, xa que a propia autora foi alumna de Vassar) contémplase como algo supletorio –xa que non obrigatorio para trunfar na vida- para as mulleres, algo accesorio a un bó matrimonio e un traballo mediocre que non consista en sobresair por riba do da súa parella.

Cada capítulo encoméndase a cada unha das puntas de estrela das que conforman o grupo e cada unha delas, é a excusa perfecta para falar dun tema de interese xeral aínda que desde o punto de vista feminino: a importancia da virxinidade e a supresión do goce e do pracer sexual da muller, contra da autonomía sexual, dos tabús e do matrimonio como marco ineludible. A maternidade e a lactancia como símbolo de estatus social. O inmobilismo rancio das clases altas fronte ao desexo da vida progresiva das súas herdeiras, a homosexualidade, a necesidade do “cuarto propio” e dos propios medios para conseguir a autonomía das mulleres en todos os eidos vitais.

É interesante pensar en qué faciamos nós, as mulleres deste lado do océano, nos mesmos anos nos que estas mulleres eran quen de decidir, aínda que timidamente, sobre as súas propias vidas. Ano 1933…E tamén o é pensar que a propia autora dota de ideas non preconcebidas nin utopías, senón de empirismo, as ideas e accións das oito mulleres do grupo, naquela década que chegou a nós baixo moitos tópicos: lei seca, vida nouturna, clubes, jazz, alcol, mentres na urdime da vida real as mulleres buscaban o adianto, a superación, mesmo por riba da frustración imposta por unha sociedade que, de xeito contrario a esta novela na que os homes son meros apuntamentos e esbozos, a figura masculina era unha prioridade, unha icona, un ser mitolóxico e exacto que alicerzaba a nación mentres as mulleres, perfectamente vestida, forneaban na cociña, desas casas brancas unifamiliares, bandeira ao vento, nenos perfectos, o perfecto can…bla bla bla…

Una habitación propia

 El libro es un ensayo sobre la condición femenina. Virginia Woolf expone  sus reflexiones sobre el papel de la mujer en la sociedad y en especial en la literatura como escritora.

Todo surge de una conferencia que ella dio sobre este tema. La preparación de la misma le lleva a reflexionar sobre el papel de la mujer en el mundo que le rodea. Estamos en 1929 y poco antes las mujeres han conseguido el derecho al voto. Aún así siguen siendo seres no considerados por sus congéneres masculinos.

Lo que nos  cuenta no deja de sorprendernos. No obstante no hace tanto tiempo en que esto era lo normal. Era normal que no se les diera educación superior limitándose su formación a lo básico, aún en las capas pudientes de la sociedad. No por eso dejaron de surgir mujeres que rompieron los estrictos moldes en los que las encajaban y sobresalieron en diferentes campos del saber humano, pero no era lo habitual y el esfuerzo a que se vieron obligadas duplicaba y triplicaba el del hombre para conseguir iguales fines. Ella repasa la importancia que para la mujer tiene el contar con autonomía financiera y un lugar en el que pueda ser ella misma y tener su privacidad. Su habitación, ese espacio que la permita despojarse de todo perjuicio y ser ella  sin más interferencias que las que se autorice.

Escrito en los albores del siglo XX su exposición sigue vigente. Aún hoy perduran las discriminaciones pese a los logros alcanzados en cuanto a igualdad de oportunidades. Las mujeres siguen obligadas a demostrar su valía mucho más allá del parámetro exigido a sus congéneres masculinos. Los perjuicios sobre sus capacidades y esfuerzos  están en muchos aspectos vigentes. El trabajo de Virginia Woolf sigue estando de actualidad y continuará así hasta que de verdad la sociedad admita que no existen diferencias entre sus miembros por razón de sexo y sí por razones de competencia, conocimientos, responsabilidad y dedicación.

Virginia Woolf nació en Londres en 1882 y falleció en Sussex en 1941. Fue una novelista, ensayista, escritora de cartas, editora, feminista y escritora de cuentos británica. Está considerada una de las más destacadas figuras del movimiento literario del siglo XX.

Hija de un erudito eminente, a su formación contribuyó en gran medida el ambiente familiar, frecuentado por personalidades artísticas, literarias y políticas.  Ella no fue a la escuela pero recibió clases de profesores particulares y de su propio padre, Sir Leisle Stephen. Su madre fue Julia Prinsep Stephen, persona de gran belleza, musa de fotógrafos y pintores prerrafaelistas. Ambos  eran viudos y aportaron al hogar hijos de sus primeros matrimonios.  Leisle y Julia tuvieron cuatro hijos más, Virginia, Thoby, Vanessa y Adrián.

Virginia comenzó a padecer depresiones tras la repentina muerte de su madre en 1895, cuando tenía 13 años de edad. Tras la muerte de su padre en 1904 se agravaron estos síntomas y fue brevemente ingresada. Sus crisis nerviosas y recurrentes periodos de depresión parecen que estuvieron provocados por el acoso sexual que tanto ella como su hermana Vanessa parecieron a manos de sus medio hermanos George y Gerald Duckworth, hijos del primer matrimonio de su madre. Estas circunstancias parecen ser el motivo de sus frecuentes crisis definidas como un trastorno bipolar.

Tras la muerte de su padre, Virginia, Vanessa y Adrián se trasladan a vivir a Bloomsburyconvirtiendo su residencia en un centro de reunión de antiguos compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que se encontraban el escritor E. M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwing Wittgenstein y que sería conocido como el grupo o círculo de Bloomsbury.

En 1912 se casó con el economista Leonard S. Woolf y juntos fundaron con escasos medios la editorial Hogarth Press, que presentó a autores entonces desconocidos como Katherine Mansfield y T. S. Eliot, desempeñando un importante papel en la literatura inglesa de entreguerras.

Su enfermedad la llevó al suicidio en 1941. Después de escribir una maravillosa carta de despedida a su marido en la que le reafirmaba su amor por él y agradecía los maravillosos años vividos a su lado, se puso su abrigo, llenó los bolsillos de piedras y se arrojó a las aguas del rio Ouse, cerca de su casa, y se ahogó. Su cuerpo fue encontrado 18 días después,  sus restos incinerados y enterrados bajo un árbol en Rodmell, Sussex.

Su obra literaria de de una gran extensión. Sin querer hacer de menos ninguna de sus obras citaremos aquí su primera novela, Fin de viaje (1915), La señora Dolloway (1925), Orlando (1928) y la última Entre actos (1941).

Fue además una escritora de cuentos, biografías, ensayos y teatro. El cine se ocupo de su persona en diferentes ocasiones.

En la habitación

En 1928 a Virginia Woolf le pidieron dar una charla sobre la escritura y la mujer. Ella se planteo la cuestión desde un punto de vista realista ¿quén necesita una mujer para escribir? una habitación propia: es decir independencia económica y personal. Esto se podría extrapolar también al varón.

Nos ocuparemos durante dos semanas de este ensayo que nos llevará a hablar de los roles de genero, profesionales y sociales.

“Las circunstancias materiales suelen estar en contra. Los perros ladran, la gente interrumpe, hay que ganar dinero, la salud falla. La notoria indiferencia del mundo acentúa además estas dificultades… El mundo no le pide a la gente que escriba poemas, novelas, ni libros de historia, no los necesita…”

“Es notable el cambio de humor que unos ingresos fijos traen consigo. Ninguna fuerza en el mundo puede quitarme mis quinientas libras. Tengo asegurados para siempre la comida, el cobija y el vestir. Por tanto no solo cesan el esforzarse y el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre, no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre, no tiene nada que darme”