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La casa de las miniaturas de Jessie Burton

En el club de lectura de #CaféConLibros de los martes ya hemos disfrutado de la primera novela de Jessie Burton, La casa de las miniaturas, de lectura muy entretenida y final realmente sorprendente. Lo que más han destacado nuestras lectoras de esta obra es su capacidad para reflejar las atmósferas que describe Burton.

La autora

Jessie BurtonJessie Burton nació en 1982. Estudió en la Universidad de Oxford y en la Central School of Speech and Drama, y ha trabajado de actriz y como secretaria de dirección en la City. En la actualidad vive en el sudeste de Londres.

En una entrevista con Efe en la capital de los Países Bajos, Burton, rememora que inicialmente sintió una “atracción estética” por la casa de muñecas de Petronella Oortman que se puede ver en la segunda planta del Rijksmuseum, siempre con largas colas de curiosos que quedan petrificados ante la minuciosidad de lo que se reproduce, pero luego pensó que aquello tenía una historia y se puso a escribir La casa de las miniaturas.

La novelista deja claro que, aunque ha partido de la casa del Rijksmuseum, de nueve habitaciones, y se ha documentado con varios libros sobre la época, todo lo que relata sobre Nella y una enigmática y rubia miniaturista que se cruza en su camino es ficción y surge de su imaginación.

Con una estantería en su casa en la que ya solo hay volúmenes de su primera novela en diferentes idiomas, esta lectora de Margaret Atwood, Siri Hustvedt o Sarah Waters está en pleno proceso de escritura de su segundo título, Belonging, ambientado en Londres y en la España de la Guerra Civil -un país que conoce bien, puesto que vivió en Chiclana (Cádiz)- en dos planos temporales diferentes y con una narradora de la isla de Trinidad.

Asevera que dejó los escenarios cuando actuar “dejó de ser divertido y se convirtió en algo frustrante” y ahora como se lo pasa bien es poniendo en escena a sus creaciones literarias.

La obra

La casa de las miniaturasUn día de otoño de 1686, una joven de dieciocho años llama a la puerta de una casa señorial en el barrio más acomodado de Ámsterdam, en la llamada “Curva de Oro”. Nella Oortman se ha trasladado del campo a la ciudad para convivir con su marido, Johannes Brandt, un hombre maduro y distinguido comerciante que habita en la mansión en compañía de su hermana soltera y rodeado de fieles servidores.

Como regalo de boda, Johannes obsequia a su esposa con un objeto muy de moda entre la gente pudiente de la época: una réplica de su propia casa en miniatura, que Nella deberá poblar con las figuras creadas por una desconocida miniaturista que ha encontrado por azar. Sin embargo, poco a poco, el amable pasatiempo se irá transformando en la clave de una serie de inquietantes revelaciones que conducirán a Nella a desenmascarar los secretos más oscuros de los actuales moradores de la casa —incluido su marido—, arrojando luz sobre los peligros que amenazan la supervivencia de su nueva familia.

Relato vibrante de ambiciones íntimas y sueños traicionados, La casa de las miniaturas logró un formidable éxito comercial en el Reino Unido —más de 100 mil ejemplares vendidos—, fue galardonada con el National Book Award y nombrada Libro del Año por las librerías Waterstones. Con admirable precisión, la autora recrea el ambiente de Ámsterdam a finales del siglo XVII, un mundo áspero y riguroso donde los gremios burgueses se enfrentaban al fanatismo religioso y la intransigencia del poder establecido.

No dejéis de ver la entrevista que le hicieron a Jessie Burton en el programa sobre libros Página Dos, presentado y dirigido por Óscar López.

La traductora de Leila Aboulela

En los clubs de lectura de la Biblioteca Os Rosales, este curso nos hemos propuesto leer un ciclo de literatura africana. Comenzamos por la autora sudanesa Leila Aboulela, con su primera novela La traductora. Pretendemos así tener una serie de tertulias conciliadoras, en las que poder comprender mejor las relaciones entre Oriente y Occidente. Tertulias en las que hablar de las otras culturas, en las que ponerse en el lugar del “otro”, en las que pensar en la manera de convivir sin miedos ni prejuicios… Tertulias, como siempre, para reflexionar y compartir vivencias, sin dejar de pasar un buen rato. La excusa? Los libros.

La autora

Leila AboulelaLeila Aboulela nació en 1946. Hija de madre egipcia y padre sudanés, Aboulela siempre ha estado en sintonía con matices interculturales. Creció en Sudán y se graduó en Estadística por la Universidad de Jartum. Posteriormente completó sus estudios en la London School of Economics hasta que en 1990 se trasladó a Aberdeen (Escocia) donde poco a poco despliega su talento como escritora a la vez que imparte clases en la Universidad.

La autora nos ofrece una visión de la mujer musulmana en Londres desconocida hasta ahora. Desaparece el anhelo de abrazar la cultura occidental en pro de una creciente identidad religiosa que les otorga mayor libertad y bienestar interior. Una fe descrita por mujeres cultas, progresistas y libres de expresar su fe sin necesidad de incurrir en exhibiciones.

De prosa versátil, Leila ha escrito cuentos, ensayos, obras de teatro y novelas de radio en inglés que exploran los temas de la alienación, la identidad, la espiritualidad, el racismo, el sexismo y el romance.

La obra

La traductora¿Es posible que una mujer musulmana sea al mismo tiempo moderna y creyente?

Sammar, una joven sudanesa criada entre Gran Bretaña y Sudán, que trabaja como traductora de árabe en la Universidad de Aberdeen, está convencida de ello, pero, viuda y alejada de su hijo, se enfrenta a una cultura ajena, que la ha hundido en una fuerte crisis de identidad.

¿Puede comprender realmente un hombre occidental las sociedades musulmanas actuales? Rae, profesor en la misma universidad, se autoproclama cínico y ateo, habla árabe, representa al Islam en los medios y negocia con los terroristas como consejero de su Gobierno. Pero en esta prometedora relación entre Sammar y Rae surge pronto una enorme incomprensión que pone de relieve la gran distancia cultural que los separa. Cuando Sammar debe partir hacia Egipto para trabajar como intérprete entre los terroristas fundamentalistas y los intermediarios británicos, entonces deben verse las caras…

Escrita con lucidez y pasión, La traductora es una extraordinaria novela sobre la búsqueda de la propia identidad y del amor en un país hostil. Con una envidiable capacidad para reflejar los detalles de la vida cotidiana, Leila Aboulela nos presenta como una realidad vital los aspectos más ignorados de las costumbres y los valores de los musulmanes.

