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Por amor á arte
Se es un amante da pintura, adoras os museos, se che interesan as historias que se esconden detrás dos cadros, sentes curiosidade por coñecer o mundo do mercado da arte… na biblioteca Ágora ofrecémosche unha selección de libros que che van a entusiasmar:
Entre os libros de información, biografías rigorosas e documentadas sobre grandes artistas da historia; manuais de historia da arte; estudos críticos sobre aspectos concretos deste mundo; ensaios sobre beleza, creación, estética… E unha selección especialmente importante para nós: libros de arte con mirada de xénero, que falan de pintoras que foron quén de abrirse paso nun mundo que as recluía á escena doméstica. Que triunfaron pese a todo, e contribuíron co seu traballo a revolucionar o mundo da arte. Sorprenderanche as súas historias e as súas magníficas obras.



Pero sobre todo ofrecémosche obras literarias: porque moitos escritores e escritoras de gran talento, tamén amantes da arte, recrearon as vidas destes pintores e pintoras nos seus escritos, ou se inspiraron nas súas obras, ou en pequenas anécdotas máis ou menos coñecidas, para ofrecernos as súas propias creacións:


Novelas biográficas de grandes pintores e pintoras de todos os tempos e estilos. Algúns deles ( Velázquez, Caravaggio, Miguel Ángel…) triunfaron pronto, ás veces co apoio de grandes mecenas cos que tiveron complicadas relacións. Outros (Van Gogh, Monet…) só obtiveron recoñecemento despois da súa morte, e hoxe rompen unha e outra vez os teitos de cotizacións do mercado da arte… Innovadores, rebeldes, atormentados… uns poucos ( Maruja Mallo, Urbano Lugrís…) moi próximos a nós.
Narracións sobre personaxes ficticios vinculados á escena artística, ou inspiradas en pequenos detalles dos lenzos; novelas sobre o mercado da arte: coleccionistas, subastas, fraudes…. Novelas románticas, de intriga, e tamén, por que non, novelas de humor. Inxeniosas e provocadoras obras de teatro que aportan a súa mirada crítica sobre este mundo, e cómics de recoñecidos autores…
E por último, unha mirada á pintura desde o sétimo arte, cunha selección de películas sobre os artistas e as súas obras da man de grandes directores de cinema.
Na guía de lectura que aquí te presentamos podes tés unha boa mostra do que podes atopar. Só tés que facer clic para acceder a ela en formato dixital.
Guía de lectura “Por amor á arte”
Neste link podes descargala en pdf “Por amor a arte: guía de lectura”
E xa sabes: Ata finais de outubro, a biblioteca Ágora vístese de arte. Un magnífico momento para visitala.
Aprovéitao!!!
EL VESTIDO AZUL
“¡Que fuerte y alegre era yo por aquel entonces!
¡Cuanto reía! ¡Que saber estar! ¡Y qué hermosa
era también! Y despues llego la vida…
Y aquí me ve usted ahora, sometida
y obediente.”
Estos versos de Paul Claudel, hemano menor de Camille Claudel nos sirven para introducir la narración que sobre la figura de Camille y de su atormentada y tormentosa vida hace Michéle Desbordes la autora de la novela que nos ocupa.
En ella de una manera obsesiva nos relata los hechos, pensamientos, formas de actuar, emociones, estados de ánimo e incluso locura que componen las relaciones que en su momento mantuvieron Camille y Rodín. Alumna y maestro, amante y amado. Es una lectura densa, que describe todo lo antedicho de una forma precisa y en ocasiones preciosa, sin ahorrarnos momentos de placer, de alegría, penosos, trágicos y de abandono.
El tiempo de la novela se desarrolla entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Es una época en que el reconocimiento artístico para una mujer no era fácil y menos si se dedicaba a un arte como la pintura y la escultura. De lo que leemos deducimos que Camille tenía el don de moldear la arcilla o la piedra de forma magistral, una imaginación extraordinaria y una habilidad innata para hacerlo. A esto había que añadir que era una persona atractiva, si bien no parecía muy preocupada por su aparciencia. Rodin se da cuenta de sus facultades cuando ella entra en su taller como alumna. Se da cuenta al tiempo que se enamora de ella. Para Camille es un sueño ese amor. Dejará de lado todo lo que no sea complacerle pese a que él es una persona ocupada en multiples asuntos en diversas ciudades y naciones del mundo, lo que le obliga a viajar y estar ausente por largos periódos. También él tiene otra amante, con la que tiene hijos. Todo ello no es obstáculo para que Camille le adore y él se deje querer.

