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La traductora

¿Es posible que una mujer musulmana sea al mismo tiempo moderna y creyente?

Tenemos ante nosotros una obra singular. Y lo es porque en ella se habla de algo muy presente en nuestras sociedades occidentales, la convivencia pacífica entre dos maneras de enteder la vida: la occidental, representada por nuestra cultura judeo-cristiana y la islámica representada por aquellos que creen en esa religión y siguen la cultura que ella inspira.

No hablamos de rupturas ni de inmersión de una cultura en la otra. Sammar, musulmana, viuda y con un hijo que vive en Sudán, trabaja en la universidad de Aberdeen, en Escocia. Ella se ha criado en Gran Bretaña, conoce bien la  sociedad en la que habita. Tiene un buen empleo, trata con personas cultas y tolerantes, pero aún así siente un fuerte extrañamiento. Busca consuelo en su fe y es musulmana practicante.

Rae es un profesor de ciencias políticas que habla árabe. Es un estudioso de la cultura islámica. Escocés de nacimiento y educado también en Gran Bretaña siente un atractivo especial por la cultura oriental. Es agnóstico.

Motivos de trabajo los emparejan. Sammar no deja de sentirse atraida por él, primero de una forma amistosa que se traduce en amor con el día a día. Él, separado de su primera mujer, con una hija que estudia en Suiza, no es indiferente a lo que observa en Sammar, sin proponérselo se siente atraido por ella y en el fondo enamorado de  esa mujer sensible, valiente e inteligente.

Lo que podia quedarse en una novela rosa, o en algo crítico hacia las relaciones de los dos mundos, se covierte en un relato apasionante. Sammar no va a dejar sus principios religiosos por un amor mundano, aunque este sea ilusionante y no tenga duda alguna que sería algo que la hiciese feliz. Su cultura y sus creencias religiosas exigen que su compañero sea musulmán. Rae deberá recitar la shahada, las palabras de testimonio de que no hay otro dios que Alá, si así como ella desea, quieren labrar un futuro común.

Por otra parte Rae tampoco desea perder a Sammar. Conoce a fondo de la religión coránica, estudio en el que se encuentra cómodo y del que saca conclusiones espirituales. Va descubriendo poco a poco que no es tan insensible a dicha fe como quiere creer. De hecho Sammar no se explica como sabiendo tanto del Islam   no se convierte. Será un proceso largo muy bien descrito por la autora. No solo describe con mucho acierto este proceso, también los estados emocionales de la protagonista, sus dudas y miedos, sus soledades y esperanzas, el profundo amor por su cultura, por su fe y por su hijo y demás familia. Aún así llegado el caso no dudaría en seguir a Rae si este al fin cumple su sueño de convertirse y desposarla.

Es un canto a la tolerancia, al comprender al otro y en su caso a hacernos ese otro.

Leila Aboulela nos viene a decir que el mundo no está predistinado a tener que copiar solo el canon occidental. Que es posible vivir en él amigablemente desde los dos puntos de vista. En la novela es el varón quien abraza la otra religión, lo que es algo muy poco común en la literatura al uso.

No podemos negar que nuestros conceptos religiosos impregnan nuestra manera de vivir. Es cierto que en nuestras sociedades occidentales no son los preceptos religiosos los únicos que dictan la normas de convivencia, pero aún así siguen teniendo una fuerte influencia. En las sociedades islámicas esta influencia es mayor, incluso total. Cuando ambas culturas ocupan un mismo espacio se producen conflictos que deben ser resueltos mediante la convicción, separando la vida pública de la privada, lo que no cabe duda no resultará fácil ni rápido en el caso de los postulados islámicos.

Leila Aboulela nació en El Cairo en 1964, es una escritora sudanesa en inglés.

Aunque nació en Egipto crecio en Jartum donde estudió en la Khartoum American School y economía en la Universidad de Jartum. Más tarde le concedieron un título M. Phil. en estadística en la London School of Economics.

Vivió muchos años en Aberdeen y actualmente vive en Doha. Sus novelas han sido nominadas varias veces al Orange Prize.

 

 

Los peces no cierran los ojos

El descubrimiento de la inferioridad sirve para decidir sobre uno mismo

Esta es una de las numerosas frases antologicas que salpican la narración que Erri De Luca va desgranando a lo largo de las páginas de este libro. Y es cierto, solo desde el conocimiento de nuestras posibilidades seremos capaces de evolucionar y para ello debemos ser conscientes de cuales son nuestros puntos débiles, puntos que nos obligarán a esforzarnos para superarlos y lograr aquellos fines que deseemos alcanzar.

El autor nos explica como puede ser de difícil y complicado el paso de la infancia a la adolescencia. Para hacerlo se basa en, suponemos, su propia experiencia. Sitúa a nuestro protagonista y narrador pasando junto con su madre un indeterminado verano en una isla cercana a Nápoles. Están en un pueblo costero de pescadores con una playa que sirve de escenario de una buena parte de la narración. Su padre está en EEUU por motivos de trabajo. Nuestro personaje, del que no facilita ni descripción física ni nombre alguno, como tampoco del resto de personajes y lugares que intervienen en la historia; acaba de terminar la escuela primaria, eso sí, con un año de adelanto. Está en ese momento de transición de la niñez a la adolescencia. Es un muchacho inteligente y en consecuencia los cambios que se están produciendo en su personalidad le afectan y le hacen recapacitar sobre ellos, ser muy consciente de lo que está sucediendo.  Se encuentra más cómodo hablando con los lugareños, sobre todo con los pescadores, que con otros muchachos de su edad. Tiene amistad con uno de estos pescadores, sale con él a pescar, rema en su barca, en fin, vive esa experiencia de los primeros actos de responsabilidad, ya que así considera el que le deje remar o ayudar en las tareas de la recogida de los anzuelos que larga.  Muestra orgulloso las durezas que aparecen en sus manos por hacer estos trabajos.

La relación con su madre es buena. Ella no deja de ayudarle y facilitarle su ocio. En la playa conoce a una niña, algo mayor que él y por consiguiente más desarrollada psíquicamente.  Hablan, se conocen y se siente atraído. Esta situación levanta envidias y reconcores en otro grupo de muchachos, mayores que él, que aprovechan cualquier pretexto para provocarlo y atacarlo.

Curiosamente nuestro protagonista no les rehuye. Al reves; uno de sus pensamientos considera que el que le produzcan algún daño, incluso alguna rotura, le ayudará en su evolución. Odia su aspeto físico, no lo considera acorde con su mentalidad actual, es un “torpe cascarón el cuerpo infaltil“. Se considera más evolucionado que lo que refleja su constitución. Es ya un adolescente dentro de una armadura de niño.