Otras lecturas que forman parte de este particular ciclo de literatura africana en #CaféConLibros son:

Los peces no cierran los ojos

El próximo lunes 14 de diciembre, en el Club de lectura de la Biblioteca Sagrada Familia, comentaremos la obra Los peces no cierran los ojos de Erri de Luca, autor de culto y de enorme prestigio. Lo bueno de compartir una lectura es que nos enriquece muchísimo ya que no todos la percibimos del mismo modo. Llama la atención el título de este libro:  Los peces no cierran los ojos, ya que, sin párpados, están atentos a todo como la mirada de los niños.

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Se trata de una novela breve pero intensa y profunda (tiene mucho de que hablar y comentar) Un hombre de sesenta años recuerda el verano en que cumplió diez, un verano que pasó con su madre en una isla cerca de Nápoles, Ischia; mientras que el padre se encuentra en EEUU buscando un futuro mejor para la familia tras la reciente guerra contra el fascismo. La presencia del mar será fundamental en toda la novela. Narrada en primera persona se trata de un relato con tintes autobiográficos. Me parece importante resaltar a este narrador adulto pues se hace presente en recuerdos de otros momentos importantes de su vida posteriores a la narración principal.  Apenas hay trama,  de prosa pausada, intensa, precisa, profunda y, sobre todo, sensible. Es un libro para reflexionar y leer despacio asimilándolo y meditándolo. Hay quien considera a Erri de Luca como un poeta que escribe novelas pues Las cosas más sencillas las convierte en poesía: el trabajo de los pescadores, la sensación de los baños en el mar, el bullicio de la ciudad….

El protagonista es un niño solitario y muy especial que no empatiza con otros niños de su edad; muy unido a su madre, disfruta con la pesca y con los pescadores a los que admira por su sabiduría, esfuerzo y destreza. Es un niño incríblemente maduro para su edad, que no sólo observa sino que analiza todo lo que le rodea.  Lector voraz de los libros de la biblioteca de su padre, libros que le ayudan a comprender a los adultos:

” A través de los libros de mi padre aprendí a conocer a los adultos por dentro. No eran los gigantes que pretendían creerse. Eran niños deformados por un cuerpo voluminoso… vulnerables, criminales, patéticos, previsibles.”

Aficionado a los crucigramas y jeroglíficos aprenderá la precisión de las palabras. Acerca del Quijote dirá:

Me provocaba lágrimas de rabia este escritor que abollaba a golpes a su criatura… Y, por el contrario, era él quien tenía razón, Quijote, según mis diez años: nada era lo que parecía. La evidencia era un error, por todas partes había un doble fondo y una sombra”

En la playa conocerá a la niña sin nombre , tan diferente como él, gran conocedora del mundo de los animales y que quiere ser escritora. Con ella vivirá una historia singular que le llevará a sentir y a comprender por primera vez lo que significa la palabra Amor. También aprenderá con ella el significado de la palabra Justicia que él no comparte pues cree que un delito o daño no puede ser reparado con el castigo, “la inutilidad del odio y la sangre,” ya que con éste no se van a curar sus heridas. Su mente crece pero su cuerpo no y eso le hace sentire incómodo. Pero no adelantemos más, eso sí, os animo a leerla.

El contexto en el que se desarrolla la trama son los años de la segunda postguerra italiana, una época en la que ser italiano no es tarea fácil: “éramos un país de apestados tras la guerra perdida por el bando obsceno.”

El autor

erri de luca

De Luca es uno de los escritores más prestigiosos de la narrativa actual.  Nacido en Nápoles en 1950, participó en el Mayo del 68 y fue militante de izquierdas, enrolado en el grupo revolucionario Lotta Continua. Trabajó como obrero de la construcción, operario en una fábrica de Fiat y camionero, y condujo vehículos de ayuda humanitaria durante la guerra de los Balcanes. Construyó con sus propias manos la casa en la campiña romana donde hoy vive, y practica, con tanta regularidad como entusiasmo, el alpinismo. Aprendió de manera autodidacta diversas lenguas, como el hebreo o el yiddish, y es lector perpetuo y apasionado de la Biblia –aunque ha dicho que no es creyente-, algunos de cuyos libros ha traducido al italiano.

Entre otros galardones, ha recibido el Premio France Culture y el Femina Étranger, en Francia, y el Premio Petrarca en Alemania. Ha escrito más de cincuenta obras literarias. Os recomiendo una interesante entrevista que se le hizo hace tres años a través de este enlace  http://www.elcultural.com/noticias/letras/Erri-de-Luca/2933

De este autor podéis encontrar en nuestras Bibliotecas municipales:

 

Espero que disfrutéis de esta lectura!

La ley del menor

La Ley era clara, su consideración prioritaria era el bienestar del menor. ¿Cuántas páginas y cuántas sentencias había dedicado a este concepto?. La asistencia, el bienestar eran sociales. Ningún niño es una isla. Pensó que sus responsabilidades terminaban dentro de las paredes del tribunal. Pero ¿como podían terminar allí?.

Fiona Mayer una Juez del Tribunal Superior, especializada en derecho de familia se hace estas reflexiones después de conocer las consecuencias de una sentencia por ella dictada. Este pensamiento es el meollo de la novela que el autor Ian Mcewan desarrolla con buen ritmo y buena prosa. De buscar algún defecto a la narración tendríamos que mencionar su meticulosa forma de describir ciertos ambientes, así como diversos detalles sobre la Administración de Justicia en Reino Unido.

Comienza el relato haciendo que el lector entre en la vida familiar de la citada Jueza, Fiona Mayer. Mujer que ronda los sesenta años, casada con Jack, un profesor universitario de su misma edad. No tienen hijos. Viven en una elegante casa en la que en ocasiones acogen a sus sobrinos. Su dilatada vida matrimonial ha entrado hace tiempo en la rutina y monotonía que el tiempo y la dedicación a sus profesiones  introduce en la relación sentimental de algunas personas. En especial en Fiona, mujer que ha logrado alcanzar un  importante grado profesional y a cuyas responsabilidades dedica la casi totalidad de su tiempo.

Jack en cambio siente como este se va acabando y no quiere renunciar a la pasión de una pasión compartida. Al no conseguir este deseo en su compañera ha decidido buscarlo fuera del matrimonio. Lo curioso es que quiere hacerlo con el consentimiento de su esposa. Dice que quiere quemar “su último cartucho“. Ella se niega y él abandona el hogar dejando a su mujer desconcertada.