Esta relación es desigual en un aspecto importante. Mientras que él es ya un afamado escultor, reconocido y recompensado por ello, ella no pasará de ser una mujer que hace figuras de arcilla, terracota, metal o marmol. Obras de un evidente valor pero que al estar moldeadas por una mujer y no figurar entre los elegidos en este arte pasará desapercibida sin que su amor haga nada por evitarlo. Hoy este proceder nos parece mezquino pero en aquel tiempo, – no tan lejano-, era algo normal y aceptado socialmente.
La autora hace un excelente uso del lenguaje. No da descanso al lector que debe asimilar toda la “tragedia” que aquí se cuenta. Es un relato intimista, en el que se refleja toda la potencia del alma femenina. Son unos amores sin esperanza y al tiempo ella los vive con esperanza, con la esperanza de que las cosas cambien y al final la vida acomode lo que no tiene posibilidad de encaje alguno.
El lector deberá juzgar lo leido y sacar sus propias conclusiones. La autora no lo hace. Es sorprendente lo que cuenta, pero más sorprendente es como lo hace. No es fácil de leer, pero no cabe duda que es bonito hacerlo.
Michèle Desbordes (4 de agosto de 1940, Saint-Cyr-en-Val ( Loiret ) – 24 de enero de 2006, Baule (Loiret), de 65 años) fue
una escritora francesa. Curadora de bibliotecas universitarias, recibió varios premios por su historia La Demande dedicada a Leonardo da Vinci .
Estudió literatura en la Sorbona. En 1994 fue nombrada directora de la Biblioteca Universitaria de Orleans. Desde su casa en Baule escribió poemas y novelas.
Me llamo Rojo
La ceguera es el silencio. Es lo mas profundo de la pintura es ver lo que aparece en la oscuridad de Dios.
Orhan Pamur nos presenta en la narración un conjunto de escenarios muy diversos y al tiempo unidos por la importancia que para los grandes personajes de la historia otomana, -cuando su imperio era uno de los mayores del mundo-, tenían los libros. Y no cualquier libro que contase cualquier historia. No era esta la que marcaba la importancia del volumen, que la tenía; era la representación que de dichas historias hacían los ilustradores, era la belleza del colorido de sus páginas. Este gremio de artistas durante muchos años, prácticamente toda sus vida, se dedicaban a perfeccionar este oficio, por el que eran reconocidos y recompensados con dádivas y mejoras en su manera de vivir.
A estos ilustradores en occidente les llamaríamos pintores. La diferencia es que mientras nuestros maestros pictóricos plasmaban la realidad que veían, aquellos lo que representaban era esta realidad idealizada, no exactamente lo que observaban, si no lo que el escribano había querido relatar e incluso obligaban a este a que después de efectuada la ilustración la justificasen en el relato que estaban realizando.
Nos describe en consecuencia un mundo poco conocido y sin lugar a dudas sujeto a las virtudes y defectos que toda actividad artistica tiene, disposición, entrega, desesos de superación y al mismo tiempo envidias, rivalidades y las influencias que la fe islámica tiene sobre la respresentación de humanos en sus pinturas, lo que puede llevar, como es el caso a considerar justificable el asesinato de aquel o aquellos que intentan tal empeño, aunque este venga del deseo del mismisimo Sultán.
A través de los distintos capítulos, Orhan Pamuk nos va presentando los personajes que intervienen en la trama. El relato de sus vidas, azañas o deseos nos describe como era aquel Estambul del citado siglo XVI, no solo eso, también los acontecimientos políticos que se producian, guerras, alianzas, traiciones, etc.. Conocemos mejor ese mundo oriental que, salvo para una minoría, ha pasado desapercibido cuando hemos estudiado la Historia de nuestro mundo occidental, salvando la dominación de parte de Europa por los otomanos.
También a mi modo de ver lo hace de una forma muy arabe. Cada capítulo es un cuento en sí mismo. Y aún cuando al final todos tienen una justificación en la busqueda del Maese Donoso, el desaparecido ilustrador cuya muerte se narra al principio de la novela, acompaña este deseo una serie de historias personales que nos atraen y cuyos resultados finales también nos agrada conocer.
