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LA MUERTE EN VENECIA
Porque la Belleza, Fedro, tenlo muy presente, solo la Belleza es a la vez visible y divina, y por ello es también el camino de lo sensible, es, mi pequeño Fedro, el camino del artista hacia el espíritu.
No me ha resultado fácil entrar en el contenido de esta obra. Escrita en una prosa excepcional como es característico en las novelas de este autor, el desarrollo de la trama es barroco, lento en exceso y no siempre fácil de seguir.
Gustav von Aschenbach es un escritor de éxito. Se encuentra en la plenitud de su profesión así como en esa edad en que se siente ya cerca el final de la vida, sin que eso quiera decir que las ilusiones, esperanzas y deseos de seguir creando arte hayan acabado. Es un hombre metódico, que no se permite desliz alguno en su modo de vivir. Respetado por sus contemporaneos. En aquel día de primavera siente que la inspiración necesaria para la realización de su labor no acaba de llegar. Está como vacío y considera que un cambio de aires sería muy conveniente a su estado de ánimo. Es pronto para mudarse a su mansión veraniega por lo que decide hacer un viaje al sur, a las cálidas tierras mediterraneas.
Comenzado este viaje una serie de circunstancia terminan con su cuerpo en un exclusivo hotel en la isla de Lido, en Venecia. Es una ciudad que a la vez le embelesa y le horroriza. No es la primera vez que la visita y su experiencia anterior no acabó todo lo bien que hubiese deseado. Venecia es una ciudad hermosa pero su propia estructura urbana, compuesta por canales de aguas no siempre limpias y que con frecuencia destilan un hedor nauseabundo, la hacen incomoda para sus enfermos pulmones que resisten mal tales efluvios. Aún así se instala en dicho hotel si bien parece dispuesto a no pisar la ciudad, o al menos a no separarse mucho de sus mejores barrios. Su idea es relajarse en las terrazas del edificio y pasar el tiempo en la playa exclusiva que el alojamiento pone a disposición de sus clientes.

Nada más instalado descubre a Tadzio. Es un joven de extraordinaria belleza, de unos 12 años de edad. Miembro de una familia polaca alojada como él en el hotel. La imagen de este joven y su impacto en la mente de nuestro escritor será el motivo principal y casi único de la novela. El deseo por contemplar aquel prodigio de belleza hará que tome decisiones que en otro momento no haría. Su propia timidez le impedirá llevar a otros estadios su admiración, pero no deja duda alguna que son sus prejuicios los que le hacen comportase así. Se enamora perdidamente del mancebo y lo que Mann nos describe es la lucha intelectual y psicológica que en su persona se produce desde el momento en que contempla a Tadzio. Este se sabe objeto de deseo por parte de ese huesped reservado y solitario y hará lo posible para mostrarse y que aquel pueda satisfacer sus ansias de ver. Tampoco el muchacho hará nada para pasar de ese estadio.
Por seguirlo en el deambular con su familia por Venecia abandona sus precauciones sobre olores y otro males. Durante su estancia en la ciudad se declara una epidemia de cólera, que las autoridades ocultan para evitar un éxodo de turistas. Pese a tener constancia de esta circunstancia él se queda.
El día que los polacos deciden irse Tadzio baja una vez más a la playa. Allí está von Aschenbach, allí sueña con que al fin tiene con él un contacto. Es eso un postrero sueño, ya que inmediatamente sufre un desvanecimiento y fallece poco despúes. Así termina el relato.
Venecia, von Aschenbach, Tadzio. Son los personajes de esta obra. La ciudad con su decadente belleza, con ese irse apagando poco a poco. Como símbolo de las grandezas humanas y su inevitable deterioro. La Serenísima República, admiración del mundo del renacimiento, hermosa en su lento envejecimiento. Él, el importante y reconocido escritor, autor de importantes obras y como Venecia en sus últimos momentos y Tadzio, nueva belleza, el porvenir, el ejemplo de un tiempo nuevo y la añoranza de lo perdido.
No hay duda de que lo escrito tiene un fuerte componente de homosexualidad, ese deseo de Aschenbach por Tadzio, ese embeleso. Todo tratado con mimo y cuidadosamente. Hay quien asegura que son los ramalazos que el autor tenía sobre su propia sexualidad.
Thomas Mann, nació en Lübeck, imperio alemán, el 6 de junio de 1875 y murió en Zúrich, Suiza, el 12 de agosto de 1955.
Considerado uno de los escritores europeos más importantes de su generación, es recordado por el profundo análisis crítico que desdarrolló en torno al alma europea y alemana en la primera mitad del siglo XX. Para ello tomó como referencias pricipales a la Biblia y las ideas de Goethe, Freud, Nietzsche y Schopenhauer.