Esta situación que en otra persona hubiese producido un desajuste intelectual no lo provoca en el caso de la Jueza. Al otro día tiene un juicio difícil. Deberá decidir después de oír a las partes implicadas, sobre la legalidad de aplicar una transfusión sanguínea a una persona, aún menor de edad, que por razones religiosas se niega a recibirla. Tanto el enfermo como su familia y entorno aducen motivos morales basados en sus creencias como la causa de dicha negativa. El menor de edad lo es por solo tres meses, pero los médicos dicen que no pueden esperar a que cumpla los 18 años ya que el riesgo de muerte es alto. Fiona escucha las diversas razones y antes de dictar sentencia toma la determinación de visitar al enfermo, un muchacho bien parecido, inteligente y firme en su postura. Después de esto sentencia a favor del equipo médico. Es menor y la protección del mismo está por encima de otras cuestiones. En realidad estamos en la eterna lucha entre la Ortodoxia religiosa y la Razón. Las sociedades modernas por lo general protegen al menor en estos casos. Pero esto no esconde que en esas sociedades pese a sus adelantos técnicos e intelectuales siguen existiendo focos intransigentes que basan su vida en el cumplimiento de la interpretación estricta de las normas religiosas, llegando incluso a retorcer lo que los libros sagrados dicen para imponer conceptos rígidos que coartan la vida de quien los cree. La libertad de culto tiene estos riesgos que son asumidos por el conjunto social y legislados en la mayoría de los casos bajo preceptos laicos socialmente admitidos.

A partir de aquí toman especial interés las consecuencias de dicha sentencia. Es algo que cambia la vida de Adam Henry que así se llama el menor protegido. La decisión produce una evolución profunda sobre lo que hasta ese momento pensaba que abarca tanto a sus creencias religiosas como a sus relaciones familiares y con el grupo. Ha descubierto un nuevo paradigma, la Jueza, y quiere basarse en ella para vivir su futuro. Intentará que le acepte como discípulo. Es su nueva religión. Por supuesto Fiona no acepta tal cosa, si bien su actuación en este proces deja mucho que desear.seguirá intentándolo, le escribe cartas que ella no contesta y al final le escribe un sentido poema al que Fiona no da demasiada importancia.

A mi manera de ver uno de los momentos más hermosos de la narración se produce cuando Fiona durante un acto cultural en la que con otro compañero interviene como pianista recapacita sobre lo sucedido con Adam. Es la música y el canto de su pareja la que hace que recuerde el postrero poema y recapacitar sobre la responsabilidad que asumió al redactar aquella la sentencia que obligaba a medicar a Adam. Comprende el significado del citado poema que tan a la ligera había leído. Todo este proceso está descrito bellamente, con unas secuencias que mezclan realidad y pensamientos. Me parecieron hermosas y un gran acierto literario.

Dejó para los lectores el final de la historia. El de su relación con Jack y el de su responsabilidad con Adam. Personalmente me gustó lo leído.

Ian Mcewan nació en Aldershot, Hampshire, Inglaterra, el 21 de Junio de 1948.

Estudió en la Universidad de Sussex y en la Universidad de East Anglia. La primera de sus obras que salió a la luz fue la colección de relatos Primer amor, últimos ritos en 1975. En 1997 publico Amor perdurable, considerada por muchos como una obra maestra acerca de una persona que sufre el síndrome de Cerambault. En 1998, y causando gran controversia, le fue concedido el Booker Prize por su novela Amsterdam.

En marzo y abril de 2004, unos meses después de que el gobierno británico le invitara a una cena con la primera dama de los Estados Unidos, Laura Bush, el Departamento de Seguridad Nacional de este país le impidió la entrada al mismo por no tener visado apropiado para trabajar (Mcewan estaba preparando una serie de conferencias remuneradas). Solo varios días después y tras hacerse público en la prensa británica se le permitió la entrada, ya que, según un oficial de aduanas le dijo: “Seguimos sin quererle por aquí, pero todo está atrayendo mucha publicidad desfavorable”.

Ha editados novelas, relatos y ficción infantil. Alguno de sus trabajos han sido adaptados al cine.

 

Matar a un ruiseñor

No conoces realmente a una persona hasta que no has llevado sus zapatos y has caminado con ellos

 

El 1957 Harper Lee entrega a varias editoriales americanas un manuscrito en el que narra una serie de historias inspiradas en personajes y situaciones de su infancia y juventud. El proyecto es rechazado una y otra vez, hasta que un editor le recomienda centrarse en un episodio concreto del texto en el que la protagonista, Scoutt, todavía es una niña. Durante dos años Harper reelabora por completo el escrito, que se publica en 1960 bajo o título “Matar a un ruiseñor”

A través de la mirada de la pequeña Scoutt, Harper Lee reconstruye la vida en un pueblo sureño ficticio, Maycomb a mediados de los años 30. Un pueblo racista, violento, lleno de prejuicios y profundamente marcado por la Depresión.  La novela tiene un fuerte carácter autobiográfico: Scoutt es, como la propia autora, hija de abogado y huérfana de madre ; el pueblo en el que transcurre la acción, Maycomb, está inspirado en  Monroeville (Alabama) en el que la escritora pasó  su niñez.  Dill, (Tití en la película) el niño que juega con Scoutt y su hermano Jem, no es otro que  Truman Capote,  amigo de la infancia de la escritora, y a quien de hecho acompañará muchos años más tarde a  Holcomb para investigar el asesinato que dará lugar a su obra maestra, “A sangre fría”

Dossier Matar a un ruiseñor

Dossier Matar a un ruiseñor

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Matar a un ruiseñor nos devuelve a la infancia, al mundo del juego, la exploración, la aventura y el descubrimiento… y lo hace con una mirada muy respetuosa hacia los niños : son ellos los que parecen sentir la mayor repulsión ante la injusticia y reaccionen ante ella. Es además un libro hermoso y conmovedor que invita a reflexionar sobre temas tan complejos como el racismo, la intolerancia, la rigidez de las vínculos familiares y vecinales, la desconfianza ante lo diferente y fragilidad de un sistema judicial carente de garantías para la población de color. Pero por encima de todo, matar a un ruiseñor nos ha dejado a un personaje : Atticus Finch. Un abogado sureño, un padre dispuesto a educar según sus propias convicciones, un hombre íntegro que  trata de convivir en ese mundo hostil y que se ha convertido en el modelo a seguir por muchos americanos hasta la actualidad.