Personalmente la lectura no la encontré fácil. Hay muchas referencias a ciudades, nombres y hechos de los que bien poco sabemos o simplemente desconocemos. Por supuesto para aquellos que les guste bucear en esas esquinas de la historia el libro es una mágnifica guia.
Ferit Orhan Pamuk (Estambul, 7 de junio de 1952) es un escritor turco, Premio Nobel de Literatura 2006.
Nació en el seno de una familia acomodada (su padre era ingeniero), residente en el occidentalizado barrio de Nişantaşı de Estambul, similar a los que describe en algunas de sus novelas. Cursó la secundaria en el norteamericano Robert College de su ciudad natal y después comenzó a estudiar arquitectura, pero tres años más tarde abandona la carrera para dedicarse a la literatura a tiempo completo. En 1977 se graduó en el Instituto de periodismo de la Universidad de Estambul, aunque nunca ejerció la profesión. Entre 1985 y 1988 residió en Nueva York y trabajó como profesor visitante en la Universidad de Columbia mientras su esposa, la historiadora Aylin Türegün, estudiaba allí mismo. Posteriormente regresó a Estambul. Pamuk es musulmán cultural. El matrimonio con Türegün se extendió desde 1982 hasta 2001; en 1991 nació su hija, Rüya.
Sobre su vocación ha dicho: “Me acuerdo perfectamente del momento en que quise ser escritor. Fue una tarde de marzo o abril, en la primavera de 1973. Agarré un papel y un bolígrafo y me puse a escribir. Así fue. Recuerdo haber leído El extranjero, de Camus, y a pesar de que no influyó en mi escritura pensé que me iba a ayudar a ser escritor”. Y sobre el momento en que abandonó arquitectura: “Yo tendría 23 años y le dije a mi familia y a mis amigos que no iba a ser el arquitecto o pintor que todos ellos querían, sino un novelista. Todos me dijeron que no lo hiciera, que yo no tenía ni idea de la vida. Creo que pensaban que iba a escribir una sola novela. Pero les dije que existían Borges y Kafka, y que ellos tampoco tenían ni idea de la vida… Las novelas, me parece, son una forma inédita de ver la vida. Solo ahora, después de todo este tiempo, confieso que cuando mi familia me dijo que yo no sabía nada de la vida, tenían razón. En ese momento no sabía nada”.
Aunque su carrera como escritor se inició a finales de los años 70, y su primera novela se publicó en 1982, su obra comenzó a tener repercusión internacional con la novela El astrólogo y el sultán (Beyaz Kale, 1985), alabada por el estadounidense John Updike, y alcanzó su consagración definitiva con Me llamo Rojo (Benim Adım Kırmızı, 1998), una novela que combina la narración de misterio, la historia de amor y la reflexión filosófica, ambientada en el Estambul del siglo XVI, bajo el reinado del sultán Murad III.
Pamuk fue llevado a juicio en diciembre de 2004 por «insultar y debilitar la identidad turca» (artículo 301 del código penal), en una entrevista a un periódico suizo en la que pronunció la siguiente frase: «En Turquía mataron a un millón de armenios y a 30 000 kurdos. Nadie habla de ello y a mí me odian por hacerlo». La primera sentencia le impuso una condena condicional de seis meses, durante los cuales debía abstenerse de cometer delitos para poder mantener su libertad. Se reafirmó en sus palabras en octubre de 2005.2 En enero de 2006 un tribunal abandonó el proceso judicial.3
La posición cívica de Pamuk ante los derechos humanos, particularmente ante los problemas armenio y kurdo en Turquía, lo han convertido en un personaje que genera polémica en su patria, y mientras allí unos lo admiran otros lo consideran un traidor. El gobierno turco se ha negado a admitir que cometió un genocidio contra los armenios en 1915. La campaña de odio desatada en su contra en Turquía después de aquella entrevista lo obligó a abandonar el país por un tiempo. Ya antes, en 1995, estuvo entre el grupo de escritores juzgados por sus ensayos en los que criticaban al gobierno por su política con los kurdos.