A pesar de que su obra más conocida sea la novela La montaña mágica, Thomas Mann recibió el Premio Nobel de literatura de 1929 “principalmente por su gran novela, Los Buddenbrook, que ha merecido un reconocimiento cada vez más firme como una de las obras clásicas de la literatura contemporánea”.
Nació en el seno de una familia acaudalada, Su padre era propietario de una compañía dedicada al comercio de cereales que llegaría a ser senador del Estado. Su madre era de procedencia brasileña y educación católica. Fueron cinco hermanos entre los que está Heinrich Mann que como él fue un famoso novelista.
En 1903 o principios de 1904 conoció a Katia Pringsheim, hija de una prominente familia de intelectuales y artistas de origen judio. Su boda con Katia tuvo lugar en febrero de 1905. Tuvieron seis hijos, todos los cuales llegarían a adquirir mayor o menor relevancia por derecho propio.
La biografía de Thomas Mann es tan interesante como el mejor motivo de sus novelas. Es por ello que animo a leerla despacio en cualquiera de las múltiples entradas que sobre el particular existen en Internet. Resaltar solamente que pese a las dudas sobre su condición sexual, sus escarceos con la homosexualidad fueron evidentes, su boda con Katia fue un total éxito. Ella lo acompañó desde el día de su enlace hasta el día de su muerte, estando a su lado en todos los avatares en los que se vió involucrado, tanto en Alemania como en EEUU, nacionalidad esta, la americana, que había conseguido en Junio de 1944. Su obra literaria es también muy extensa y abarca novelas, narrativa breve o simplemente relatos.
LA LECCIÓN DE ANATOMÍA
Tardé mucho en aprender a atarme los cordones de los zapatos. Por eso, siempre fui una alumna atenta en clase, consciente de mis limitaciones con la matemáticas y de mi falta de habilidad con la costura.
La novela que tenemos entre manos tuvo una primera versión en 2008. Había tenido aquella una buena acogida pero la autora parece ser que no estaba del todo satisfecha con el resultado y decidió editar una segunda parte. No es una reeedición, es mucho más y parece que definitivo.
¿Y que nos cuenta que no hubiese hecho entonces?. Lo que hace es revisar lo ya escrito, ampliar la historia con dos nuevos capítulos y recolocar mejor parte de la narración.
Todo está basado en las propias vivencias de la protagonista/autora. Marta, es ella y el personaje quienes narran dichas vivencias. A traves de lo escrito sabemos como fueron las distintas etapas de su vida, infancia, adolescencia, juventud y madurez. No escatima palabras para describirnos sus recuerdos y hacernos conocer sus íntimos secretos. Como fueron las personas que más influyeron en su formación, -su madre, a la que dedica la novela, su abuela Juanita, su tia Maribel… -. Nos las describe, nos hace ver sus acuerdos y desacuerdos, lo que para ella parecían aptitudes positivas o defectuosas. Lo hace siempre desde el cariño y salpicando las narraciones con humor e ironía, lo que ayuda a que la lectura nos resulte agradable. Sobre la ironía resaltar sus primeros pasos como profesora de español para extranjeros con su alumno, en clases one to one, Mr. Jonathan Cohen, un Corredor de Bolsa británico.
Estructura su obra en tres partes, precedidas de un breve pero significativo capítulo titulado “Aprender a leer el reloj”. La primera, “Vallar el jardín”, recuerda su infancia, la de la pequeña Marta. De como pronto aprende que tiene deberes pero también derechos. Que va al colegio, que se siente maltratada por parte de una de sus profesoras, doña Carmen, al tiempo que fue quien “me ayudó a bajar del guindo y me robó la ingenuidad”. Es un tiempo en el que tomará una importantísima decisión, “ella no será madre”.
Son veranos con cine al aire libre, acompañada de su tia Maribel. Con amigas que serán para siempre y momentos para olvidar. Lo normal; pero que ella positiviza y serán la base de su futuro.
En la segunda de las partes “Los gusanos de seda” aborda su adolescencia. Octavo de EGB. Amores más o menos explícitos, motes sobre su figura o algún rasgo que la define. Una época de sueños y ambiciones que van dando paso a la realidad de lo que es la vida en sí.
Y esa vida se describe en la tercera de las partes, “Desnudo”. Detalla como fue su juventud y edad adulta hasta el presente.
La lección de anatomía puede decirse que es una singular novela de aprendizaje. “A los niños hay que pasearlos por la casa diciéndoles que son príncipes. Después ellos solos se convencen de que no y, al salir al exterior, tienen la oportunidad de ser modestos, de darse cuenta de que la vida es ir perdiendo poco a poco – se van gastando las monedas, las fuerzas y la salud – y de que ganar a cualquier precio no sirve de nada, aunque siempre es necesario conservar esas ilusiones que llegan a destiempo o no llegan”
Al final del libro nuestra escritora manifiesta “El ser humano es su máscara. Ya he mostrado mi máscara”. ¿Es real todo lo que nos cuenta o es solo su máscará?. Da igual. La narración es muy buena, se lee con agrado, no hay autocomplacencia. Es un juego de realidad y ficción. Un juego muy serio que en feliz expresión de Mario Vargas Llosa, es “la verdad de las mentiras”.