El libro consigue el Pulitzer en 1961 y obtiene un rotundo éxito, entre el público y la crítica. Dos años más tarde es llevado al  cine por Robert Mulligan, con una Gregory Peck excepcional en el papel de Atticus Finch, personaje que se convierte en un icono de la historia americana en su defensa de los derechos civiles de los afroamericanos. Desde su publicación la novela ha sido lectura obligatoria en muchos centros de enseñanza y es leída con entusiasmo por las nuevas generaciones de lectores

Pero la historia no acaba ahí. Tras pasar el resto de su vida alejada del mundo literario, Harper Lee decide, en 2014, publicar el manuscrito original, supuestamente extraviado desde que fuera rechazado por las editoriales. Así se publica en 2015  Ve y pon un centinela. El lanzamiento, considerado un gran acontecimiento literario, ha provocado una gran sorpresa entre lectores y críticos en Estados Unidos, no tanto por el número de ejemplares vendidos como por el nuevo aspecto del personaje de Atticus.

Paisaje de otoño

Por que tu sabes que somos una generación de mandados y ese es nuestro pecado y nuestro delito. Primero nos mandaron los padres, para que fuéramos buenos estudiantes y buenas personas. Después nos mandaron en la escuela, también para que fuéramos muy buenos y nos mandaron a trabajar después, porque ya todos éramos muy buenos y podían mandarnos a trabajar donde quisieran mandarnos a trabajar. Pero nadie se le ocurrió nunca preguntarnos que queríamos hacer……

Por medio de este largo párrafo Leonardo Padura nos trasmite el verdadero sentido de su novela. Una novela policíaca, ambientada en La Habana a finales de los años 90 del siglo pasado y en la que su policía predilecto, el teniente Mario Conde  protagonista principal de otras tres historias anteriores y que seguirá siéndolo en otras tres siguientes; tiene que descubrir no solo al culpable de la muerte del exiliado Miguel Forcade Mier, también el motivo de su asesinato. Y si bien este es el objeto del relato no es lo único que quiere expresar. Para él es más importante el ambiente que rodea al hecho y que tanto tiene que ver con la manera de estar y pensar de los protagonistas del mismo.

Miguel Forcades había sido alto cargo del régimen en los años 60, segundo jefe en la dirección provincial de Bienes Expropiados y subdirector nacional de Planificación y Economía. En 1978 y aprovechando una escala en Madrid cuando volvía de la Unión Soviética se había quedado en aquella ciudad, trasladándose después a Miami donde consiguió reunirse con su esposa, Miriam. Recientemente había vuelto a Cuba en compañía de su esposa. Tenía todas las autorizaciones pertinentes. El motivo de su vuelta era el de visitar a su anciano y enfermo padre, al que no veía desde hacía más de veinte años.

Mario Conde estaba en un momento crucial de su vida. Después de más de veinte años en el cuerpo y debido a una reciente reestructuración en su comandancia, debido a la cual su jefe, el Mayor Antonio Rangel, había sido relevado; Conde había entregado su baja en el cuerpo. Se consideraba ya un civil. Por eso le extrañó la llamada del nuevo comandante, un petimetre según una rápida y personal apreciación. Este le comunicó que su petición de baja había sido rechazada y que si quería que se volviese a considerar tenía que resolver la muerte de Forcades en tres días. Mario Conde acepta el reto y acompañado del sargento Manuel Palacios, su compañero de investigaciones en los últimos años, comienzan las indagaciones que esclarezcan las circunstancia que dieron origen al asesinato del citado Miguel Forcades.

Estas actuaciones llevarán a los policías a contactar con el resto de personajes de la trama. A mi modo de ver la historia esta bien hilvanada, las piezas que la componen nos van llevando a un final lógico dada la catadura de las personas que intervienen. Un avispado lector podrá intuir pasadas las tres cuartas partes de la novela quien pudo cometer el crimen, pero lo novedoso no es el hecho en sí, son las circunstancias que lo rodean y que nos mantienen interesados en la narración durante toda ella.

Paralela a esta detectivesca historia corre otra que confiere singularidad a la obra. Reconozco que es la primera novela que leo del este escritor, pero leída su biografía saco en conclusión de que esto es consustancial en toda su obra. Me refiero a las relaciones de Mario Conde con sus amigos, sus hermanos como él dice. Estas relaciones son aprovechadas para contarnos como es la vida en La Habana bajo el régimen dictatorial de los Castro. Como la escasez de productos está presente y conseguir algunos es toda una aventura. Los problemas de alcoholismo, de desilusión moral, la falta de perspectivas futuras. Padura cuenta todo sin amargura, simplemente expone hechos y deja a nuestro albedrío el juzgar las situaciones en que estos se desarrollan. Hace un profundo canto a la amistad, tanto en las relaciones personales como profesionales. Nos deja entrever la corrupción existente, ahora y desde el principio de la Revolución. Como en un momento dado se puede estar en lo más alto para pasar al olvido en un tris. Las últimas treinta páginas más o menos son reveladoras de todo lo que se vive en un ambiente tan programado y obsesivo como es el de una sociedad planificada hasta el más mínimo detalle.

Incluso para que nada quede en el tintero nos habla de la llegada de un huracán, uno de los muchos que azotan esa zona del mundo llamada Mar Caribe. Flix es su nombre y ocupa un lugar de protagonista en este relato sin que la trama se resienta de ello.

Buena prosa, personajes bien descritos y acordes con el desenlace, con algunas evocaciones históricas interesantes, como es la referencia al Galeón de Manila, hacen que el libro se lea con interés.

Leonardo Padura nació en La Habana en 1955. Sigue viviendo en dicha ciudad, en el barrio de Mantilla, el mismo en que nació. Se define como una persona conservadora, de ahí que no pueda dejar La Habana, en parte debido a que “esa ciudad permite siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.

Hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Vívora, donde conoció a su esposa Lucía. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.

Su primera novela – Fiebre de caballos – básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente. Fue por entonces cuando empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde como protagonista y, mientras lo hacía, se dio cuenta “que esos años que había trabajado como periodista habían sido fundamentales en su desarrollo como escritor. Primero por que me habían dado un experiencia y una vivencia que no tenía y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela”.

Esas críticas que mete en sus novelas policíacas a la sociedad en la que vive las aprendió de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia. “Es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no solo imaginarias”.

La novelas del teniente Mario Conde, policía frecuentemente borracho, descontento y desencantado, han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor, refleja las “vicisitudes materiales y espirituales que ha tenido que vivir mi generación. A través de él ha encontrado la manera de interpretar y reflejar la realidad cubana”.

Tiene también novelas en las que no figura Conde como El hombre que amaba a los perros (2009), donde la crítica a la sociedad cubana alcanza las cotas más altas.

Ha escrito guiones cinematográficos , tanto para documentales como para películas de argumento.

Su obra literaria es extensa y está en posesión de numerosos premios, entre los que destacamos el Premio Café Gijón, 1995; Premio Hammett 1998 y 2006; Premio Raymond Chandler 2009: Premio Nacional de Literatura 2012; Orden de las Artes y las Letras (Francia) 2013; Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2014 y el reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.