Tras el asesinato del periodista turco-armenio Hrant Dink, ocurrido en enero de 2007, y las amenazas de muerte que recibió, Pamuk abandonó nuevamente su patria. Algunos medios turcos, como el diario Aksam, le acusaron de haber utilizado el asesinato de Dink como un pretexto para ir a Estados Unidos a ganar dinero dando conferencias en la Universidad de Columbia. Las acusaciones fueron negadas por Fatih Altayli, director del diario Sabah, calificándolas de “chisme”. Pamuk regresó a su ciudad natal en abril de ese mismo año para escribir su siguiente novela, Masumiyet Muzesi (Museo de la inocencia).4
En una entrevista concedida al semanario alemán Der Spiegel,5 al inicio de una gira de lecturas de su obra por Alemania, menciona que tras la muerte de Dink, muchos intelectuales cayeron en una depresión profunda y que para él personalmente fue un choque terrible. Por eso prefirió distanciarse de los hechos, concurriendo a las cátedras en la Universidad de Columbia de Nueva York. La cancelación repentina de lecturas de su obra en Alemania en febrero de 2007 se debió a que, por lo reciente de los hechos, se le iba a estar cuestionando constantemente; además, las amenazas de muerte les otorgaría una relevancia que él no pensaba darles. Aseguró que aquella cancelación no se debió a que dudara de la eficacia de los cuerpos policiacos alemanes para prevenir los posibles ataques de grupos islamistas residentes en Alemania.
Sus estancias académicas en Estados Unidos han sido siempre productivas. Allí concluyó su más reciente novela (El museo de la inocencia) y en 1990 El libro negro, su primer éxito internacional. Por otro lado, aunque han existido amenazas de muerte de turcos fundamentalistas, Pamuk considera que nada ni nadie lo obligará al exilio.
El 12 de octubre de 2006 Pamuk ganó el Premio Nobel de Literatura como un escritor que, «en búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal, ha encontrado nuevos símbolos para reflejar el choque y la interconexión de las culturas», según dice el veredicto de la Academia Sueca.6 Es el primer turco que recibe este galardón. Sus obras han sido traducidas a más de 40 idiomas.
El 28 de abril de 2012 abre sus puertas en Estambul el Museo de la Inocencia basado en su novela homónima (El museo de la inocencia, Mondadori, 2009) en el barrio de Cihangir, en Beyoglu.7
La hija del sepulturero
En la vida animal a los débiles se les elimina pronto. Has de ocultar tus debilidades no nos queda otro remedio.
El prólogo de alguna de las entrevistas que la autora ha concedido indica que ella no tuvo como Alicia, la del país de las maravillas, -un libro que según nos dice cambió su vida -, no tuvo, repito, que cruzar el espejo para descubrir otros mundos: la vida cotidana en el siglo XX con su violencia, sus terrores y sus miserias. Ella se ha basado en estas para novelar el pasado y así iluminar el presente. En este sentido La hija del sepulturero resulta la primera incursión en su biograría más íntima.
Confiesa que la novela es una reinvención de la vida de su abuela, Blanche Morgenstern, cuya vida le parece realmente asombrosa.
La protagonista en la ficción es Rebecca, el alter ego de dicha abuela. Una persona que ha sufrido abusos desde su infancia y también en su matrimonio, algo muy común en aquellos tiempos y en estos, tal como prueban la denuncias que a diario se producen de hechos de violencia de genero.
Para escapar de ese clima de violencia y degradación Rebecca se reinventa a si misma. Toma voluntariamente la decisión de romper con su vieja y trágica herencia judia y europea, para convertirse en una americana de sonrisa radiante, encantadora y llena de esperanzas. Ella trata de adaptarse al medio, a sus nuevas circunstancias, cumpliendo lo que Darwin consideraba la primera regla para sobrevivir.
Ella Rebecca Schwart ha nacido en Estados Unidos por un capricho del tiempo. Su madre dio a luz en un barco, apestoso y lleno de tristeza, cuando toda la familia venía de Alemania hacia América tratando se salvarse de la persecución Nazi. Son de origen judio. Algo que le persiguirá en su nueva morada y por el que serán objeto de desprecio y burlas.