Puede sorprender que una persona de la edad de la autora decida publicar un libro basado en su biografía. No parece que su vida sea tan interesante que dé para un relato de ese tipo. No es cierto. Lo cotidiano, lo sencillo puede convertirse en una aventura existencial. Es lo que sucede en esta obra en la que muchos nos podemos ver retratados. En la narración hay momentos que nos acercan a cosas que cada uno de nosotros ha podido vivir. Es su habilidad para contarlo lo que hace que esos momentos, anodinos para la mayoría, cobren un especial sentido si los enmarcamos en el relato vital de una existencia.

Marta Sanz, nace en Madrid en 1967. Es Doctora en Literatura Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid, su tesis se trató sobre La poesía españóla durante la transición (1975-1986). La carrera literaria de Marta Sanz comenzó cuando se matriculó en un taller de escritura de la Escuela de Letras de Madrid y conoció al editor Constantino Bértolo, quien publicó sus primeras novelas en la Editorial Debate. Quedó finalista del Premio Nadal en 2006 con su novela Susana y los viejos. En su obra La lección de anatomía (RBA 2008) utilizó su propia biografía como material literario. Dentro del genero de la novela negra, en Black, blac, black (Anagrama, 2010) creó el personaje del detective homosexual Arturo Zarco, que recupero en Un buen detective no se casa jamás (Anagrama 2012). En 2013 publicó Daniela Astor y la caja negra (Anagrama,2013), donde recrea el mundo de la cultura popular y las actrices de la Transición española como Susana Estrada, María José Cantudo o Amparo Muñoz. Tras su publicación, esta novel recibió distintos premios (el premio Tigre Juan, el Premio Cálamo “Otra mirada” 2013 y el de la página de crítica literaria Estado Crítico).
Ha publicado también cuentos, poesía y ensayos; ha ejercido la crítica literaria en distintos medios, la docencia en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid y ha dirigido la revista literaria Ni hablar. Colabora habitualmente en los periódicos El País y en Público y con la revista El Cultural de El Mundo.
¿POR QUÉ SER FELIZ CUANDO PUEDES SER NORMAL?
Así que seguí leyendo. Y seguí leyendo, dejando atrás mi propia geografía e historia, dejando atrás las historias de niña abandonada y de los ladrillos Nori, dejando atrás al Demonio y la cuna equivocada. Los grandes escritores no eran algo remoto; estaban en Accrington.
Jeanette Winterson es una niña adoptada. Sus padres adoptivos, de clase obrera y pobres, pertenecen a la iglesia pentecostal. Son integristas, especialmente su madre. Define su manera de ser el hecho de tener una pistola en el cajón de los trapos y cocinar dos tartas cada noche para no tener que cumplir con sus deberes conyugales. Su obsesión era el libro del Apocalípsis y tenía cortocircuitado a su marido, un hombre de caracter débil que se plegaba a sus costumbres en aras de la paz familiar. Los libros, salvo la Biblia, estaban prohibidos ya que “nunca se sabe que contienen hasta que es demasiado tarde“.
Esta persona se quejaba continuamente de su hija, tanto en privado como ante desconocidos. Afirmaba que era “una ofensa para el cielo, para los muertos, para la naturaleza“. Una madre que a todas horas aseguraba que se había equivocado de cuna al elegir al bebé -de hecho esperaban que les entregaran un niño-. Con estos apuntes y otros que se citan a lo largo de la historia no parece extraño que la pequeña fuese un ser raro y solitario. Vivía en una casa pobre, cuya figura maternal “no amaba la vida, no creía que nada pudiese hacerla mejor“. Castigos, represión e intentos de educarla en un fundamentalismo pentecostal fue su mundo en aquella temprana edad.
En ese ambiente se educaba Jeanette, una niña inquienta y que desde el momento en que descubrió lo que los libros contenían no quiso más que vivir sus historias y lo que le parecía mejor, contarlas, escribir ella sus propias narraciones y darlas a conocer.
Con estos principios uno puede imaginar el calvario vivido por la autora. A lo anterior se tiene que añadir que el castigo preferido de la Sra. Winterson era expulsar de casa a su hija y dejarla dormir a la intemperie. Hiciese frio o calor, daba igual. En todos los años que vivieron juntas nunca dispuso de una llave de la casa. En ocasiones tenía que pasar la noche en el porche; en otras el regreso de su padre a casa a altas horas de la noche por motivos laborales le permitía entrar y evitar el castigo.