El autor con una prosa sencilla, eficaz y fácil de leer va desgranando la transcendente evolución de la personalidad de nuestro protagonista, a la vez nos va dejando una seríe de aseveraciones  sobre diversos temas de esa evolución y de las relaciones sociales que la rodean. Conceptos como el amor, la amistad, la dignidad, el aceptar las consecuencias de los actos que provocamos sin descargar en otros la responsabilidad de lo sucedido, etc., aparecen a lo largo de las páginas del libro. No es una novela al uso, no se trata de una simple historia del paso de la niñez a la adolescencia. Es algo más, es el relato de unas vivencias en la que muchos nos podemos sentir reflejados, ya que lo que nos expone son momentos y situaciones que en su día podemos haber experimentado y a las que no dimos la dimensión que De Luca sí les ha dado.

Si tuviese que hacer alguna recomendación sobre la lectura de este relato es que lo hagamos con calma, que mastiquemos las frases que nos relagala y que nos paremos a pensar sobre ellas. Seguro que nos divertiremos y al tiempo recordaremos cosas que teníamos arrinconadas en ese gran desván que es la memoria de cada cual.

 

Erri De Luca es uno de los escritores más pestigiosos de la narrativa actual. Nacido en Nápoles en 1950, participo en el Mayo del 68 y fue militante de izquierdas enrrolado en el grupo revolucionario Lotta Continua. Trabajó como obrero de la construcción, operario en una fábrica de Fiat, camionero y condujo vehículos de ayuda humanitaria durante la guerra de los Balcanes. Construyó con sus propias manos la casa en la campiña romana donde hoy vive. Practica, con tranta regularidad como entusiasmo, el alpinismo. Aprendió de manera autodidacta diversas lenguas, como el hebreo o el yiddish. Es lector perpetuo y apasionado de la Biblia -aunque ha dicho que no es creyente- alguno de cuyos libros ha traducido al italiano.

Entre otros galardones ha recibido el Premio France Culture y el Femina Étranger, en Francia. También el premio Petrarca en Alemania. Ha escrito más de cincuenta obras literarias.

No quiero dejar pasar esta breve biografía sin hacer mención a una de las frases libro que tenemos entre mano y que se refiere a las personas que como él han nacido en la importante y singular ciudad de Nápoles, dice así:

“Nacer y crecer en Nápoles agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto”

O último día de Terranova

Hay lugares que nunca deberían desaparecer

Todos sabemos lo que es una libreria. Es más, estoy seguro que es un lugar que acostumbramos a visitar con bastante frecuencia. Siempre las consideré un contenedor mágico. En sus estanterias están las historias y aventuras que a la inmensa mayoría de nosotros nos  hubiera gustado vivir; emociones que nos llegan muy hondo, amores que serán hitos en nuestra imaginación y que desearíamos haber tenido. Pues de eso va esta novela, de una libreria que después de muchos años va a desaparecer. Y no lo va a hacer porque su dueño quiera desprenderse de ella, o que sus libros ya no interesen a los lectores, no, lo hace arrastrada por esa ola gigantesca, mayor que el más grande de los tsunamis, que en estos tiempos arrasa con todo lo antiguo, con todo lo que no da un importante beneficio crematistico, con aquello que tiene más valor espiritual que material. Lo hace arrastrada por la especulación. Ese nuevo Atila que justifica todas estas destrucciones. Lo antiguo lo convierte en viejo y por tanto su valor es residual, lo viejo equiparable a inservible se tira y listo.

El último propietario de esta librería llamada Terranova es Vicenzo Fontana. Una librería que ha estado ahí desde hace más de sesenta años. Que ha soportado todo tipo de peligros. Tiempos duros en que dirigida primero por sus padres, Amaro y Comba, y por su tío Eliseo y  despues por él, superviviente de una poliomielitis que lo un tiempo en un pulmón de acero y de la que le quedó de secuencia una importante cojera. En todos esos años el local fue un lugar de refugio para cuantos disentian, una mina donde encontrar libros prohibidos y en general un referente cultural. Allí llegaban tanto los libros permitidos y oficiales como los clandestinos, ninguno de ellos podía considerarse fuera de lugar, exiliado, una vez traspasada su acogedora puerta. En definitiva un sitio donde almacenar la memoria para vivirla una y otra vez y nunca olvidarla.

Y no es que Vicenzo fuese siempre un entusiasta de los libros. En su juventud se alejó de este ambiente. Vive en Madrid donde conoce a Garúa, una enigmática chica argentina con la que en 1975 regresa a Terranova. Es entonces cuando se da cuenta de la importancia de lo que los libros atesoran, como ayudan y enseñan, como acompañan y como salvan.

Con estos mimbres Manuel Rivas construye una emocionante historia. La compone lo que nos narra de unos personajes bien construidos, con sus aciertos y errores, con sus momentos de valor y con otros en que se sienten perdidos, con sus deseos, sus anhelos alcanzados o no, con aquello que imaginaron pero jamás expusieron.

Y todo lo hace con esa característica suya de narrar con fluided, intercalando ideas y pensamientos de aqui y de allá, que asientan lo que nos cuenta y hacen interesante el relato.

Manuel “Manolo” Rivás Barrós es un escritor, poeta, ensayista y periodista español cuya obra se desarrolla fundamentalmente en lengua gallega, aunque también escribe artículos en castellano para el diario El País.

Nació el 24 de Octubre de 1957 en la calle Maroladel barrio de Montealto en A Coruña. Estudió secundaria en el  IES de Monelos. Desde hace muchos años vive en Vimianzo. La totalidad de su obra literaria está escrita originalmente en gallego, salvo los mencionados artículos escritos para El País. Su libro de cuentos ¿Que me quieres, amor? incluye el relato de “La lengua de las mariposas“, que sirvió de base para el guión de la película homónima. Tiene una extensa bibliografía, relatos como Ella, maldita alma; La mano del emigrante; Las llamadas perdidas. Novelas cortas como Los comedores de patatas; El lápiz del carpintero (Premio de la Crítica española y llevada la cine por Antón Reixa) y En salvaje compañía.

Sus últimas obras son El héroe, teatral; Los libros arden mal, novela; Os Grouchos, un ensayo periodístico. Muy recientemente ha salido su novela, Todo es silencio, en la que aborda el tema del narcotráfico en esta tierra gallega. Esta recopilación de títulos es indicativa y no abarca la totalidad de sus escritos.

Junto con Suso del Toro es la cabeza visible de una generación de narradores gallegos con amplio eco de crítica y publico en España.

En cuanto a su obra periodística, buena parte de sus mejores reportajes están compilados en El periodismo en un cuento, usado como libro de texto en numerosas facultades de Ciencias de la Información, así como en los volúmenes Toxos e flores; Galicia, el bonsai atlántico; Galicia, Galicia; Mujer en el baño y Una espía en el reino de Galicia.

Periodista desde los quince años ha trabajado en diversos medios de prensa, radio y televisión. Ha sido socio fundador de Greenpeace en España, ocupando cargos directivos en su organización durante varios años. Durante la tragedia del Prestige participó en la creación de la plataforma ciudadana Nunca Mais. Esta casado y es padre de dos hijos, varón y hembra.