El café de la juventud perdida

Me caería redonda y la gente seguiría su camino sin hacerme caso.

Modiano, autor de este corto e intenso relato, nos describe algo tan cotidiano como el común de las relaciones personales. Esas relaciones basadas en encuentros más o menos densos y duraderos en ciertos lugares comunes que la terminología actual llama “puntos de encuentro”. Un centro social, una plaza, una reunión con cualquier pretexto, un café.

Le Condé es nuestro café, al que podemos considerar un personaje más de la narración. Es el París de los años 60, está ubicado en el barrio de Montmartre. En él de forma cotidiana se encuentran una serie de personas que hablan entre sí, se conocen de verse en ese lugar, saben algo unos de los otros, todo lo que cada uno quiere exponer sobre si mismo. Rara vez las relaciones van más allá que las propias del tiempo que pasan juntos en el local y tampoco los interlocutores formulan pregunta alguna que sirva para conocer mejor con quien se está tratando. Hay por supuesto excepciones, pero sin que sirvan para profundizar mucho en el conocimiento mutuo. Sabemos lo que nos dicen y el presente que viven. Lo demás pertenece a cada cual y lo guardan para sí a ultranza.

La historia tiene cuatro narradores y gira en torno a una de las personas que son asiduas a dicho café, Jacqueline Delanque, a quien en dicho establecimiento y por uno de los asiduos es bautizada como Louki. Ella es el eje del relato y también una de los cuatro que lo narran.

Su persona será la que aúne lo que el autor quiere contarnos que no es otra cosa, a mi modo de ver, que la liviandad de las relaciones sociales en la mayoría de los casos. Como forjamos ideas de relación e incluso amistad entre nosotros sin otra base que el presente que vivimos juntos durante determinados momentos de nuestros días.

Jacqueline Delanke-Louki ha llegado allí casualmente, en un momento difícil de su vida, en el que trata de definir seguir o no la mentira de un matrimonio que sabe no la lleva a ningún lugar. Creerá encontrar nuevos objetivos a los que aferrar su hasta ahora anodina existencia. Durante un tiempo el café será su boya salvadora, de hecho le servirá para tener nuevas experiencias e incluso un conato de amor con otro de los clientes de dicho local, Roland, persona que también oculta una vida pasada. Roland no es ni nombre ni apellido, pero queda bien, incluso suena muy francés.Vivirán una especie de romance. Habitarán en una de las “zonas neutras”  que para el autor existen en todas las grandes ciudades, barrios donde el continuo trasiego de personas hace que no existan lazos comunes ni raíces con ese territorio. Son zonas de paso, sin  anclajes y donde nadie sabe ni quiere saber de nadie. Pienso que este término y su aplicación a dichos lugares es una de las mejores aportaciones del autor. Es una definición muy lograda para indicar ese tipo de barrios.

Por lo que Louki nos dice de ella misma, sabremos que es  hija única; su madre era una limpiadora del Moulin Rouge, Desconoce quien fue su padre y tiene una formación primaria que le impidió ser admitida en el Liceo de su barrio. Su madre y ella son de pocas palabras y la relación entre ambas es ligera, por no decir que nula. Viven juntas, pero eso es todo. Aún así su madre le ayuda en las ocasiones en que la policía la detiene por “vagabundeo juvenil”. No le hace reproches ni ella dejará sus paseos nocturnos por estos incidentes.

Sospecha quien puede ser su padre. La persona que paga el alquiler y a la que seguirá viendo después de la muerte de su madre. Nos habla de su relación con Jeannette Gaul, y con otros. Al final tiene algo más que una simple relación con Roland.

El mérito de Modiano es lograr narrar la cotidianidad y hacerlo de manera tan extraordinaria.  Describir los personajes hasta ese punto que nos hace pensar que algo de ellos sabemos, pero que profundizando vemos que no, que son misterios y lo van a seguir siendo. Hace que los lugares nos sean familiares, aún sin que hallamos estado allí. En una palabra logra que nos interesemos por la historia pese a que sabemos que no habrá nada superlativo en ella. Como el resto de personajes del libro también nosotros, lectores, nos sentiremos atraídos por Louki y no descansaremos hasta conocer el final de lo que, tan hábilmente bien, nos cuenta.

Patrick Modiano nació en Boulogne-Billancourt, el 30 de Julio de 1945. Es un novelistas francés ganador  del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa (1972), del Premio Goncourt (1978) y del Premio Novel de Literatura (2014). Varias de sus novelas han sido llevadas al cine y ha participado en la escritura del guión de algunas películas, entre ellas Lacombe Lucien, de Louis Malle.

Su padre, Albert Modiano (1912-1977) era descendiente de una familia de judíos italianos que se habían instalado en Salónica, desde donde emigraron a París. Su madre era la actriz belga Louisa Colpeyn. Ambos se conocieron durante la ocupación alemana de Francia, tuvieron que ocultarse y se casaron en noviembre de 1944. Patrick fue su primer hijo.

Su infancia estuvo marcada por las ausencias de su padre, empresario que hacía frecuentes viajes al extranjero, y de su madre, con frecuencia en gira. Esto hizo que se uniera más a su único hermano, Rudy, nacido en 1947 y fallecido prematuramente en 1957. Su muerte supuso el final de la infancia del futuro escritor.

Después de cursar estudios primarios ingresa en el Liceo Enrique IV de París. Durante su permanencia en este centro recibió clases particulares de geometría del escritor Raymond Queneau, que era amigo de su madre. Termino su bachillerato en Annecy, pero no inició estudios superiores.

Su encuentro con Queneau fue crucial para su posterior carrera literaria. Publico su primera novela, El lugar de la estrella, en 1968. Desde ese momento se dedicó únicamente a la escritura.

En septiembre de 1970 se casó con Dominique Zerhfuss. El matrimonio ha tenido dos hijas, Zina (1970) cuyo registro oficial describe en Libro de familia, y Marie (1978).

Una constante en su obra es la ambientación de lo que narra en la época de la ocupación alemana de Francia durante la Segunda guerra mundial. Aunque él no vivió esa época considera que es un período “confuso y vergonzoso” de la historia de Francia y para el constituye su “prehistoria” personal.

A esta ocupación dedica las tres primeras novelas, Place de l´Étoile (1968), La ronda de noche (1969) y Los bulevares periféricos (1972). En ellas se describen situaciones muy diversas pero todas relacionadas con la mencionada ocupación. En la primera mezcla personajes ficticios con otros que realmente existieron, como son los casos de Louis-Ferdinand Céline, Pierre Drieu La Rochelle e incluso Marcel Proust. En la última de ellas introduce algo muy presente en su obra, la búsqueda del padre.