Todos los años de niñez y adolescencia que vivieron juntas fueron para nuestra protagonista un continuo entrenamiento en el arte de la supervivencia. Por que eso fue su vida, supervivencia, hasta que alcanzó una independencia económica que vino acompañada de la fama como escritora precoz.
La situación planteada hizo crisis el día que Jeanette le confesó a su madre que era lesbiana. La reación de la Sra. Winterson fue hacer que un miembro de su iglesia la sometiese a un exorcismo en cuyo transcurso llegó a sufrir un intento de ataque sexual. Aquello rompió definitivamente la convivencia familiar y con solo 16 años abandonó aquel hogar inóspito. Empezaba una nueva vida. Empezaba con mucho esfuerzo la andadura de un camino con el que había soñado desde que descrubrió el contenido prohibido de los libros. Su propio camino como literaria, como escritora de historias. La busqueda de sus sueños.
Se demostró así misma que su capacidad de supervivencia, aquel rudo entrenamiento desde su infancia, había valido la pena. Trabajó tarde y noche, vivió en un destartalado Mini y obtuvo la ayuda de personas que creyeron en ella. Su objetivo era estudiar en Oxford y lo consiguió. Su triunfo literario llegó con su primera novela, Fruta Prohibida, escrita cuando solo tenía 23 años. Siguieron otras con igual reconocimiento por parte del público. Al fin decidió escribir sus memorias, su andadura y su interés por conocer sus origines. Por saber quien había sido su madre biológica. No fue facil. Por el camino quedaron algunos proyectos de vida en común que no llegaron a cuajar. Su orientación sexual siempre fue clara y lo sigue siendo, pero en esto no siempre le sonrió la fortuna o no supieron hacer que la unión de dos personas funcionara.
Universidad de Oxford
El libro cuenta con todo lujo de detalles lo que antes se deja apuntado. Una de las muchas frases que puede leerse en el relato es la que dice que “los niños adoptados nos autoinventamos, por que no tenemos otra salida“. Ella lo hizo en múltiples ocasiones.
Podía haberlo terminado cuando alcanzó la soñada cima de ser una reconocida escritora, pero no lo hizo. Nos cuenta también como después de la muerte de su padre, antes había muerto la Sra. Winterson, ella encontró documentos sobre su adopción. Al tiempo que esto sucedía se rompía la relación con su pareja. Fueron tiempos de aflicción y depresión, incluso con pensamientos suicidas, –suicidarse no es lo peor que puedes hacer, vivir muerto es mucho peor,– dice.
Una afortunada circunstancia, el encontrar un nombre y un teléfono, la supuso poder indagar y obtener la respuesta al interrogante que la dominó desde el principio, ¿porqué había sido abandonada por sus progenitores reales?. Supo que su madre adoptiva la había mentido, su madre biológica estaba viva. No era la persona que había creído ser, huérfana e hija única.
Lo que nos cuenta nos emociona e interesa desde las primeras líneas. Es un relato intimista en el que se intercalan frases y asertos que mejoran la comprensión del mismo. Gusta ver como todo aquel rencor se canalizó de una forma positiva. Como ese mundo mezquino y raquítico quedo anulado cuando descubrió en la biblioteca pública de Accrington los tomos de la literatura inglesa que se leyó de la A a la Z. Y finalmente el encuentro con su familia biológica que la introdujo en una nueva etapa de su existencia. Resalta la importancia de la eduación. Una educación general no solo para ser “objetos utiles”. Para ser personas útiles y creativas.
Animo a leer la historia con interés y a ser posible poniéndonos en los zapatos de la autora. Estoy seguro que gustará y servirá de acicate para conocer otras obras de esta luchadora y extraordinaria escritora.
Jeanette Winterson, nació en Mánchester el 27 de Agosto de 1959. Es una escritora inglesa cuyas obras se pueden situar dentro del ámbito posmodernista.
Lo que fue de su vida adolescente y juvenil queda descrita en la novela que da origen a este post, por lo que repetir aquí lo que en ella se cuenta parece redundante.
Comentar que ha escrito una veintena de obras en las que trata frecuentemente el tema de la homosexualidad femenina o lesbianismo. Esta considerada como una de las mejores escritoras anglosajosa de la época contemporánera.
En 20056 fue condecorada cn la Orden del Imperio Británico. Colabora de forma asidua con publicaciones periódica de su país.
Su vida sentimental ha sido intensa. Tuvo una relación de 12 años con la presentadora de la BBC Peggy Reynolds que terminó en 2002. Luego estuvo ceerca de sesis años, hasta 2007, con la directora de teatro Deborah Warner y a partir de 2009 con la escritora feminista Susie Orbac. Antes de todo esto en los años 80 mantuvo una relación sentimental con la agente literaria Pat Kavanagh -que llegó a dejar por ella a su esposo, el escritor Julian Barnes, aunque después regresó a su lado-. De esta relación surgió la inspiración para su novela Escrito en el cuerpo (1992).
EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA
He recorrido un largo camino, el frio penetra mi ropa gastada.
Esta tarde el cielo está despejado, ¡cómo me duele el corazón!.
Este poema de Seihaku Irako figura en la postrera hoja del libro que nos proponen leer en el Club. Es de lectura fácil, incluso puede parecer demasiado fácil; vamos, una novela romántica que nos narra el amor que surge entre una mujer de casi 40 años, Tsukiko, y su viejo maestro que ronda los 70, Harutsuna.
Pero la facilidad de la narración termina en lo antes expuesto. Muy pronto descubrimos que los personajes tienen una vida interior digna de estudio. Ella es una persona solitaria por propia elección. Ninguna relación con el sexo opuesto le parece suficiente para abandonar su estado. Gusta de frecuentar oscuros bares en los que degusta sus platos favoritos y bebe sake de forma generosa y si bien no rehuye a la gente tampoco busca compañía alguna. Su vida se resume en dos palabras, trabajo y soledad.
El “maestro” ´-así lo llamará Tsukiko en toda la narración-, es un caso similar al comentado para describir a la protagonista. También está solo y también eligió esta forma de vida desde que fue abandonado por su esposa hace ya muchos años. Tiene un hijo que vive en otra ciudad y con el que habla de vez en cuando, pero al que no visita ni desea que él lo haga. Es un hombre chapado a la antigua, con un rígido código moral, elegante en el vestir, de buenos modales y trato amable. Una de sus características es llevar siempre un maletín, donde se supone que guarda aquello que puede necesitar en su día a día. También le gustan las tabernas y la buena comida, y al igual que ella es un generoso bebedor de sake, al que añade con facilidad la cerveza.
Después de muchos años sin verse se encuentran en la taberna de Satoru. Allí se reconocen. El maestro incluso recuerda su nombre y que no era buena alumna en su especialidad, la literatura.
Aquel encuentro significa un cambio en la vida de ambos. Tsukiko siente la necesidad de hablar con él, de contrastar su vida con la suya, lo que el maestro dice o hace le influye de forma importante. Pese a que en ese tiempo le surge un pretendiente con el que incluso llega a planear un viaje, renuncia a él en una reflexión que significa un profundo cambio en su forma de ser y pensar. Una reflexión que le indica que con quiere estar es con el maestro, y quiere esto por el simple hecho de notar su presencia, de sentir sus palabras, de ver sus gestos, de aceptar sus consejos y críticas, de degustar sake en su compañía.
Por el otro lado, el maestro aunque con menos intensidad y con la lógica reserva dada la diferencia de edad, empieza a sentir también la necesidad de tenerla cerca. Se ven en la taberna de Satoru, celestina de encuentros aparentemente casuales. Empiezan así una relación sincera y llena de esperanza.
Habrá discusiones por cosas nimias, separaciones más o menos prolongadas, pero volverán a estar juntos, a disfrutar de sus compañías, a gustarse de sus gustos. Todo eso hace que surja un amor de verdad, lejos de la simple pasión sexual, pero no por ello menos profundo y verdadero.
Y como al principio dije llegados a este punto nos damos cuenta de la habilidad de la autora para llevarnos a un universo romántico que aceptamos de buen grado, alejado de tópìcos, que nos hace vivir lo que ellos viven, que nos hace identificarnos con sus emociones y deseos. Un verdadero acierto en lo que a desarrollo narrativo se refiere.
No dudo que la mentalidad japonesa tiene mucho que ver en la forma de desarrollar el relato. Pero la lectura del mismo hace que disfrutemos de una historia bien construida y narrada, y sobre todo, amable y gratificante.
Hiromi Kawakami nace en Tokio en 1958. Actualmente es una de las escritoras más populares de Japón. Estudió Ciencias naturales y fue profesora de Biología hasta que en 1994 apareció su primera novela, (Kamisama). Sus libros han recibido los más reputados premios literarios, que la han convertido en una de las escritoras japonesas más leídas.
En 2001 ganó el prestigioso Premio Tanizaki por la novela que tenemos entre manos, adpatada posteriormente al cine con gran éxito.
Tiene traducido al castellano Algo que brilla como el mar; Abandonarse a la pasión; El señor Nakano y las mujeres; Manazuru y Vidas frágiles, noches oscuras. Todas ellas editadas por Acantilado.
UNA MADRE
Y es entonces cuando se me ocurre que este baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos tan naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático…, todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad. (76)
Una Madre habla de esto, de una familia, de los lazos que la unen, de cosas comunes, cariños no siempre bien expresados; problemas, también a veces mal expuestos; encuentros y desencuentros; variedad y comunidad. De eso nos habla Alejandro Palomas en las doscientas cuarenta y pico páginas de este libro.