 

 

El héroe discreto

Nunca te dejes pisotear por nadie, hijo. Este consejo es la única herencia que vas a tener

Esta novela es la primera publicada por Vargas LLosa después de obtener el premio nobel de literatura en el año 2010.

Es un relato con dos escenarios distintos en su ubicación pero con un transfondo similar, la resistencia de dos personas normales a perder lo que con tanto esfuerzo y dedicación han conseguido.  Nuestros protagonistas son Felicito Yanaqué, empresario del transporte de Piura, e Ismael Carrera exitoso hombre de negoicios de Lima.

Felicito Yanaqué dueñó de “Transportes Narihualá” casado con Gertrudis y padre de dos hijos, Miguel -de cuya paternidad duda y cuya gestación forzó su matrimonio- y Tiburcio. Es un hombre que se ha hecho a si mismo. Desde la más absoluta pobreza ha conseguido poner en funcionamiento una empresa que goza de prestigio y rentabilidad. No está lo que se dice enamorado de su esposa y en consecuncia se ha buscado un “apaño” en la persona de la bella Mabel, a la que ha convertido en su amante y como se dice vulgarmente “le ha puesto un piso”. Es feliz así y todo parece sonreirle hasta el momento en que comienza a recibir anónimos pidiéndole un estipendio para que nada malo le pase a él, a su familia, a su negocio y a Mabel. Estos anónimos vienen firmados con una pequeña araña. Felicito, persona en apariencia débil, tiene un caracter indomable forjado en su impenitente lucha por conseguir su bienestar y en consecuencia no oculta el hecho. Pone la circunstancia en conocimiento de la Policía, encargándose del caso el capitán Silva y el sargento Lituma. Al tiempo y en la prensa local publica un manifiesto en el que se niega a avenirse a los extorsionadores. Esto lo convierte en un héroe popular pero a la vez hace que sus enemigos empiecen con acciones cada vez más violentas, como son quemar sus oficinas y secuestrar a su amante.

El desarrollo de la investigación de este secuestro y en general de la extorsión supondrá no solo el esclarecimiento del asunto; también dará lugar a inesperados e importantes descubrimientos.

Ismael Carrera, dueño de una compañía de seguros, tiene que luchar contra la desmedida ambición de sus dos hijos, – Miki y Escobita-, verdaderos parásitos sociales; que sin darse cuenta de que él, Ismael, les escucha, cuando se encontraba reponiéndose de un infarto,  celebran anticipadamente su muerte y el reparto de la herencia. Ayudado por Don Rigoberto, abogado y gerente de su empresa y por su fiel chofer Narciso trama librarse de las desmedidas ambiciones de sus vástagos. La solución consiste en casarse con su sirvienta, Armida, de manera discreta y partir inmediatamente en luna de miel por Europa. Sus testigos son los mencionados Rigoberto y Narciso que tendrán que apechugar en su ausencia con las amenazas de los dos perillanes. Estos, jovenes, atléticos y violentos, intentan que declaren ante un Juez que fueron obligados a actuar de la forma en que lo hicieron en la boda de su padre. Que testifiquen que este no está en su cabales y por tanto la boda debe considerarse nula. Es especial la actuación de Don Rigoberto que tenía pensado jubilarse y gozar de un merecido descanso con su esposa Lucrecia y su hijo Fonchito.

Este último también aporta su granito a la historia y a la deseada y no lograda paz familiar, al relatar sucesivas aparciones de un señor llamado Edilberto Torres.

Es curioso que algunos de los personajes que intervienen lo han hecho antes en otras novelas del mismo autor, como es el caso de:

  • Lituma (Lituma en los Andes, La csa verde, ¿Quien mato a Palomino Molero?, La Chunga)
  • Rigoberto (Elogio a la madrastra y Los cuadernos de Rigoberto)
  • Lucrecia (Elogio a la madrastra)
  • Fonchito (Elogio a la madrastra)

Mario Vargas Llosa, nació en Arequipa, Perú, el 28 de Marzo de 1936. Su nombre completo es Jorge Mario Pedro Vargas Llosa. Vio la luz en el seno de una familia de clase media de ascendencia mestiza y criolla. Fue el único hijo de Ernesto Vargas Maldonado y Dora Llosa Ureta. Ambos se separaron pocos mese antes de su nacimiento. Su padre volvió a casarse con una mujer de origen alemán con la que tuvo dos hijos, hermanastros del escritor, Enrique y Ernesto Vargas.

Mario vivió con su familia materna. Su abuelo era quien mantenía las necesidades económicas de su madre. Vivió en Cochabamba (Bolivia) y en Piura (Perú) donde comenzó sus estudios. Primaria en el Colegio Salesiano Don Bosco y secundaria en el Colegio San Miguel de Piura. Por aquel entonces  Mario creía que su padre había muerto ya que eso fue lo que le dijeron para ocultar el divorcio de sus progenitores.

En 1946 se traslada a Lima, donde conoce a su padre. El matrimonio  restableció su convivencia y vivieron en un barrio de clase media de la Capital. Estudia entonces en el Colegio La Salle de los    Hermanos de las Escuelas Cristianas. La relación con su padre fue siempre tortuosa, tanto por el carácter del mismo, violento en ocasiones, como por  el resentimiento que tenía hacia la familia Llosa. Otro hecho significativo de su convivencia fue la incomprensión que el tenía hacía su interés por la literatura.

A los 14 años es enviado al Colegio Militar Leoncio Prado, (Callao, Perú), un internado donde cursó 3º y 4º de educación secundaria. Allí tuvo que soportar la rígida disciplina miliar. Según su testimonio fue la época en la que más leyó y escribió. Entre sus profesores figuraba el poeta surrealista Cesar Moro, quien por un tiempo le dio clases de francés. Sus autores preferidos en dicha época fueron Victor Hugo y Alejandro Dumas.

En el verano de 1952 se produce un cambio sustancial en su vida. Aprovechando las vacaciones comienza a trabajar como ayudante en el diario limeño La Crónica. Poco después pasó a ser aprendiz  de periodista y se le encomiendan reportajes y entrevistas sobre notas locales. Al terminar el proceso vacacional no vuelve al colegio militar, se traslada a Piura y vive con su tío, cursando en dicha ciudad el último año de secundaria en el Colegio San Miguel de dicha localidad.