En 1975 publica Villa Triste que supone una ruptura con su anterior línea narrativa. Esta novela fue llevada al cine por Patrice Leconte con el título de El perfume de Yvonne.

Su obra literaria es extensa y abarca múltiples facetas, desde historias con un alto contenido autobiográfico e incluso peripecias familiares de antes de su nacimiento, hasta una dedicatoria especial a su padre, Calle de las tiendas oscuras, que le valió el Premio Goncourt del año de su publicación (1978).

La relación con su padre queda también de manifiesto en  Un pedigree (2004), un relato autobiográfico desvela sus orígenes familiares y su propia ambigüedad frente a su padre, personaje dudoso, novelesco y con muchas sombras ingratas. “Llevaba diez años sin tener noticias suyas y supe de repente que se había muerto“. Desde entonces rehabilita la figura paterna. Tras un silencio temporarl en 2007 apareció En el café de la juventud perdida, que tuvo un gran éxito.

Es de destacar la importancia que en su formación literaria ha tenido Raymond Queneau. Sus relaciones fueron más intensas que las de profesor y alumno. Fue el lector de sus primeras obras e incluso actuó como testigo en la ceremonia de su boda.

 

 

 

 

Una Madre

Y es entonces cuando se me ocurre que este baile tan bien acompasado, este laberinto de gestos tan naturalmente hilados, todo este lenguaje fácil, reconocible, automático…, todo esto es lo que nos hace familia, historia común, comunidad. (76)

Una Madre habla de esto, de una familia, de los lazos que la unen, de cosas comunes, cariños no siempre bien expresados; problemas, también a veces mal expuestos; encuentros y desencuentros; variedad y comunidad. De eso nos habla Alejandro Palomas en las doscientas cuarenta y pico páginas de este libro.

Lo difícil es narrar las circunstancia que rodean a los personajes que componen dicha familia sin que el lector caiga en el desánimo de continuar queriendo ver a donde nos lleva lo que escribe. Y ese es para mi el primer mérito del relato, que interesa, que hace que lo sigamos con anhelo. Y no son personajes fáciles, ni la vida de la familia lo ha sido en todo su tiempo. Mama, personaje realmente central de la odisea en la que estamos inmersos, es una persona de 65 años. Hasta hace dos años casada con un hombre estafador, dominante y controlador. Con su voluntad anulada como la del resto de componentes de la unidad familiar. Ahora, libre al fin, ha descubierto un espíritu de aventura y no deja de iniciar cosas. Le ayuda su amiga Ingrid, una mujer que solo conocemos por los comentarios de Amalia, la madre, y que se nos revela como seguidora de algún tipo de vida extraño con influencias orientales.

Sigue su hija mayor, Silvia. También dominante como su padre y que ahora que él no está ha tomado esa función con los galones que conlleva ser la mayor de los hermanos. Soltera aunque viviendo con Peter, un sueco que nunca ha querido que le presentaran a la familia. Es una obsesa del orden y la limpieza. Viaja por trabajo a todo el mundo y es eficiente y cumplidora.

El tercero en discordia es Fer, el narrador de todo lo que pasa. Treinta años. Está viviendo un mal momento desde que su compañero Andrés  le abandonó, dejándole como recuerdo un cachorro de gran danes, de nombre Max; hoy un perrazo de 60 k de peso y su gran amigo. Su trabajo es  subtitular películas, además de doblar voces en ellas y prestar esta para anuncios publicitarios. Pero está solo, bueno con su madre, y no se ve con fuerzas para iniciar una nueva relación de pareja.

Enma es la tercera. Es lesbiana. La muerte accidental hace ya un tiempo de su compañera Sara de la que estaba muy enamorada, ha influido de forma importante en su vida y manera de comportarse. Su actual amor con Olga, una ejecutiva bancaria, ha logrado paliar en algo aquella situación, pero el recuerdo sigue ahí y parece que formará siempre parte de su existencia. Es maestra.

El quinto componente es Tio Eduardo. Hermano de Mama. Es una persona singular. No se llevaba bien con su cuñado y esto hacía que su presencia en reuniones familiares fuese una excepción. Ahora, con su hermana divorciada, siempre que puede está en ellas. Eso si, nunca de forma anónima. Él tiene que ser uno de los centros de atención y para ello recurrirá a todo tipo de subterfugios, incluso inventándose situaciones o hechos. Necesita que le hagan el debido y, para él, merecido caso. Es todo corazón. Silvia es su sobrina predilecta y siente por su hermana un gran cariño. Sabe que esta familia, extraña y lejana, él vive en Lisboa, es el puerto al que siempre puede llegar y ser recibido.

Como es fácil deducir de la descripción hecha de los componentes del clan no se puede  decir que sea una familia-tipo. Es más, vistos desde fuera, se diría que es una familia desestructurada. Ninguno encaja en lo que llamamos parámetros familiares normales. ¿Que les mantiene unidos?. Les mantiene unidos el urdimbre que pacientemente, con sus modales de mujer ingenua y en ocasiones ida, Amalia se afana en colocar para que los demás puedan pasar por ella sus hilos llenos de amargura, esperanzas, logros no alcanzados y desamores. Hilos todos que tejen una fuerte tela en la que tienen cabida y en la que el cariño está siempre garantizado. Son conscientes de sus limitaciones, de sus casi siempre fracasos y al tiempo que pueden criticar tal o cual acción puntual de los demás, saben asumirla y animar para que no pase a mayores; para que nadie caiga en el hoyo profundo del olvido, censura o desamor. Están vacunados contra todo pesimismo. De esa vacuna se encargó su desaparecido padre, un ser al que pintan despreciable en todos los ámbitos y el motivo por el que la madre les pide una y otra vez perdón, perdón por haberles dado como progenitor a una persona de ese pelaje.

En esa cena de fin de año se cuentan y recuerdan muchas cosas. Hay sorpresas y lo que pudiéramos llamar bromas. Amalia está muy contenta. Tiene a todos consigo y se siente feliz. Es una manazas de cuidado pero no le importa. Ella sabe lo que es sufrir un calvario como lo fue sus años con un hombre que la aniquilaba y despreciaba. Y sabe que ya no volverá a ser así; sabe lo que perdió hasta el momento en que la abandonó su marido y está dispuesta a que no vuelva a pasarle,  ni a ella ni a ninguno de los suyos. A eso les anima, Sabe que “no vale esperar a que pase algo para que las cosas cambien, porque por mucho que cambien, si no las miras, si no tiendes la mano para tocarlas, nunca te darás cuenta de que ya no son las que eran.”. Hay que agarrarlas y comenzar de nuevo cuantas veces haga falta.