Lo difícil es narrar las circunstancia que rodean a los personajes que componen dicha familia sin que el lector caiga en el desánimo de continuar queriendo ver a donde nos lleva lo que escribe. Y ese es para mi el primer mérito del relato, que interesa, que hace que lo sigamos con anhelo. Y no son personajes fáciles, ni la vida de la familia lo ha sido en todo su tiempo. Mama, personaje central de la odisea en la que estamos inmersos es una persona de 65 años. Hasta hace dos años casada con un hombre estafador, dominante y controlador. Con su voluntad anulada como la del resto de componentes de la unidad familiar. Ahora, libre al fin, ha descubierto un espíritu de aventura y no deja de iniciar cosas. Le ayuda su amiga Ingrid, una mujer que solo conocemos por los comentarios de Amalia, la madre, y que se nos revela como seguidora de algún tipo de vida extraño con influencias orientales.
Sigue su hija mayor, Silvia. También dominante como su padre y que ahora que él no está ha tomado esa función con los galones que conlleva ser la mayor de los hermanos. Soltera aunque viviendo con Peter, un sueco que nunca ha querido que le presentaran a la familia. Es una obsesa del orden y la limpieza. Viaja por trabajo por todo el mundo y es eficiente y cumplidora.
El tercero en discordia es Fer, el narrador de todo lo que pasa. Treinta años. Está viviendo un mal momento desde que su compañero Andrés le abandonó dejándole como recuerdo un cachorro de gran danes de nombre Max, hoy un perrazo de 60 k de peso y su gran amigo. Su trabajo es subtitular películas, además de doblar voces en ellas y prestar esta para anuncios publicitarios. Pero está solo, bueno con su madre, y no se ve con fuerzas para iniciar una nueva relación de pareja.
Enma es la tercera. Es lesbiana. La muerte accidental hace ya un tiempo de su compañera Sara de la que estaba muy enamorada ha influido de forma importante en su vida y manera de comportarse. Su actual amor con Olga, una ejecutiva bancaria, ha logrado paliar en algo aquella situación pero el recuerdo sigue ahí y parece que formará siempre parte de su existencia. Es maestra.
El quinto componente es Tio Eduardo. Hermano de Mama. Es una persona singular. No se llevaba bien con su cuñado y esto hacía que su presencia en reuniones familiares fuese una excepción. Ahora, con su hermana divorciada siempre que puede está en ellas. Eso si, nunca de forma anónima. Él tiene que ser uno de los centros de atención y para ello recurrirá a todo tipo de subterfugios, incluso inventándose situaciones o hechos. Necesita que le hagan el debido y, para él, merecido caso. Es todo corazón. Silvia es su sobrina predilecta y siente por su hermana un gran cariño. Sabe que esta familia, extraña y lejana, él vive en Lisboa, es el puerto al que siempre puede llegar y ser recibido.
Como es fácil deducir de la descripción hecha de los componentes del clan no se puede decir que sea una familia-tipo. Es más, vistos desde fuera se diría que es una familia desestructurada. Ninguno encaja en lo que llamamos parámetros familiares normales. ¿Que les mantiene unidos?. Les mantiene unidos el urdimbre que pacientemente, con sus modales de mujer ingenua y en ocasiones ida, Amalia se afana en colocar para que los demás puedan pasar por el sus hilos llenos de amargura, esperanzas, logros no alcanzados y desamores. Hilos todos que tejen una fuerte tela en la que tienen cabida y en la que el cariño está siempre garantizado. Son conscientes de sus limitaciones, de sus casi siempre fracasos y al tiempo que pueden criticar tal o cual acción puntual de los demás saben asumirla y animar para que no pase a mayores, para que nadie caiga en el hoyo profundo del olvido, censura o desamor. Están vacunados contra todo pesimismo. De esa vacuna se encargó su desaparecido padre, un ser al que pintan despreciable en todos los ámbitos y el motivo por el que la madre les pide una y otra vez perdón, perdón por haberles dado como progenitor a una persona de ese pelaje.
En esa cena de fin de año se cuentan y recuerdan muchas cosas. Hay sorpresas y lo que pudiéramos llamar bromas. Amalia está muy contenta. Tiene a todos consigo y se siente feliz. Es una manazas de cuidado pero no le importa. Ella sabe lo que es sufrir un calvario como lo fue sus años con un hombre que la aniquilaba y despreciaba. Y sabe que ya no volverá a ser así; sabe lo que perdió hasta el momento en que su marido la abandonó y está dispuesta a que no vuelva a pasarle, ni a ella ni a ninguno de los suyos. A eso les anima, Sabe que “no vale esperar a que pase algo para que las cosas cambien, porque por mucho que cambien, si no las miras, si no tiendes la mano para tocarlas, nunca te darás cuenta de que ya no son las que eran.”. Hay que agarrarlas y comenzar de nuevo cuantas veces haga falta.