La vida familiar en Alemania era acomodada. Su padre Jacob era profesor y su madre una simple ama de casa que sabia tocar bien el piano. Rebecca tiene dos hermanos mayores cuyo comportamiento deja mucho que desear. Al llegar a EEUU y una vez pasados los trámites de acogida acaban en Chautauqua, un condado del estado de Nueva York, al lado del lago Erie. Allí, en Milburn, consigue un mísero puesto de trabajo, sepulturero. Aparte de un salario que a duras penas cubre las necesidades familiares, el puesto tiene aparejado el poder vivir en una casa dentro de los límites del cementerio sin tener que pagar estipendio alguno. Para la familia Schawrt es pasar del todo a la nada, pero aún así su padre acepta el puesto e intenta cumplir su cometido con la mayor eficencia posible. Un hecho importante es que impide a sus allegados hablar en alemán. Desde la llegada a América el idioma debe ser el inglés. Es una dificultad más en la adaptación a la nueva situación que causará múltiples problemas y atrasos en la integración de todos y en la educación de los hermanos de Rebecca.
Jacob el padre era un esposo violento, desesperanzado y sombrío. Esa frustración se transformó en violencia física hacia todos y en una total dominación de la voluntad de su esposa e hijos.
En ese ambiente crece nuestra protagonista. El relato de su vida es la base del libro que nos detalla a una persona llena de secretos y un fuerte deseo de superación y supervivencia. Nos cuenta la violencia familiar ya comentada, cambio de personalidad, revelaciones inesperadas y redenciones finales. Pasando por sexo apasionado, un prodigio musical, etcétera. La autora narra todo esto con una imaginación y maestría que nos hace caer en sus redes literarias sin que apenas lo notemos.
Joyce Carol Oates (Lockport, New York, 16 de junio de 1938) es una novelista, cuentista, autora teatral, editora, y crítica estadounidense, que también utiliza para escribir los pseudónimos de Rosamond Smith y Lauren Kelly. Desde 1978 es profesora de escritura creativa en la Universidad de Princeton (Nueva Jersey).1
Creció en el campo, en una granja, asistiendo a la misma pequeña escuela que lo había hecho su madre. Empezó a escribir con una máquina de escribir regalo de su abuela, cuando contaba 14 años de edad. Pronto destacó en los estudios y trabajó en el periódico de su instituto, el Williamsville High School. Obtuvo una beca para la Universidad de Syracuse. Allí ganó su primer galardón literario en un concurso patrocinado por la revista Mademoiselle; tenía diecinueve años de edad. Tras graduarse en 1960, obtuvo un posgrado en la Universidad de Wisconsin-Madison, en 1961.
Enseñó en la Universidad de Detroit, y logró publicar su primera novela, With Shuddering Fall a los 26 años. Su novela them (sic) recibió el National Book Award en 1970. En ese momento Oates empezó a enseñar en la Universidad de Windsor (Windsor, Ontario, Canadá), donde permaneció hasta 1978. Desde entonces ha publicado una media de dos libros por año, la mayoría novelas. Sus temas son variados: la pobreza rural, los abusos sexuales, las tensiones de clase, el afán de poder, la niñez y adolescencia de las mujeres, y también el terror sobrenatural. La violencia es una constante en su obra, hasta el punto de que el tema movió a Oates a escribir el ensayo: Why Is Your Writing So Violent? Y fue muy apreciado su ensayo sobre el deporte del boxeo, On Boxing.
Su muy antologizado cuento Where Are You Going, Where Have You Been?2 (1966), estaba dedicado a Bob Dylan.3 La autora afirmó que escribió la historia después de oír la canción de Dylan “It’s All Over Now, Baby Blue“.4 El cuento está lejanamente basado en las andanzas de un asesino en serie Charles Schmid, también conocido como “The Pied Piper of Tucson”.5 Fue la base para la película Smooth Talk, protagonizada por Laura Dern.
Es miembro de la asociación Mensa.6 Y también de la mesa directiva de la fundación John Simon Guggenheim Memorial Foundation. Desde 1978 es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras. Ha sido y es candidata al Premio Nobel de Literatura.
Trabajó asimismo como editora asociada de varias publicaciones editadas por su primer marido, Raymond J. Smith, que murió en febrero de 2008, tras 48 años de matrimonio; esa experiencia ha sido narrada en A Widow’s Story (Memorias de una viuda, 2011), que es el relato de un duelo prolongado, seguido de una reflexión sobre los huecos existentes en su pasado, al descubrir papeles familiares. En marzo de 2009 se casó con un neurólogo, profesor como ella en Princeton.