Es un relato para leer despacio, masticar lo que se dice y ponernos en los zapatos de los intervinientes. Todos los actores de la trama están bien, incluso muy bien perfilados. Sus personalidades definidas con sus anhelos, aspiraciones y miedos. Se nos hacen cercanos y nos afecta lo que nos cuentan. Deseamos que sus vidas se resuelvan y sean felices.

Alejandro Palomas nació en Barcelona en 1967.

Estudio Filología Inglesa en la Universidad de Barcelona, completando su formación en el New College de San Francisco, donde cursó una maestría en Poesía.

Desde entonces ha trabajado como traductor de importantes autores, así como escribiendo para varios medios de comunicación, actividades que ha compaginado con su pasión por la escritura.

A lo largo de su carrera literaria ha publicado varias novelas, como El tiempo del corazón; El secreto de los Hoffman, (con el que fue finalista del Ciudad de Torrevieja 2008) o El alma del mundo (también finalista del Premio Primavera). Sus dos úlltimos libros, Una madre y Un hijo, han recibido el aplauso de la crítica.

 

 

 

 

Paisaje de Otoño

Por que tu sabes que somos una generación de mandados y ése es nuestro pecado y nuestro delito. Primero nos mandaron los padres, para que fuéramos buenos estudiantes y buenas personas. Después nos mandaron en la escuela, también para que fuéramos muy buenos y nos mandaron a trabajar después, porque ya todos éramos muy buenos y podían mandarnos a trabajar donde quisieran mandarnos a trabajar. Pero nadie se le ocurrió nunca preguntarnos que queríamos hacer……

Por medio de este largo párrafo Leonardo Padura nos trasmite el verdadero sentido de su novela. Una novela policíaca, ambientada en La Habana a finales de los años 90 del siglo pasado y en la que su policía predilecto, el teniente Mario Conde, protagonista principal de otras tres historias anteriores y que seguirá siéndolo en otras tres siguientes; tiene que descubrir no solo al culpable de la muerte del exiliado Miguel Forcade Mier, también el motivo de su asesinato. Y si bien este es el objeto del relato no es lo único que quiere expresar. Para él es más importante el ambiente que rodea al hecho y que tanto tiene que ver con la manera de estar y pensar de los protagonistas del mismo.

Miguel Forcades había sido alto cargo del régimen en los años 60, segundo jefe en la dirección provincial de Bienes Expropiados y subdirector nacional de Planificación y Economía. En 1978 y aprovechando una escala en Madrid cuando volvía de la Unión Soviética se había quedado en aquella ciudad, trasladándose después a Miami donde consiguió reunirse con su esposa, Miriam. Recientemente había vuelto a Cuba en compañía de su esposa. Tenía todas las autorizaciones pertinentes. El motivo de su vuelta era el de visitar a su anciano y enfermo padre, al que no veía desde hacía más de veinte años.

Mario Conde estaba en un momento crucial de su vida. Después de más de veinte años en el cuerpo y debido a una reciente reestructuración en su comandancia, debido a la cual su jefe, el Mayor Antonio Rangel, había sido relevado; Conde había entregado su baja en el cuerpo. Se consideraba ya un civil. Por eso le extrañó la llamada del nuevo comandante, un petimetre según una rápida y personal apreciación. Este le comunicó que su petición de baja había sido rechazada y que si quería que se volviese a considerar tenía que resolver la muerte de Forcades en tres días. Mario Conde acepta el reto y acompañado del sargento Manuel Palacios, su compañero de investigaciones en los últimos años, comienzan las indagaciones que esclarezcan las circunstancia que dieron origen al asesinato del citado Miguel Forcades.

Estas actuaciones llevarán a los policías a contactar con el resto de personajes de la trama. A mi modo de ver la historia esta bien hilvanada, las piezas que la componen nos van llevando a un final lógico dada la catadura de las personas que intervienen. Un avispado lector podrá intuir pasadas las tres cuartas partes de la novela quien pudo cometer el crimen, pero lo novedoso no es el hecho en sí, son las circunstancias que lo rodean y que nos mantienen interesados en la narración durante toda ella.

Paralela a esta detectivesca historia corre otra que confiere singularidad a la obra. Reconozco que es la primera novela que leo del este escritor, pero leída su biografía saco en conclusión de que esto es consustancial en toda su obra. Me refiero a las relaciones de Mario Conde con sus amigos, sus hermanos como él dice. Estas relaciones son aprovechadas para contarnos como es la vida en La Habana bajo el régimen dictatorial de los Castro. Como la escasez de productos está presente y conseguir algunos es toda una aventura. Los problemas de alcoholismo, de desilusión moral, la falta de perspectivas futuras. Padura cuenta todo sin amargura, simplemente expone hechos y deja a nuestro albedrío el juzgar las situaciones en que estos se desarrollan. Hace un profundo canto a la amistad, tanto en las relaciones personales como profesionales. Nos deja entrever la corrupción existente, ahora y desde el principio de la Revolución. Como en un momento dado se puede estar en lo más alto para pasar al olvido en un tris. Las últimas treinta páginas más o menos son reveladoras de todo lo que se vive en un ambiente tan programado y obsesivo como es el de una sociedad planificada hasta el más mínimo detalle.

Incluso para que nada quede en el tintero nos habla de la llegada de un huracán, uno de los muchos que azotan esa zona del mundo llamada Mar Caribe. Flix es su nombre y ocupa un lugar de protagonista en este relato sin que la trama se resienta de ello.

Buena prosa, personajes bien descritos y acordes con el desenlace, con algunas evocaciones históricas interesantes, como es la referencia al Galeón de Manila, hacen que el libro se lea con interés.

Leonardo Padura nació en La Habana en 1955. Sigue viviendo en dicha ciudad, en el barrio de Mantilla, el mismo en que nació. Se define como una persona conservadora, de ahí que no pueda dejar La Habana, en parte debido a que “esa ciudad permite siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.

Hizo sus estudios preuniversitarios en el de La Vívora, donde conoció a su esposa Lucía. Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad de La Habana y comenzó su carrera como periodista en 1980 en la revista literaria El Caimán Barbudo; también escribía para el periódico Juventud Rebelde. Más tarde se dio a conocer como ensayista y escritor de guiones audiovisuales y novelista.