Es un relato para leer despacio, masticar lo que se dice y ponernos en los zapatos de los intervinientes. Todos los actores de la historia están bien, incluso muy bien, perfilados. Sus personalidades definidas con sus anhelos aspiraciones y miedos. Se nos hacen cercanos y nos afecta lo que nos cuentan. Deseamos que sus vidas se resuelvan y sean felices.
Alejandro Palomas nació en Barcelona en 1967.
Estudio Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona, completando su formación en el New College de San Francisco, donde cursó una maestría en Poesía.
Desde entonces ha trabajado como traductor de importantes autores, así como escribiendo para varios medios de comunicación, actividades que ha compaginado con su pasión por la escritura.
A lo largo de su carrera literaria ha publicado varias novelas, como El tiempo del corazón; El secreto de los Hoffman, (con el que fue finalista del Ciudad de Torrevieja 2008) o El alma del mundo (también finalista del Premio Primavera). Sus dos úlltimos libros, Una madre y Un hijo, han recibido el aplauso de la crítica.
A flor de piel
“No imagino que los anales de la Historia hayan aportado un ejemplo de filantropía tan noble y tan extenso como este” (Edward Jenner .- 1806)
Tenemos que agradecer a Javier Moro que haya escrito esta epopeya. A algunos les refrescará la memoria y para otros, la mayoría me parece a mi, les hará conocer e interesarse por una de las proezas sanitarias más importantes de la humanidad. Los que la llevaron a cabo salvaron millones de vidas y a la postre comenzaron la erradicación de una de las enfermedades que mayor número de víctimas se había cobrado en los siglos en los que su curación era imposible, la viruela.
La historia nos cuenta como se proyectó y llevó a cabo esta gesta. La idea parte de un hombre dotado de una excepcional intuición, fuerte personalidad y una desmedida ambición de gloria, Francisco Xavier Balmis. Sus conocimientos médicos, adquiridos a base de estudio y práctica, son excepcionales. Es además un organizador nato y sabe a quien dirigirse para lograr las ayudas necesarias para la magna empresa que desea realizar. Así alcanza el favor real. Carlos IV le otorgará su placet. El Rey es un hombre ilustrado, comulga con las ideas de Balmis sobre la necesidad de mitigar las enfermedades allí donde se producen y tambien prevenirlas sí, como es el caso, existe la forma de hacerlo. No solo ayuda con dinero y recomendaciones a sus Virreyes de más allá del ancho mar océano, también en la composición del equipo que debe acompañarle. Como ayudante le impone, más que le sugiere, a otro médico bien dotado de conocimientos, el Dr. Josep Salvany. A ellos se les unirán enfermeros y prácticantes y lo más importante de todo, los portadores del fluido de la vacuna. Estamos en principios del siglo XIX y el transporte del preciado fluido presenta muchas dificultades. Existen algunas formas de hacerlo pero no son seguras. Solo una lo es. Debe transportarse de brazo a brazo. Esto es, hay que inocularlo en una persona sana que no haya padecido la enfermedad anteriormente y que tampoco haya estado en contacto con ella. Cuando la pústula se produce habrá que mantenerla durante unos días hasta el momento preciso en que se pueda traspasar su pus a otro individuo de iguales características que el anterior. Así las veces necesarias para llegar con el fluido en condiciones al punto de destino.
Para hacer de portadores se piensa en niños, de unos cuatro a diez años. Las dificultades de encontrar personas que quieran ceder a sus hijos voluntariamente para este fin y más sabiendo que se van al otro lado del mundo, hace que se piense en incorporar como transportistas a niños incluseros. Primero en Madrid, donde se inicia la aventura y luego en La Coruña, de donde parten para América, la organización se hace con el número de niños necesario.
Y es en esta última ciudad donde se incorporará a la expedición una mujer excepcional, Isabel Zendal. Es joven y de origen campesino, lo que no impide que sepa leer y escribir y llevar registros. Es la Rectora de la inclusa de La Coruña. Tiene un hijo de soltera pero aún así es respetada por aquellos que la conocen. Pese a las resistencias de los marinos que componen la dotación de la María Pita, nombre del barco que les llevará al Nuevo Mundo, Isabel se embarca en la aventura. Para ella es la oportunidad de mejorar su condición social. Ya no será una “madre soltera“. El Rey le otorga el título de Doña. Además su hijo podrá llevar sus apellidos. Otro motivo que le impulsa a embarcar es no dejar solos a los niños que hasta ese momento estaban a su cargo en el hospicio coruñes. Sabe que las condiciones a bordo serán difíciles y duras y ella se considera preparada para ayudar a sobrellevarlas.