Estilo y temas
Ya desde su primera novela With Shuddering Fall de 1964, Oates ha construido un corpus literario en que se mezclan los elementos góticos con la aguda observación social. Sus trabajos, como se ha visto, reúnen los elementos típicos de este género de historias: las fuerzas inconscientes, la seducción, el incesto, la violencia, incluso la violación, a veces llevados a extremos sensacionalistas. En sus obras aparecen distintas épocas y paisajes, como la recreación del ficticio Eden County, que recuerda el condado de Yoknapatawpha, de William Faulkner; ha ambientado también la vida académica, los bajos fondos de Detroit, o los apartados bosques de Pensilvania. Si bien novelas como A Bloodsmoor Romance (Las hermanas Zinn), The Mysteries of Wintherthurn y Kindred Passions se alejan de estos lugares y épocas exóticos para acercarse a temas de actualidad como el feminismo o la exploración de las ambigüedades y fantasías sexuales.
Algunos de sus libros se remontan a sucesos y circunstancias de su propia familia: Mamá; y sobre todo La hija del sepulturero.
Recientemente ha publicado Una hermosa doncella (2010), Mudwoman (2012), así como Daddy Love (2013), The Accursed (2013) y Carthage (2014).
Influencias
En 2001, Oates afirmó que es una cuestión difícil la de las influencias que ciertas obras ejercieron sobre ella, pues estas “son muy variadas”.7 Sin embargo, tanto de contenido como de estilo en su libro de ensayos The Faith of a Writer, Oates nombra al Lewis Carroll de Alicia en el país de las maravillas como su mayor influencia. Fue amor a primera vista.8 Pero hay que citar a maestros como Henry James, Henry David Thoreau, Flannery O’Connor y William Faulkner, o incluso al poeta Bob Dylan.
Admiró mucho a la poetisa Sylvia Plath y describió la única novela de ésta, The Bell Jar, como “una obra de arte casi perfecta”. La crítica ha comparado a ambas autoras, pero Oates siempre ha desaprobado el exceso de romanticismo de Plath, por ejemplo en lo tocante al suicidio, aunque destaca el diseño de algunos de sus personajes, plenos de astucia y grandes “supervivientes”. Mantuvo durante muchos años correspondencia regular con John Updike.9
Pero hay otros registros suyos manifiestos. La preocupación de Oates con la violencia y otros tópicos tradicionalmente masculinos le ha granjeado el respeto de autores como Norman Mailer. En sus correrías por la literatura tétrica admite el lejano ascendiente de Franz Kafka, aunque también se siente muy próxima al hacer de James Joyce. En todo caso, es una buena lectora (como muestran bien sus ensayos) y además muy ecléctica, lo cual tiene asimismo sus limitaciones.7
Está en posesión de numerosos premios y distinciones.
Como curiosidad y anécdota señalar: “Es un monstruo al que debería decapitarse en un auditorio público, en el Shea Stadium o en un campo de exterminio junto con cientos de miles. ¡Es la responsable de todos los graffiti en los lavabos de caballeros y de señoras y en todos los retretes públicos de aquí a California ida y vuelta, parándose en Seattle por el camino! Para mí, es la criatura más odiosa de Norteamérica… La he visto y verla es odiarla. Leerla es vomitar… Creo que es esa clase de persona… o de criatura… o de lo que sea. Es tan… ¡ugh!”. Quien así se expresó, en una entrevista, fue el escritor estadounidense Truman Capote. Y a quien se refería era a Joyce Carol Oates.” . Toda una demostración de cariño y ………., bueno, queda a la opinión del lector.
DOS CIUDADES
Con la lectura de este libro, el Club de lectura de Castrillón damos comienzo al curso 2017/18.
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Si los hombres se dividen en sedentarios, emigrantes y los que no tienen hogar, probablemente yo formo parte de esta última categoría, si bien la concibo de un modo archimaterial, sin una sombra siquiera de sentimentalismo o autocompasión.
Divide su libro en tres partes: Dos ciudades; Archivos abiertos y El nuevo pequeño Larouse
Adam Zagajewski autor de este libro, es esa persona que no se siente de ninguna parte. Y esto ocurre por dos principales motivos, haber nacido el año que finalizó la segunda guerra mundial y haberlo hecho en una ciudad Lvov de la que partió con su familia hacía Gliwice cuando solo contaba cuatro meses de edad. Estas dos circunstancias marcarían de forma difinitiva su desarrollo intelectual.