En 1953 Vargas Llosa ingresa en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde cursa Derecho y Literatura. Participó en la política universitaria a través de Cahuide, nombre con el que se mantenía vivo el Partido Comunista a la sazón perseguido por el gobierno de Manuel A. Odría. Poco tiempo después se distanciaría del grupo y se inscribiría en el Partido Demócrata Cristiano de Héctor Cornejo Chávez. Por aquel tiempo trabaja como asistente del renombrado historiador sanmarquino Raúl Porras Barrenechea en una obra que nunca llegó a concretarse: varios tomos de una monumental historia del Perú

En 1955, con 19 años, contrajo matrimonio con Julia Urquidi, tía política por parte materna,  que era 10 años mayor. Este matrimonio causo un verdadero disgusto y rechazo en la familia, viéndose forzados a separarse durante un tiempo estando recién casados. Para poder mantener una vida en común, el joven Mario se vio obligado a realizar hasta siete trabajos simultáneos: en librerías con Porras Barrenechea , escribiendo para varios medios e incluso catalogando nombres de las lápidas del Cementerio Presbítero Matías Maestro.

Vargas Llosa comienza de verdad su carrera literaria en 1957 con la publicación de sus primeros relatos, Los Jefes y El abuelo. Al graduarse en la Universidad en 1958 fue considerado el alumno sanmarquino más distinguido en Literatura, por lo que recibió una beca para continuar sus cursos de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid, ciudad a la que se traslada y desde la que en 1960 después de culminar su beca se muda a Francia con la intención de conseguir otra para estudiar allí. Recién llegado a París se entera de que su solicitud ha sido denegada. Pese a la precaria situación financiera en que se encuentran, Mario y Julia deciden quedarse en la mencionada capital, donde Vargas Llosa comienza a escribir de forma prolífica.  En 1964 Mario y Julia se divorcian. Un año después Vargas Llosa se casa con su prima Patricia Llosa, con quien tuvo tres hijos.

En 1971 bajo la dirección del profesor Alonso Zamora Vicente, obtiene un Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid con la calificación de Sobresaliente Cum Laude defendiendo su tesis doctoral titulada: García Márquez: lengua y estructura de su obra narrativa, luego publicada bajo el título: García Márquez: historia de un deicidio.

Sus novelas más destacadas, incluyendo la que leemos en estos momentos son:

La casa verde (1965); Conversaciones en la Catedral (1969); La mencionada García Márquez; Historia de un deicidio (1971); Pantaleón y las visitadoras (1973); La tia Julia y el escribidor (1977); La guerra del fin del mundo (1981);El pez en el agua (1993); Los cuadernos de don Rigoberto (1997):La fiesta del Chivo (2000), llevada al cine por su primo Luis Llosa; El paraíso en la otra esquina (2003); Travesuras de la niña mala (2006). Está previsto que el próximo 3 de Noviembre se publique El sueño del celta, última novela de Vargas Llosa. Versa sobre la vida de Roger Casament, cónsul británico en el Congo Belga que se dedicó a denunciar las atrocidades del régimen de Leopoldo II en el país africano.

Mario Vargas Llosa cuenta en su haber con numerosos premios anteriores al actual Nobel de Literatura. Los más destacados son: El Premio Rómulo Gallegos, (1967, por su novela La casa verde), y el Premio Cervantes (1994). A estos hay que añadir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras otorgado en 1986. Otros premios son: El Premio Nacional de Novela del Perú; el de la Paz de los libreros de Alemania; el Planeta de 1993 y el Biblioteca Breve otorgado por La ciudad y los perros.

Asimismo es miembro de la Academia Peruana de la Lengua, de la Real Academia Española y tiene numeroso títulos Doctor Honoris Causa otorgados por numerosas y prestigiosas Universidades del mundo. Ha sido condecorado por el gobierno francés con la Legión de Honor (1985) y el gobierno de Perú le concedió la condecoración Orden del Sol en el grado de Gran Cruz con Diamantes, su más alta distinción.

Ha tenido participación activa en la política de su país, decantándose por posiciones liberales y conservadoras.

Desde 1993 cuenta con la nacionalidad española sin que ello implique la renuncia a la suya de nacimiento, la peruana.

 

La casa de las miniaturas

El techo policromado de la iglesia (lo único que no demolieron los reformistas) pende sobre su cabezas como el casco de un espléndido buque volcado. Es un espejo del alma de la ciudad; pintados en sus viejas vigas, Jesucristo en majestad sostiene la espada y el lirio, un barco de carga dorado rompe el oleaje, la Virgen descansa en una media luna.

Un día cualquiera de otoño de 1686 la joven de 18 años Nella Oortman llama a la puerta de una casa señorial en el barrio más acomodado de Amsterdam, en la llamada “Curva de oro”. Lo hace por que se ha casado por poderes con el dueño de aquella mansión, Johannes Brandt, un exitoso y maduro hombre de negocios.

Su boda con el Sr. Brandt ha sido por interés. Ella proviene de una familia de origen noble venida a menos y a él, hombre de gran fortuna y valía, le viene bien emparentar con un apellido de abolengo. Apenas se conocen y Nella, (Patronella), aún siendo consciente de ello, espera que el trato acabe por acercarlos y hacer surgir un atisbo de amor. Su juventud e inexperiencia son evidentes y los primeros pasos en aquella casa pondrán a prueba su carácter.

El recibimiento no puede ser más singular. Su marido no está. Es su hermana Marin quien la recibe. Su manera de comportarse no es afectuosa, al contrario, parece dejar claro que no está dispuesta a perder el lugar que hasta ahora ha venido ocupando en la casa y en la vida y actividades de su hermano.

Con ella hay otras dos personas. Cornelia, una criada de la que no acaba de fiarse dado que es muy fiel a su cuñada y Otto un sirviente negro, una rareza en el Amsterdan de aquel siglo, que Johannes compró en uno de sus múltiples viajes de negocios.

El Sr. Brant da muestras de no estar impaciente por tener la compañía de su esposa. La quiere únicamente para aquellos actos sociales en los que su presencia sea ineludible. Las esperanzas de Nella se desvanecen en lo que a conseguir de él una cariñosa atención. Además de vestidos y telas para su confección, su marido le  regala algo muy de moda entre la gente pudiente de la época, una réplica de su propia casa en miniatura. Sus habitaciones están vacías y ella debe pasar el tiempo en conseguir miniaturas de muebles y enseres que las ocupen y la ayuden a adaptarse a su nuevo hogar. Parece un regalo inofensivo pero la consecución de las piezas necesarias para amueblar estos espacios y que un misterioso miniaturista le va enviando, revelerán muchos secretos que hasta ese momento se mantenían ocultos. Secretos que ponen en peligro la estabilidad del negocio de su esposo y de su nueva familia.

Con estos mimbres la autora va tejiendo una historia que combina una trama de intriga y un problema de negocios en que está involucrado el Sr. Brant. Desarrolla la narración a la vez que traza un retrato social de aquella Holanda del siglo XVII. Nos habla de la opulencia de sus gentes, de sus organizaciones gremiales, de como era el día a día de aquella sociedad nacida de su capacidad para los negocios en los más lejanos lugares del mundo, de su potente compañía marítima, la VOC (Compañía neerlandesa de las Indias Orientales), cuyas actuaciones afectaba a todos los habitantes de la pequeña nación.