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La novela además de hablarnos de Balmis, Salvany y otros muchos sujetos que estuvieron en aquella epopeya, lo hace de este personaje femenino, Isabel Zendal. Sin ella no hubiese sido posible finalizar con éxito la gesta. Ella será la base sobre la que Balmis asentará su hazaña. Ella influirá en la forma de actuar y pensar del médico. También en Salvany, más sociable que Balmis y tan excepcional como él, que pese a la incurable enfermedad que padece no duda en partir a esa aventura. Será el encargado de llevar la vacuna a América del Sur. Y sobre todo ella se encontrará a si misma, evolucionará como persona. Será fiel a la encomienda real, pero no volverá a España. Se quedará en Puebla. Con su hijo Benito y con su otro hijo, Cándido de la Caridad, madrileño, inclusero, aventurero, a quíen ella protegió desde el principio. Su historia nos emociona de principio a fin. Sin lugar a dudas fue una extraordinaria mujer.
La narración está escrita de forma muy amena. Engancha y no deja indiferente. No es lógico que una persona real como Isabel Zendal sea desconocida para la mayoría de los habitantes de La Coruña. Hoy en día, la Escuela de Enfermería de la Facultad de Medicina de Puebla lleva su nombre y la Organización Mundial de la Salud en 1950 la nombró “primera enfermera de la Historia en misión internacional“. El Premio Nacional de Enfermeria, que cada año concede el Gobierno de México, lleva el nombre de Isabel Cendala Gómez.También la Asociación de Enfermería Comunitaria y la Cátedra Balmis de Vacunología de la Universiad de Alicante han firmado un convenio específico para la creación del Premio Nacional de Enfermería “Isabel Zendal y Gómez, Contrastan todos estos recuerdos y méritos con que en la ciudad que le dió la responsabilidad de dirigir su inclusa y la vió partir hacia un incierto destino, solo tiene dedicada a su memoria una pequeña calle en el barrio viejo, la calle de Isabel López Gandalia, y una placa en el balcón Balmis en el museo cientifico Casa del Hombre.Domus
Javier Rafael Moro Lapierre, nació en Madrid el 11 de Febrero de 1955.
Estudió el bachillerato en el Liceo Francés de Madrid. Desde muy joven viajó con su padre, ejecutivo de la TWA, a países de África, Asia y América. Estos viajes en los que descubre el mundo constituyen los mejores recuerdos de su infancia y dejan una huella que aparecerá más tarde en sus libros.
Entre 1973 y 1978 estudia Historia y Antropología en la Universidad de Jessieu. Ha trabajado como invesigador en varios libros de Dominique Lapiérre -del que es sobrino carnal- y Larry Collins. También ha coproducido películas basadas en la obra de Ramón J. Sender, (Valentina y 1919; Crónica del alba).
Para escribir su primera novela, Senderos de libertad, viajó durante tres años por la Amazonía en avioneta, canoa, autocar e incluso a pie, para poder reconstruir la historia de Chico Mendes, un humilde cauchero que se convirtió en símbolo internacional de la defensa del medio ambiente.
Su secunda novela, El pie de Jaipur, apareció tres años más tarde y es la primera en estar ambientada en Asia. La periodista y escritora Maruja Torres dijo de esta obra “debería leerla todo el mundo porque trata, como alguno de los múltiples seres reales que lo pueblan dice en algún momento, de lo importante que es ‘lo que hacemos con lo que nos queda’. O sea de la superación de frustraciones”.
A esta le siguieron otros tres libros cuya acción transcurre en ese continente: Las Montañas de Buda, Era medianoche en Bhopal, Pasión india y El sari rojo, que según ha explidado “es la historia dramatizada de la familia Gandhi a traves de los ojos de Sonia“
Su septimo libro, El imperio eres tú, vuelve a estar ambientado en América del Sur. Es la novela que le valió el Premio Planeta 2011
En 2015 publica “A flor de piel”
Es Patrono de la Fundación “Ciudad de la Alegría”.
…. la locura era una forma agradable de construirse universos propios cuando no nos gustaba el que teníamos alrededor, y era este un pensamiento acertado, porque era lo que de igual manera le ocurría a mi hermana Lucía, …. (117).
1934 – Levantamiento minero en Asturias.
¿Detras o frente a la pared?, dice ella. “Es lo mismo”, “No, no es lo mismo, ¿viste ese dibujo que te muestran y tenés que decir si ves una mujer vieja o una mujer joven?” “Sí, yo vi la joven”, dice él. “La pared de la Cascada es lo mismo” dice Romina y recorre el círculo con la rama. “Uno puede mirar lo que la circunferencia deja dentro o puede mirar lo que deja afuera, ¿entendés?. “No” “¿Cual es el adentro o el afuera?” Juani la escucha pero no dice nada. “¿Nos encerramos nosotros o encerramos a los de afuera para que no puedan entrar?.
Un
Claudia Piñeiro nació en
Yo he olido esta tierra, me la he puesto en la nariz para tratar de saber – por el olor – por qué la queremos tanto.
Las palabras también pueden ser los emisarios más inadecuados de nuestros sentimientos.