No voy a ser prolijo en comentarios sobre el motivo por los que la población polaca de Lvov, ciudad por ellos mitificada desde ese momento, hubo de traladarse a la “horrenda” urbe de Gliwice. Los habitantes de la primera no aceptaron el haber sido deportados y haber perdido su estatus, aunque este fuese de poca importancia. Ellos eran una élite y en este nuevo enclave decidieron seguir siéndolo. Ellos venían de un paraiso de cultura y belleza y la nueva ciudad era un antro de personas simples e incultas que no sabían apreciar lo hermoso que la vida ofrece, literatura, música, pintura, parques, espacios idílicos. Aquí, en la minera e industrial ciudad de Gliwice todo era feo, calles, plazas, urbanismo en general y sus afueras solo eran un conjunto de escombreras de las minas que rodeaban este lugar. El relato de como aquellos ciudadanos de Lvov seguían tratándose como si continuasen ejerciendo sus antiguas actividades es una de las sorpresas que esconde la lectura de la historia. Nos cuenta como paseaban por las calles de su nueva ciudad pero en su fuero interno veían aquellas que habían sido obligados a dejar. Será algo que se vaya perdiendo según las personas que así lo sienten vayan desapareciendo por el orden natural de la vida, pero en el interín seguirán viviendo una enteléquia que les ayudara a soportar su existencia real.
Nuestro autor no está en esta circunstancia, solo tenía cuatro meses cuando abandonó Lvov. Pero su entorno influirá en su forma de ver las cosas. Al tiempo él verá la ciudad en la que vive de forma distinta, tal como es, con sus aciertos y errores, sus zonas bella y feas. Igualmente se relacionará con su gente y poco a poco sacará sus propias conclusiones. Y son estas las que le llevan a escribir el texto que tenemos entre manos.
Nos encontramos en una Polonia gobernada por una dictadura, una dictadura comunista. Una forma de vida que todo lo regula, que no deja espacio a la disidencia ni a la creatividad si esta no está previamente autorizada. En ese sentido todas las dictaduras son similares, sean de izquierdas o de derechas. El Estado es el alma global, es quien dicta la conducta de la gente y salirse del guión establecido está no solo prohibido, también castigado y en ocasiones muy duramente; carcel e incluso pena de muerte.
Leyendo este libro he pensado en las personas de mi generación, los que hemos nacido en la decada de los años 40 en esta España nuestra. Como le pasó al autor solo conocimos una forma de gobierno y sociedad durante treinta y cinco años. Nuestra evolución no pudo haber dejado fuera esta circunstancia y muchas de las reflexiones que en el libro se exponen no nos son ajenas.
Nos cuenta como fue su infancia, la importancia de la religión en la vida de la comunidad, religión que el régimen permitía y estoy seguro, fomentaba. Era una manera más de tener dominados los impulsos colectivos. Incluso él se hizo monaguillo, si bien apunta que –Los monaguillos eran nihilistas. Les importaba un bledo la fe y la metafísica, no les interesaba ni Jesucristo ni Judas. Lo único que contaba era el manejo diestro del pebetero y de la batería de campanillas, la ejecución impecable de la coreografía y la capacidad de adoptar un semblante serio y recogido en cuanto el séquito encabezado por el cura abandonase la jubilosa sacristía-. Igualmente comenta como fue su estancia en la escuela, los discos de música clasica, de su afición por el jazz, de su despertar creativo, –poco a poco empecé a darme cuenta del precio que hay que pagar por los breves momentos de iluminación: duda, tinieblas y desespero-. De su afición por el fútbol. De las cosas que van sucediendo y que configuraron su personalidad.
En Archivos abiertos, narra sus reflexiones una vez caido el muro de Berlín y superadas también las dictaduras basadas en la filosofía marxista. Nos cuenta cosas verdaderamente increibles. Aquellos que colaboraron de manera directa en el mantenimiento de aquel régimen resulta que en muchas ocasiones justifican esta colaboración como una manera de perservar su entorno, similar a lo que un artista hace para inmortalizarlo; era una manera de evitar que los inconformes destruyesen aquello que era en sí mismo bello, aquella idea dictatorial que gobernaba de forma tan extraordinaria la vida colectiva. No muestran arrepentimiento por aquella manera de hacer, se autojustifican y quieren hacernos ver que su labor fue fundamental en la conservación de lo que en el mundo es realmente importante.