La autora Jessie Burton  entrelaza con destreza los citados mimbres. Su prosa es fácil y a la vez descriptiva, -en ocasiones nos puede parecer que en demasía,- pero el resultado final es muy interesante y también sorprendente.  Los personajes que conforman este entarimado son todos imaginarios si bien es cierto que existio una Nella Oortman dueña de la “casa de muñecas” que da origen al título. Esto es lo único real de esta historia. La base de la misma son las mujeres protagonistas. Pese a que la sociedad de entonces las tiene un tanto marginadas ellas saben dejar su impronta, tomar las riendas cuando toca y ayudarse en aquellas tareas que les son relegadas.

Leamos el libro y saquemos nuestras propias conclusiones sobre lo que en el mismo sucede, un reflejo de un tiempo y una sociedad que labraron una riqueza y prosperidad increíble dada la dimensión del país y el número de sus habitantes. Con todos sus defectos y contradicciones no hay duda que su forma de organizarse a todos los efectos fue la base de su éxito.

Jessie Burton nació en 1982. Estudió en la Universidad de Oxford y en la Central School of Speech and Drama.

En 2014 publica la novela de referencia. Inspirada en Petronella Oortman y su casa de muñecas, hoy en el Rijksmuseum. Su éxito fue clamoroso.

Está trabajando en una segunda novela que se llamará La pertenencia, ambientada en dos marcos distintos, la Guerra Civil española y 30 años después en Londres.

En la actualidad vive en esa ciudad.

Nada se opone a la noche

Mi madre llevaba varios días muerta.

Ese hecho, el encuentro de su madre Lucile muerta, es el motivo que lleva a la autora Delphine de Vigan  a indagar en su pasado  y por extensión en el pasado de la familia Poirier. Es el deseo de conocer como fue la vida de sus abuelos, George y Liane y la de sus numerosos hijos Lisbeth, Barthélémy, Lucile, Antonin, Jean-Marc, Milo, Justine, Violette y Tom. Narrada en primera persona, es una novela intimista y dura, que fácilmente llega al corazón. Y es que los sentimientos están ahí y aunque contenidos, no dejan de impresionar y emocionar; tanto por su crudeza como por el amor filial que destilan por encima de cualquier otra consideración.

A lo largo de la narración nos va también hablando de su propia niñez y de la de su hermana Manon. Nos esboza como fue la infancia y pubertad de ambas, sus miedos, alegrías, indecisiones y extrañezas sobre los sucesos que a su alrededor se producían, el divorcio de sus padres, Lucile y Gabriel y la relación que ellas tuvieron con él después de aquel hecho.

Divide la historia en tres partes. En la primera nos narra la infancia y juventud de Lucile y sus hermanos, los sucesos que alegraron aquellos momentos y los que los entristecieron, en especial la muerte de Antonin. Como eran sus padres, aparentemente una pareja feliz y emprendedora, acogedora y entregada a sus hijos. Por destacar algo diremos que Lucile era una exitosa modelo de ropa infantil. De la lectura de esta parte podemos sacar las primeras impresiones de como será su futuro.

En la segunda parte nos detalla su vida juvenil, un tanto bohemia. También como  fue la infancia de Delphine; sus recuerdos, la relación con su hermana Manon y sobre todo la sensación que la autora tiene de que su madre se ha apartado de ella al cumplir más o menos diez años. Relata igualmente los primeros síntomas  de la enfermedad de    Lucile.

La tercera nos describe la madurez de Delphine, el nacimiento de sus hijos y la lucha de su madre contra la enfermedad que la consume.

A lo largo de toda la narración nos va detallando las dificultades que encuentra para desarrollar la historia. Los esfuerzos para que las personas que conocieron y vivieron los hechos hablen de los mismos y le entreguen aquello que pueda servir para describirlos, fotos, diarios, grabaciones. La lucha contra los miedos a rememorar lo pasado, a enfrentarse con sus actitudes de entonces, a preguntarse el grado de responsabilidad que tuvieron en lo acaecido. Es una terapia de todos, de la familia entera. Es el sillón del psicoanálisis al que les convoca la llamada de Delphine y al que acuden, pese a saber que volver sobre aquellos días no va a ser siempre  agradable y puede abrir heridas que se creían muy cicatrizadas.

En el relato la autora pone distancia entre ella y los diferentes personajes que aparecen. Son familia, pero al describirlos  evita todo juicio de valor que sobre ellos pueda tener. Los detalla por lo que cuentan, por las aportaciones que hacen al común. Y, sinceramente, creo que acierta. Esa postura hace más creíble la historia que nos brinda.

Este  esfuerzo colectivo de evocación tiene un efecto colateral que la autora comenta. Nos dice que alguno de sus familiares le confesó que el  ejercicio de memoria llevado a cabo ha tenido el sorprendente efecto de conseguir que volvieran a hablar. La vida los había distanciado, emocional y físicamente. Lo hecho ha logrado que vuelvan a comunicarse y estar más unidos. Se han reencontrado

Animo a leer el libro con calma y con la mente muy abierta. Sin juicios de valor. El lector puede implicarse en lo que sucedió y juzgar,  pero siempre le faltará conocer  todos los matices. Lo que se narra de memoria por muchas pruebas físicas en que se base, viene filtrado por el paso del tiempo que, por mucho que nos esforcemos y sin ser conscientes de ello, distorsionan nuestra actual visión de lo sucedido.

Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) . Novelista francesa. Actualmente vive en París.

Creció en una familia “difícil” lo que hizo que se refugiara en la lectura. Tras varios pequeños empleos, ocupó en Alfortville un puesto de ejecutivo en un instituto de encuestas. Más tarde retomó sus estudios; una licenciatura y un máster en recursos humanos y comunicación interna. En la actualidad, madre de dos hijos, vive de su pluma desde 2007.

Su primera novela, Jours sans faim, en la que contaba su lucha contra la anorexia, apareció en 2001 bajo el seudónimo de Lou Delvig. Siguió escribiendo bajo su verdadero nombre y su novela No y yo (2007), se convirtió en un best seller que recibió el Premio de los libreros y fue llevado a la pantalla por Zabou Breitman en 2010.

Las horas subterráneas (2009), con un gran éxito de crítica y muchos lectores figuró en la lista de obras seleccionadas para el Premio Goncourt y obtuvo el Premio de los lectores de Córcega. Nada se opone a la noche (2011) ha obtenido el Premio de novela FNAC, el Premio de novela de las Televisiones Francesas, el Premio Renaudot de los Institutos de Francia, el Gran Premio de la heroína Madame Figaro y el Gran Premio de los lectores de Elle. Ha tenido un éxito arrollador en Francia donde ha superado el medio millón de ejemplares y ha estado durante muchos meses en el raaking de las novelas más vendidas. Además ha sido o está siendo publicada por varías editoriales extranjeras.