Su primera novela – Fiebre de caballos – básicamente una historia de amor, la escribió entre 1983 y 1984. Pasó los 6 años siguientes escribiendo largos reportajes sobre hechos culturales e históricos, que, como él mismo relata, le permitían tratar esos temas literariamente. Fue por entonces cuando empezó a escribir su primera novela con el detective Mario Conde como protagonista y, mientras lo hacía, se dio cuenta “que esos años que había trabajado como periodista habían sido fundamentales en su desarrollo como escritor. Primero por que me habían dado un experiencia y una vivencia que no tenía y segundo, porque estilísticamente yo había cambiado absolutamente con respecto a mi primera novela”.

Esas críticas que mete en sus novelas policíacas a la sociedad en la que vive las aprendió de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia. “Es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no solo imaginarias”.

La novelas del teniente Mario Conde, policía frecuentemente borracho, descontento y desencantado, han tenido gran éxito internacional, han sido traducidas a varios idiomas y han obtenido prestigiosos premios. Conde, señala el escritor, refleja las “vicisitudes materiales y espirituales que ha tenido que vivir mi generación” A través de él ha encontrado la manera de interpretar y reflejar la realidad cubana”.

Tiene también novelas en las que no figura Conde como El hombre que amaba a los perros (2009), donde la crítica a la sociedad cubana alcanza las cotas más altas.

Ha escrito guiones cinematográficos , tanto para documentales como para películas de argumento.

Su obra literaria es extensa y está en posesión de numerosos premios, entre los que destacamos el Premio Café Gijón, 1995; Premio Hammett 1998 y 2006; Premio Raymond Chandler 2009: Premio Nacional de Literatura 2012; Orden de las Artes y las Letras (Francia) 2013; Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza 2014 y el reciente Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.

Astrid y Veronika de Linda Olsson

Astrid y VeronikaEl lunes 5 de octubre comenzaremos una nueva edición del Club de Lectura de la Biblioteca Sagrada Familia con una novela nórdica, sutil e introspectiva sobre la amistad,  la esperanza y la idea de que siempre hay un nuevo renacer, independientemente de la edad que tengamos o la gravedad de la situación que estemos atravesando. Se trata de “Astrid y Veronika“, de la escritora sueca Linda Olsson.

Dos mujeres aparentemente muy distintas, dos vidas atormentadas que sufren con sus propios demonios pero que sobreviven a través de un intensa relación de amistad iniciada cuando advierten que, en realidad, no son tan diferentes y que les une un pasado difícil y enigmático.

El relato, ambientado en una zona boscosa de Suecia, se centra en la amistad y en la importancia de las relaciones que se crean entre las personas en la medida que marcan nuestra existencia y le dan un sentido.

A medida que se va forjando su relación , vamos vislumbrando el pasado y los secretos de una y otra. Astrid y Veronika son muy distintas no sólo por la edad sino por sus vivencias: por un lado conoceremos a Veronika, una joven que se ha recorrido medio mundo y busca un lugar tranquilo donde reponerse de una pérdida importante y escribir. Su vecina más cercana es Astrid, una mujer cercana a la ochentena, nunca ha viajado (tan solo a Estocolmo siendo una niña), reservada y retraída, sin apenas contacto con el mundo, a la que apodan “la bruja”. Prefiere la oscuridad del invierno y teme la llegada de la primavera y del verano, del despertar, de los ruidos, de la vida. Veronika busca la soledad, la paz, la quietud; Astrid necesita compañía. La novela es breve, dividida en 36 capítulos alterna el tiempo presente con los recuerdos o flashbacks de nuestras protagonistas. Lectura amable e intimista, ritmo lento y melancólico  que, sin embargo, no llega a cansar por la brevedad del relato en el que abundan los monólogos sencillos pero fuertes e intensos.

Llaman la atención varios elementos o “personajes secundarios“.

La casa de Astrid: a pesar de ser un objeto cobra vida, como si fuese un organismo vivo.

“… fue entonces cuando la casa y yo nos convertimos en una sola cosa. Se transformó en mi piel. Mi protectora. Ha oído todos mis secretos; lo ha visto todo(pág. 40)

La música:  se asocia a la vuelta a la vida, al cambio, a la alegría.

Puso un disco de Lars Erik Larsson…  era como si sus sentidos se hubieran juntado para formar un todo completo. La quietud del atardecer, los olores de la cocina, el sabor del vino, el sonido de la música. Le sorprendió darse cuenta de que se sentía embargada por un sentimiento tranquilo y comedido de expectación” (p. 60)

El silencio:  relacionado a momentos tristes de la vida como factor que impide la comunicación con el mundo y trae dolor.

Se metió entre el flujo de vehículos a la carrera, tratando de cruzar la calle….. Se dio cuenta de que jamás llegaría a la otra acera y la invadió una sensación de pérdida que ahogó todos los ruidos. Se quedó quieta como una isla en medio del silencioso torbellino que se arremolinó alrededor, indiferente, despreocupada.”  (pág.29)

Por último, la poesía:  Todos los capítulos comienzan con unos versos, lo interesante es leerlos seguidos para ver su sentido. Por otro lado Astrid y Veronika leen poemas en sus paseos y el título del libro de Veronika será un verso que Astrid le había enseñado.

Esta noche estás invitado a bailar con la niebla.. (cap. 21)        … pues el día eres tú, y la luz eres tú, el sol eres tú, y la primavera eres tú, ¡y la hermosa, hermosa vida que nos aguarda eres tú! (cap. 22) … pero todo en mi vida, como el brillante sol y cuanto se sumió en la noche y el dolor tiembla esta noche inundado por la luz” (cap. 23)

La autora

sonataLinda Olsson

Linda Olsson (1948-) nació en Estocolmo ciudad en la que se estudió Derecho dedicándose a la banca y las finanzas hasta que abandonó su país. Tras pasar temporadas en Kenia, Singapur, Gran Bretaña y Japón, se instaló en 1990 en Nueva Zelanda. En 1993 completó su licenciatura en Filología Anglogermánica en la Universidad de Victoria, en Wellington, y en 2003  se le concedió el Premio de narrativa Breve del Sunday Star-Times. the memory of love

Astrid y Veronika (2005) su primera novela, tuvo muy buena acogida y ganó en Suecia el premio más prestigioso otorgado por los Libreros suecos.

Su segunda novela es  Sonata para Miriam (2009), y en el 2013 se publica su tercera novela The memory of lovetodavía sin traducir al castellano.

Recordad que en nuestras Bibliotecas Municipales podéis encontrar este libro así como Sonata para Miriam.

Consultad su disponibilidad en nuestro catálogo. Buena lectura, espero que os guste y os sugiera tanto como a mí!

En esta sesión y en la siguiente también nos acercaremos a Leonardo Padura,  Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, a través de algunos relatos.