Por lo que cuenta él mismo sufrió en su carne la represión. Liberado abandona su nación y da conferencias y clases magistrales en otros lugares, París es uno de ellos. Relata sus experiencias en este tipo de actos. La extrañeza que le produce ser él el centro de atención.
En un momento dado y sobre lo que muchos sugieren que es que escriba sus memorias, reflexiona sobre ello y llega a la conclusión que en muchos casos esto no es posible. No es posible dado que habría que contar hechos deleznables a los que nos vemos obligados para lograr sobrevivir en un ambiente opresor y mísero. No, no es factible relatar mendacidades, actos crueles e ignominiosos que hemos tenido que comerter para poder llegar a este momento.
Su lectura nos va descubriendo un mundo interior extraordinario. Es un libro para leer y releer, eso que hacerlo no es sencillo ya que requiere una constante atención y no saltarnos una sola línea. Su prosa es cuidada y rica y no deja indiferente en momento alguno.
Adam Zagajewski nació en Lwów, actualmente en Ucrania, el 21 de Junio de 1945. Es poeta, novelista y ensayista
polaco. Es un miembro conocido de la Generación del 68 en su país y uno de los más famosos poetas contemporáneos del mismo.
Su familia fue expulsada por los ucranianos y se intaló en 1946 en Gliwice (Silesia), donde hizo sus estudios secundarios.
Se escribió después en la Universidad Jaguelónica de Cracovia, donde llevó a cabo estudios superiores de psicología y de filosofía. Más tarde enseñó filosofía en la Universidad de Ciencia y Tecnología. Es entonces cuando se liga al movimiento poético de la Nowa fala (Nueva ola) en la ciudad y perteneció a su grupo literario polaco Teraz (Ahora) dando a conocer sus primero poemas.
Además de su actividad poética difundía sus ideas en la revista clandestina Zapis, uno de los principales medios de la oposición democrática polaca. Esta Generación del 68 tenía como objetivo “alzarse contra las falsificaciones de la realidad y la apropiación del lenguaje por parte de la ideología y la propaganda comunista”. Crea varias revista y ejece como traductor.
Difundida la Carta de los 59 en 1975 tras los acuerdos de Helsinki, se unio en 1976 al Comité de Defensa de los obreros y las autoridades comunistas prohibieron la publicación de sus obras. Marchó entonces a enseñar en la Universidad de Houston. (EEUU).
Desde 1982 se estableció en París, según él más por motivos sentimentales que políticos. Residió un Berlín y en los Estados Unidos. Regresó a Carcovia en 2002 junto a su mujer, Maja Wodecka. Todos los años enseña como profesor invitado en la Universidad de Chicago.
Resulta injusto hablar de Zagajewski solo como un poeta político contrario al régimen dictatorial y, por ello, ideológicamente atractivo para un territorio democrático. Su escritura es de calidad reconocida; y aunque participara en movimientos a favor de las libertades en su país, él mismo dejó claro en el exilio que su personalidad era más bien la de un disidente de los disidentes y que había descubierto que ” la poesía está en otra parte, más allá de las inmediatas luchas partidistas, e incluso más allá de la rebelión -incluso la más justificada- contra la tiranía”. Ahora bien, la posición decidida por la libertad y la búsqueda de la belleza que el poeta polaco ha mantenido encuentra un testimonio fiel en sus textos y poemas, de gran hondura humana y fina sensibilidad estética.
Ha sido traducido a diversos idiomas y tiene en su haber importantes premios. Entre ellos el Princesa de Asturias de las Letras, otorgado en este año 2017. Con este motivo declaró en El Mundo que hay una cultura común europea: “Vengo a España y nada me parece ajeno”. Sobre sus primeras lecturas de autores españoles señaló “una versión del Quijote para niños. Después dediqué mucho tiempo a los libros sobre la Guerra Civil. Y a Antonio Machado, mi preferido”


Dous homes en Armonía.
Aunque la joven estudiante no había podido leer nunca
Nha trang




Narciso de Gabriel Fernández, nado no
“La familia es como un bosque: desde fuera parece impenetrable, pero desde dentro ves que cada árbol tiene su posición.” – Proverbio 
Yaa Gyasi (nacida en 1989) es una novelista ghanés-estadounidense.