Tiempo de vida

Cuando se es hijo único, cuando no se tiene el espejo de unos hermanos donde mirarse, la inseguridad sobre lo que somos parece mayor que si los tuviéramos, que si hubiésemos crecido al lado de alguien que ha tenido las mismas influencias, los mismos padres, y aun así es nítidamente diferente de ellos y por supuesto de nosotros.

Marcos Giralt Torrente escribe un relato intimista y muy personal. A lo largo de 200 páginas va desgranando una relación fraternal, la propia con su padre, no siempre fácil pero intensa aún en los momentos de mayor desencuentro y lejanía. Y lo hace desde la posición que arriba se describe, la de ser “hijo único“; de no tener con quien comparar o compartir actitudes, momentos familiares, consejos y modos de ver las cosas que todo padre transmite a sus hijos a lo largo de su existencia, quiera hacerlo o no, pues nada es más cierto que “todos somos ejemplo aunque no seamos ejemplares”.

En general, la vida de todos nosotros está influenciada por la educación recibida en el ámbito familiar. La que aquí describe tiene la singularidad de que ese ámbito no era el de una familia unida. Sus padres se divorciaron y cada uno busco su desarrollo personal al margen del otro, si bien no renunciaron al nexo que siempre les mantendría relacionados, el hijo que tuvieron en común.

La trama es real, si bien el autor se permite licencias propias de la ficción. En lo que concierne a la relación con su progenitor es autobiográfica. Según leemos vamos percibiendo que el sentimiento hacia su padre es ambiguo. Han tendio cuentas pendientes y ello ha dejado su poso. Hay reproches sobre las veces que él debió estar y no estuvo, las ocasiones en que sus ausencias se alargaron más de lo que se entendía como debido, la falta de apoyo económico no solo en los buenos tiempos, tampoco en aquellas ocasiones en que su madre quedaba sin recursos o eran muy escasos, -era con está con la que vivía la mayor parte del tiempo-. En este sentido podemos encontrarlo reiterativo, en decirnos una y otra vez que en lo que a su padre concernía no se sentía suficientemente estimado, si bien tampoco acentúa estos desencuentros.  Narra todo con una prosa liviana que permite seguir la lectura sin cansancio. La narración es en primera persona y no utiliza nombre alguno para referirse a los personajes, y no solo a los de sus progenitores, también a cuantos otros puedan cruzarse en el desarrollo del relato.

La muerte de nuestros progenitores siempre se produce de forma temprana. Aunque hayan alcanzado una edad longeva su desaparición dejará inconclusas innumerables situaciones que por unas cuestiones u otras no se han planteado en su momento o si se hizo no han sido suficientemente aclaradas y matizadas. Eso y el saber que ya no se puede acudir al consejo o experciencia que ellos aportaban a tu vida es algo con lo que hay que aprender a vivir. De todo esto es de lo que nos habla Marcos Giralt Torreente. En su caso ademas con el handicap de que su padre no era un desconocido, era un pintor de fama.

Creo que muchos lectores encontrarán puntos comunes con las relaciones que ellos han mantenido con sus padres. Lo que dice afecta a todos, ya que salvo excepciones, con más o menos intensidad las situaciones que nos cuenta son bastantes comunes en toda convivencia filial. Poco parece callarse el autor, lo que hace más creíble la historia. Tristezas, alegrias, encuentros, decepciones; pero eso sí  todo muy bien expresado lo que provoca sentimientos conmovedores y, al menos a mí, empatía.

Marcos Giralt Torrente nace en Madrid en 1968 en una familia de artistas (es hijo del pintor Juan Giralt, nieto del escritor Gonzalo Torrente Ballester y sobrino del también escritor Gonzalo Torrente Malvido). Se lienció en Filosofía en la Universidad Auónoma de Madrid. Su primer libro fue el volumen de relatos Entiéndame, pero la celebridad no le llego hasta 1999, cuando ganó el Premio Herralde de Novela con su novela París. En 2011 gano el Premio Nacional de Narrativa con Tiempo de Vida, la novela que estamos leyendo.

Ha sido escritor residente en la Academia Española en Roma, en la Universidad de Aberdeen, en el Künstlerhaus Schioss Wiepersdorf, en la Maison des Écrivains Etrangers et des Traducteur de Saint Nazaire y en la Santa Maddalena Foundation. Es miembro de la Orden del Finnegans. En 1995 comenzó a colaborar con el periódico El Pais, donde fue crítico literario del suplemento Babelia hasta 2010. Su obras han sido traducidas al inglés, alemán, francés, italiano y portugués, entre otras.

28 días

Cada cual es libre de decidir la clase de persona que quiere ser …. ¿qué clase de persona quieres ser tú?.

Esta es una de las preguntas que se plantean en esta novela que nos relata unos hechos reales acaecidos durante la segunda guerra mundial en Varsovia y más concretamete en el gueto que en dicha ciudad establecieron las autoridades nazis una vez tomada.   Un gueto que ocupaba solo el 2,4% de la superficie total de la capital poláca. Esta tenía por entonces 1.200.000 habitantes. Al gueto fueron a parar todos los judios capitalinos, además de los de otras zonas de Polonia conquistadas por los nazis. También llevaron allí a judios procedentes de Alemania y países limítrofes.

Las conidiciones de vida eran infrahumanas. A la falta de espacio se añadía la escasez de alimentos. Una higiene pésima, enfermedades de todo tipo. La vida en esas condiciones da lugar a situaciones límite, tanto en lo colectivo como en lo personal.

Y es de esto de los que nos habla la historia que David Safier nos transmite. Un relato que nada tiene que ver con los que en él son habituales y donde el humor, la sátira y la ironía tienen su nido.

El título de la novela hace referencia al levantamiento de los habitantes del gueto contra las fuerzas de ocupación alemanas. Duró 28 días, mucho más de lo que había durado la resistencia del ejercito polaco a la invasión nazi de Septiembre de 1939 que finalizó con la total rendición del país.

Los hechos narrados son reales y sintetizan lo descrito por aquellos que sobrevivieron a aquella situación. Para contarlos el autor crea unos personajes imaginarios en los que destacan los de Mira, Amos y Daniel.

                                             Imagen del gueto de Varsovia

Mira es una joven del gueto de solo 16 años que todos los días desafía la vigilancia del mismo y cruza sus muros para lograr alimentos en las calles de Varsovia con los que sustentar a su madre y hermana, su única familia. En una de estas salidas conocerá a Amos, otro joven del gueto que arriesga tambien su vida, si bien lo hace para poder lograr la libertad, tanto la suya como la de otros que como él se  aprestan a luchar. Para Mira nada será igual desde ese momento. Todas las visicitudes que pasarán juntos forman un relato de entrega, amor, heroismo y bravura que sirve para hilvanar el resto de la narración que nos da a conocer como fue la situación de aquellos que la sufrieron y en la que junto con verdaderas acciones heroícas hay otras de vileza, traición y sumisión completa al enemigo.

Y también está Daniel, el novio de Mira, honrado, abnegado, altruista. Una persona a la que se siente muy unida y de la que obtiene las fuerzas necesarias para continuar su arriesgada labor. Mira se verá atrapada por el cariño que siente por estos dos hombre y tendrá que elegir. Será una elección difícil de hacer pero a la que se verá abocada por los acontecimientos.

Lo mejor del libro es como está escrito. Una prosa concisa, amena, con unas descriciones de los diferentes ambientes y personajes realmente notable. Nos hace sentir lo que allí se pasaba, los miedos y anhelos. El amor y el odio. La traición y la abnegación. Nada nos deja indiferentes. Es una historia de supervivencia con todos los elementos que estas conllevan. Emociona y nos hace empatizar con las personas que allí estuvieron y de manera especial con la hermana de la protagonista, Hannah, una niña con una excepcional imaginación que para hacer  más llevadero aquel calvario se inventa un maravilloso cuento, el  de La historia de las setecientas setenta y siete islas.

David Safier nació en Bremen, (Alemania),en diciembre de 1966. Estudió periodismo y se formó profesionalmente en la radio y la televisión. En 1996 comienza a desarrollar su faceta como guionista de televisión. Las series que ha realizado son Mi vida y yo, Nikola y la comedia de situación titulada Berlin, Berlin.

Su actividada como guionista se ha visto galardonada con premios como el Grimme, el Premio TV de Alemania y un Emmy a la mejor comedia internacional en EEUU.

En su faceta de novelista decir que editó su primera obra, Maldito Karma, en 2007. Su siguiente novela fue Jesús me quiere, (2008), que parece será lleva al cine. En 2010 editó en Alemania Yo, mi, me … Contigo. En 2011 vió la luz Una familia feliz y en 2012 ¡Muuu!.

 

La ley del menor

La Ley era clara, su consideración prioritaria era el bienestar del menor. ¿Cuántas páginas y cuántas sentencias había dedicado a este concepto?. La asistencia, el bienestar eran sociales. Ningún niño es una isla. Pensó que sus responsabilidades terminaban dentro de las paredes del tribunal. Pero ¿como podían terminar allí?.

Fiona Mayer una Juez del Tribunal Superior, especializada en derecho de familia se hace estas reflexiones después de conocer las consecuencias de una sentencia por ella dictada. Este pensamiento es el meollo de la novela que el autor Ian Mcewan desarrolla con buen ritmo y buena prosa. De buscar algún defecto a la narración tendríamos que mencionar su meticulosa forma de describir ciertos ambientes, así como diversos detalles sobre la Administración de Justicia en Reino Unido.

Comienza el relato haciendo que el lector entre en la vida familiar de la citada Jueza, Fiona Mayer. Mujer que ronda los sesenta años, casada con Jack, un profesor universitario de su misma edad. No tienen hijos. Viven en una elegante casa en la que en ocasiones acogen a sus sobrinos. Su dilatada vida matrimonial ha entrado hace tiempo en la rutina y monotonía que el tiempo y la dedicación a sus profesiones  introduce en la relación sentimental de algunas personas. En especial en Fiona, mujer que ha logrado alcanzar un  importante grado profesional y a cuyas responsabilidades dedica la casi totalidad de su tiempo.

Jack en cambio siente como este se va acabando y no quiere renunciar a la pasión de una pasión compartida. Al no conseguir este deseo en su compañera ha decidido buscarlo fuera del matrimonio. Lo curioso es que quiere hacerlo con el consentimiento de su esposa. Dice que quiere quemar “su último cartucho“. Ella se niega y él abandona el hogar dejando a su mujer desconcertada.

Esta situación que en otra persona hubiese producido un desajuste intelectual no lo provoca en el caso de la Jueza. Al otro día tiene un juicio difícil. Deberá decidir después de oír a las partes implicadas, sobre la legalidad de aplicar una transfusión sanguínea a una persona, aún menor de edad, que por razones religiosas se niega a recibirla. Tanto el enfermo como su familia y entorno aducen motivos morales basados en sus creencias como la causa de dicha negativa. El menor de edad lo es por solo tres meses, pero los médicos dicen que no pueden esperar a que cumpla los 18 años ya que el riesgo de muerte es alto. Fiona escucha las diversas razones y antes de dictar sentencia toma la determinación de visitar al enfermo, un muchacho bien parecido, inteligente y firme en su postura. Después de esto sentencia a favor del equipo médico. Es menor y la protección del mismo está por encima de otras cuestiones. En realidad estamos en la eterna lucha entre la Ortodoxia religiosa y la Razón. Las sociedades modernas por lo general protegen al menor en estos casos. Pero esto no esconde que en esas sociedades pese a sus adelantos técnicos e intelectuales siguen existiendo focos intransigentes que basan su vida en el cumplimiento de la interpretación estricta de las normas religiosas, llegando incluso a retorcer lo que los libros sagrados dicen para imponer conceptos rígidos que coartan la vida de quien los cree. La libertad de culto tiene estos riesgos que son asumidos por el conjunto social y legislados en la mayoría de los casos bajo preceptos laicos socialmente admitidos.

A partir de aquí toman especial interés las consecuencias de dicha sentencia. Es algo que cambia la vida de Adam Henry que así se llama el menor protegido. La decisión produce una evolución profunda sobre lo que hasta ese momento pensaba que abarca tanto a sus creencias religiosas como a sus relaciones familiares y con el grupo. Ha descubierto un nuevo paradigma, la Jueza, y quiere basarse en ella para vivir su futuro. Intentará que le acepte como discípulo. Es su nueva religión. Por supuesto Fiona no acepta tal cosa, si bien su actuación en este proces deja mucho que desear.seguirá intentándolo, le escribe cartas que ella no contesta y al final le escribe un sentido poema al que Fiona no da demasiada importancia.

A mi manera de ver uno de los momentos más hermosos de la narración se produce cuando Fiona durante un acto cultural en la que con otro compañero interviene como pianista recapacita sobre lo sucedido con Adam. Es la música y el canto de su pareja la que hace que recuerde el postrero poema y recapacitar sobre la responsabilidad que asumió al redactar aquella la sentencia que obligaba a medicar a Adam. Comprende el significado del citado poema que tan a la ligera había leído. Todo este proceso está descrito bellamente, con unas secuencias que mezclan realidad y pensamientos. Me parecieron hermosas y un gran acierto literario.

Dejó para los lectores el final de la historia. El de su relación con Jack y el de su responsabilidad con Adam. Personalmente me gustó lo leído.

Ian Mcewan nació en Aldershot, Hampshire, Inglaterra, el 21 de Junio de 1948.

Estudió en la Universidad de Sussex y en la Universidad de East Anglia. La primera de sus obras que salió a la luz fue la colección de relatos Primer amor, últimos ritos en 1975. En 1997 publico Amor perdurable, considerada por muchos como una obra maestra acerca de una persona que sufre el síndrome de Cerambault. En 1998, y causando gran controversia, le fue concedido el Booker Prize por su novela Amsterdam.

En marzo y abril de 2004, unos meses después de que el gobierno británico le invitara a una cena con la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, el Departamento de Seguridad Nacional de este país le impidió la entrada al mismo por no tener visado apropiado para trabajar (Mcewan estaba preparando una serie de conferencias remuneradas). Solo varios días después y tras hacerse público en la prensa británica se le permitió la entrada, ya que, según un oficial de aduanas le dijo: “Seguimos sin quererle por aquí, pero todo está atrayendo mucha publicidad desfavorable”.

Ha editados novelas, relatos y ficción infantil. Alguno de sus trabajos han sido adaptados al cine.

 

Paisaje de otoño

Por que tu sabes que somos una generación de mandados y ese es nuestro pecado y nuestro delito. Primero nos mandaron los padres, para que fuéramos buenos estudiantes y buenas personas. Después nos mandaron en la escuela, también para que fuéramos muy buenos y nos mandaron a trabajar después, porque ya todos éramos muy buenos y podían mandarnos a trabajar donde quisieran mandarnos a trabajar. Pero nadie se le ocurrió nunca preguntarnos que queríamos hacer……

Por medio de este largo párrafo Leonardo Padura nos trasmite el verdadero sentido de su novela. Una novela policíaca, ambientada en La Habana a finales de los años 90 del siglo pasado y en la que su policía predilecto, el teniente Mario Conde  protagonista principal de otras tres historias anteriores y que seguirá siéndolo en otras tres siguientes; tiene que descubrir no solo al culpable de la muerte del exiliado Miguel Forcade Mier, también el motivo de su asesinato. Y si bien este es el objeto del relato no es lo único que quiere expresar. Para él es más importante el ambiente que rodea al hecho y que tanto tiene que ver con la manera de estar y pensar de los protagonistas del mismo.

Miguel Forcades había sido alto cargo del régimen en los años 60, segundo jefe en la dirección provincial de Bienes Expropiados y subdirector nacional de Planificación y Economía. En 1978 y aprovechando una escala en Madrid cuando volvía de la Unión Soviética se había quedado en aquella ciudad, trasladándose después a Miami donde consiguió reunirse con su esposa, Miriam. Recientemente había vuelto a Cuba en compañía de su esposa. Tenía todas las autorizaciones pertinentes. El motivo de su vuelta era el de visitar a su anciano y enfermo padre, al que no veía desde hacía más de veinte años.

Mario Conde estaba en un momento crucial de su vida. Después de más de veinte años en el cuerpo y debido a una reciente reestructuración en su comandancia, debido a la cual su jefe, el Mayor Antonio Rangel, había sido relevado; Conde había entregado su baja en el cuerpo. Se consideraba ya un civil. Por eso le extrañó la llamada del nuevo comandante, un petimetre según una rápida y personal apreciación. Este le comunicó que su petición de baja había sido rechazada y que si quería que se volviese a considerar tenía que resolver la muerte de Forcades en tres días. Mario Conde acepta el reto y acompañado del sargento Manuel Palacios, su compañero de investigaciones en los últimos años, comienzan las indagaciones que esclarezcan las circunstancia que dieron origen al asesinato del citado Miguel Forcades.

Estas actuaciones llevarán a los policías a contactar con el resto de personajes de la trama. A mi modo de ver la historia esta bien hilvanada, las piezas que la componen nos van llevando a un final lógico dada la catadura de las personas que intervienen. Un avispado lector podrá intuir pasadas las tres cuartas partes de la novela quien pudo cometer el crimen, pero lo novedoso no es el hecho en sí, son las circunstancias que lo rodean y que nos mantienen interesados en la narración durante toda ella.

Paralela a esta detectivesca historia corre otra que confiere singularidad a la obra. Reconozco que es la primera novela que leo del este escritor, pero leída su biografía saco en conclusión de que esto es consustancial en toda su obra. Me refiero a las relaciones de Mario Conde con sus amigos, sus hermanos como él dice. Estas relaciones son aprovechadas para contarnos como es la vida en La Habana bajo el régimen dictatorial de los Castro. Como la escasez de productos está presente y conseguir algunos es toda una aventura. Los problemas de alcoholismo, de desilusión moral, la falta de perspectivas futuras. Padura cuenta todo sin amargura, simplemente expone hechos y deja a nuestro albedrío el juzgar las situaciones en que estos se desarrollan. Hace un profundo canto a la amistad, tanto en las relaciones personales como profesionales. Nos deja entrever la corrupción existente, ahora y desde el principio de la Revolución. Como en un momento dado se puede estar en lo más alto para pasar al olvido en un tris. Las últimas treinta páginas más o menos son reveladoras de todo lo que se vive en un ambiente tan programado y obsesivo como es el de una sociedad planificada hasta el más mínimo detalle.

Incluso para que nada quede en el tintero nos habla de la llegada de un huracán, uno de los muchos que azotan esa zona del mundo llamada Mar Caribe. Flix es su nombre y ocupa un lugar de protagonista en este relato sin que la trama se resienta de ello.

Buena prosa, personajes bien descritos y acordes con el desenlace, con algunas evocaciones históricas interesantes, como es la referencia al Galeón de Manila, hacen que el libro se lea con interés.

Leonardo Padura nació en La Habana en 1955. Sigue viviendo en dicha ciudad, en el barrio de Mantilla, el mismo en que nació. Se define como una persona conservadora, de ahí que no pueda dejar La Habana, en parte debido a que “esa ciudad permite siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.

Hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Vívora, donde conoció a su esposa Lucía. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.

Su primera novela – Fiebre de caballos – básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente. Fue por entonces cuando empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde como protagonista y, mientras lo hacía, se dio cuenta “que esos años que había trabajado como periodista habían sido fundamentales en su desarrollo como escritor. Primero por que me habían dado un experiencia y una vivencia que no tenía y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela”.

Esas críticas que mete en sus novelas policíacas a la sociedad en la que vive las aprendió de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia. “Es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no solo imaginarias”.

La novelas del teniente Mario Conde, policía frecuentemente borracho, descontento y desencantado, han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor, refleja las “vicisitudes materiales y espirituales que ha tenido que vivir mi generación. A través de él ha encontrado la manera de interpretar y reflejar la realidad cubana”.

Tiene también novelas en las que no figura Conde como El hombre que amaba a los perros (2009), donde la crítica a la sociedad cubana alcanza las cotas más altas.

Ha escrito guiones cinematográficos , tanto para documentales como para películas de argumento.

Su obra literaria es extensa y está en posesión de numerosos premios, entre los que destacamos el Premio Café Gijón, 1995; Premio Hammett 1998 y 2006; Premio Raymond Chandler 2009: Premio Nacional de Literatura 2012; Orden de las Artes y las Letras (Francia) 2013; Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2014 y el reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.